lunes, junio 12, 2006

El cumpleaños de la reina

Por si acaso hay gente que no lo sepa, la reina de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte también es reina de Australia... ¡qué fuerte! Hace unos pocos años hubo una votación para ver si los australianos querían seguir siendo súbditos de la reina y votaron que sí. Aunque la verdad lo que pasó es que no se pusieron de acuerdo en los detalles de cómo hacer Australia una república, con lo que sigue siendo una monarquía.

Pues bien, hoy lunes es el cumpleaños de la reina y es fiesta. Como dato curioso, realmente el cumpleaños no es hoy, y se celebra en distintos días en otros países, pero bueno, no importa. Lo que importa es que es fiesta, con lo que me puedo recuperar del viaje.

sábado, junio 10, 2006

Nueva York -- El último día


Hoy ha sido el último día en Nueva York. La conferencia ya ha terminado, y tengo todo el día para ver la ciudad. Bueno, hasta las cinco, cuando el taxi me lleva al aeropuerto. El día era precioso y no me apetecía ir de museos o exposiciones. Simplemente, fui de aquí para allá, a donde me llevaran los pies o el metro. El primer lugar donde fui fue a lo alto del edificio Rockefeller. La vista es fenomenal, mucho mejor que desde el Empire State Building... porque se desde allí se puede ver el Empire State en toda su gloria. El Empire State es un edificio soberbio, diría que está en el centro geográfico de Manhattan, y desde donde mejor se ve es desde el edilficio de Rockefeller... ¡y hay menos colas para subir arriba! Aunque tal vez es porque era aun por la mañana.

Después fui al Central Park, donde conseguí perderme a pesar de llevar brújula, y es que hace tanto tiempo que no uso la brújula que cuando la intenté usar confundí el norte con el sur... acabé en el lado contrario de donde quería ir. Era sábado, y el parque estaba lleno de neoyorquinos disfrutando de un día de verano en fin de semana. Descubrí que no juegan al beisbol sino al "softball", una versión del beisbol que es más fácil de jugar.

Fui a Washington Square otra vez, donde esta vez había una concentración de seguidores de Hara Krisna. Y es que de todo puede ocurrir en Nueva York.

Ahora estoy en el avión, de vuelta a Sidney. Ciertamente vale la pena visitar Nueva York al menos una vez en la vida. Aun no sé qué pensar de la ciudad. No es que haya visto mucho, pero lo que no se puede negar es que es una ciudad vibrante, donde si uno lo intenta, puede encontrar algo a su gusto.

Sobre los neoyorquinos, me da la impresión que dentro de su fachada de gente difícil (y es que hay que ver qué cara de pocos amigos que ponen cuando me acercaba a alguno preguntando una dirección), son gente sensible, que aman su vida privada y su forma de ser. Y, sobre todo, aman su ciudad. Es la capital del mundo, o eso dicen ellos. Y por cierto, yo que pensaba que todos los estadounidenses tienen un acento horrible, he descubierto que el acento neoyorquino es encantador. Suena muy sugerente y muy honesto, algo así como de alguien sensible o inseguro. Pero tal vez sea porque he visto demasiadas películas de Woody Allen, su acento es marcadamente neoyorquino.

El avión ha despegado y por fín he visto los rascacielos desde el aire. Parecen muy pequeños en la distancia (por motivos obvios los aviones no vuelan por encima de Nueva York), pero hay tanto que ver allí. A ver cuándo es la siguiente conferencia en Nueva York...

viernes, junio 09, 2006

Nueva York -- El nuevo hotel


El nuevo hotel es un hotel con carácter. Se llama Mayfair, y es un hotel bastante viejo. El ascensor es de los de los años de la maricastaña y las habitaciones son diminutas (o por lo menos la mía, que era la más barata que tenían). Me parece que mi habitación es como la cuarta parte de la que tenía en el hotel de la conferencia. Y las paredes están todas con papel pintado, muy recargado de imágenes. Pero está en el centro del centro de Manhattan, y eso es lo que cuenta. Estoy a tres minutos de Times Square, que es el centro de la zona de los musicales. All llegar al hotel eran las 7 de la tarde, y todo era ver colas de gente para entrar en los musicales de Broadway. Al lado del hotel hacen el musical "Chicago", más abajo "The Lion King" ("El rey león"), un poco más allá "The Phantom of the Opera" ("El fantasma de la ópera"), y luego están los musicales de segundo rango, y de tercero... Esto parece un festival permanente. Las calles están llenas de gente, y se va más rápido a pie que en coche. Se ven trajes de gala por todas partes, mezclados con la vestimenta informal típica de los turistas (como yo). Y en los semáforos hay gente que anuncia comedias y actuaciones diversas.

La avenida de Broadway está al lado mismo, y la seguí hasta llegar al Empire State Building. Llegar hasta arriba es toda una aventura. Cuando crees que ya has pasado una cola, aparece otra. Hay una cola para comprar el billete, otra para tomar el primer ascensor, y otra para tomar el segundo. Tenía la esperanza de llegar arriba en la "hora mágica" cuando empieza a anochecer, pero cuando llegué el sol ya se había puesto hace rato. Aun así el paisaje vale la pena y perdí la cuenta de las fotos que hice. Por suerte el tiempo era bueno y pude disfrutar del paisaje. Cuando estaba dispuesto a bajar empezó a llover. ¡Casi me pilla!

De vuelta al hotel encontré una pizzería y me compré una pizza y un Budweiser, que me hacía ilusión tomar las dos cosas juntas.

Nueva York -- Del infierno al cielo, culinariamente hablando


Esta mañana el tiempo seguía mal, y a la hora de comer salí a la lluvia sin paraguas. La lluvia era fina, pero aún así, como todo lo que es de agua, mojaba. Fui con unos colegas de la conferencia a un restaurante japonés. ¡Qué contraste con el que fui el otro día! La verdad es que no sabía que la comida japonesa pudiera llegar a ser mala. Pedí tempura con fideos gordos, pero los fideos estaban tan blandos que no se podían coger con los palillos. Y la sopa de los fideos era insípida. Me parece que, con la lluvia y la comida, casi caigo enfermo. Ha sido mi infierno culinario.

Por la tarde, al contrario, fui a cenar al otro restaurante japonés, al bueno, al que me gustó tanto la otra vez. La verdad es que no pensaba repetir, pero me daba el gusanillo saber si la otra vez simplemente había tenido suerte y había coincidido en pedir un plato bueno. Con lo que fui a probar otro plato. Esta vez el restaurante estaba completo y tuve que esperar hasta que hubiera sitio. Y es que, al fin y al cabo, el restaurante no era un secreto, ni mucho menos. Resulta que ha recibido varios premios y buenas críticas en las revistas de ocio de Nueva York. ¡Mi secreto arruinado! Así que, para que lo sepan todos, y como ya he dicho a Esther, el restaurante se llama "Iron Chef". Como el programa de cocina japonés. No sé si lo televisan en España, pero es un programa muy diferente de los otros programas de cocina... pero bueno, tal vez hablaré de esto en otra ocasión.

Esta vez pedí un plato de los recomendados en el menú. Entonces fue cuando me di cuenta que lo que pedí el otro día no era nada. ¡Lo de hoy sí que era bueno! Disfruté cada momento de la cena, cada bocado del plato, como si estuviera naciendo otra vez. No recuerdo comer nada mejor en varios años. La verdad es que no me pareció un plato muy japonés, más bien una fusión entre japonés y francés. El pescado tenía una salsa blanca, y el sabor del plato fue indescribible. Ha sido mi cielo culinario. Desde ahora este restaurante será mi meca cuando vuelva a Nueva York. La foto la hice desde mi mesa.

Bueno, mañana se acaba la conferencia y tengo que cambiar de hotel. El hotel al que voy no creo que tenga conexión de internet, con lo que tal vez esta sea la última vez que escriba desde Nueva York. Y encima, el blogger no funciona ahora, lo han desconectado por mantenimiento. Estoy escribiendo en mi portátil, y tal vez lo tenga que subir al blogger desde Sidney. Bueno, da igual. Algún día esto llegará al blog. Mientras tanto... buenas noches.

jueves, junio 08, 2006

Nueva York -- Día lluvioso

Esta vez no hay nada que contar. Tengo trabajo atrasado y, como ha estado todo el día lloviendo, me he encerrado en la habitación del hotel desde después de comer hasta ahora mismo (las 11 y media). Solamente he parado para ir a cenar en el bar del hotel. Y es que sigue lloviendo... El menú, una pizza neoyorkina, es decir, una pizza normal y corriente. Y es que las pizzas en EEUU más que pizzas parecen cocas. Vamos, como el Pizza Hut. Se ve que como los immigrantes italianos paraban primero en Nueva York la pizza de esta ciudad es la tradicional... pero una vez oí que la pizza la inventaron los italianos de EEUU, alguien sabe de esto? Nada, buenas noches, que mañana sigue la conferencia.

Corrijo lo dicho arriba, según Wikipedia la pizza es realmente italiana, aunque los estadounidenses fueron los que la comercializaron. Y sí, la primera pizzería de los EEUU se abrió en Nueva York. Buenas noches.

miércoles, junio 07, 2006

Nueva York -- En busca del restaurante perdido


Hoy, otra vez he ido al paseo a comer de bocadillo, pero la verdad es que esto empieza a repetir... supongo que si vivo aquí al final ni me fijaría de los rascacielos. Y dicen que así es como se distingue a un auténtico neoyorquino de un turista: el neoyorquino no mira hacia arriba.

Bueno, esta tarde me hacía ilusión cenar algo distinto, y decidí ir a un restaurante español-asiático. No sé, igual vale la pena, y era uno de los que recomendaban en la conferencia. Total, que fui allí, y nada, que no lo encontraba. Pero no fui en vano. La zona tenía otra vista impresionante del puente de Brooklyn y Manhattan al fondo (¿Y por qué se llama "la gran manzana"?, me pregunto). Casi todos los que estaban allí estaban disfrutando del paisaje comiendo un helado, y pronto encontré al culpable de la invasión heladeril. Había una tienda que se preciaba de tener los mejores helados del lugar. Como dice Esther, me gusta mezclarme con la gente del lugar con lo que yo también me compré el helado y disfruté del paisaje. La verdad es que empezaba a pensar que el helado sería mi única cena...

De vuelta al hotel encontré el restaurante, pero estaba cerrado. Nada, que no hay suerte... eso pensé. Pero la verdad es que, a mitad de camino de vuelta, encontré un restaurante japonés diminuto, en una zona con más restaurantes asiáticos. Creo que es uno de esos pequeños secretos que nunca aparecen en las guías de viaje y que sólo los lugareños conocen. La cena fue seguramente mejor que la del restaurante que pensaba ir, y seguro que a mitad de precio.

¿Y el nombre del restaurante? Ah, ése es mi secreto. Y como éste debe de haber un montón en cualquier ciudad del mundo.

martes, junio 06, 2006

Nueva York -- Brooklyn


El hotel donde estoy está en Brooklyn, al lado mismo del puente, y de la vista de Manhattan que ha aparecido en tantas películas y fotografías. Total, que hoy, a la hora de comer, he decidido hacerme una ensalada (muy fácil, no hay más que ir a un supermercado cercano especializado en este tipo de cosas y preparar la ensalada allí mismo), e ir a comer a "Brooklyn Heights", el paseo con la vista de Manhattan. Mi idea era, más o menos, sentarme en un banco y disfrutar de la comida viendo los rascacielos. Pero yo no fui el único de la conferencia que pensó lo mismo, y sin pensarlo aparecimos allí unas diez personas de la conferencia. Me da la impresión que, al final de la conferencia, la mitad de los participantes estará allí haciendo lo mismo... se come barato, no se pagan propinas, y se ve un paisaje de película... nunca mejor dicho.

La calle que conecta el hotel con el paseo está llena de tiendas, cafés, y restaurantes. Me van a faltar días para probarlos todos. Pero bueno, igual sigo comiendo en el banco del paseo, con la mitad de la gente de la conferencia. Y lo sorprendente es la gente que hay por las calles. No son del tipo de los que se pasan el día estresados yendo de casa a la oficina y viceversa. Tal vez porque era la hora de comer, no sé, pero todos parecían muy relajados. Y la verdad es que no parecían turistas. O tal vez eran brooklinos (o como se diga) que estaban de vacaciones? Al fin y al cabo es verano.

Hoy ha salido el sol, con lo que, cómo no, no he podido evitar ir al paseo al anochecer, aquí va mi foto (con alguna que otra manipulación digital, he de decirlo).

lunes, junio 05, 2006

Nueva York -- Primer Día



Con las prisas con preparar todo para la conferencia no me dí cuenta que tenía la tarde del primer día libre, con lo que he aprovechado para hacer mi primera excursión. El hotel donde estoy es el Marriot, en Brooklyn, al lado mismo del puente de dicho nombre. El puente mismo es una maravilla de ingeniería. Empieza a estar viejo, pero aguanta bien, teniendo en cuenta el tráfico que pasa, y los turistas que lo atraviesan. Del puente pasé al lugar donde estaba el World Trade Center. Me sorprendió que no hubiera casi ningún recuerdo del evento, aparte del obvio espacio vacío. Algo que quieren evitar los neoyorquinos es que el lugar se convierta en algo comercial, y está prohibido vender mercancía sobre el suceso 11-Septiembre, e incluso pedir limosnas. La verdad es que había un músico de calle tocando con el sombrero en espera de monedas, pero parece que, o la policía no se había dado cuenta, o no se molestaban en echarle.

De allí caminé la calle Broadway hacia el norte, atravesando el Soho, una zona con tiendas baratas y donde había mercadillos. Tal vez porque era domingo? Acabé mi caminata en Washington Square Park, un parque donde la gente se congrega para hacer varias actividades. Había un grupo que tocaba blues espontáneamenta, algo así como un jam session, pero de blues. Pero lo más espectacular del parque hoy ha sido el grupo de capoeira, esa actividad brasileña a medio camino entre baile y arte marcial. Y en este caso, me dió la impresión de que tenía toques de break dance, hay que ver qué saltos y qué giros hacían. No os lo podéis imaginar, pero igual lo podéis ver en esta grabación que hice... lástima que mi cámara no tiene micrófono.

Mañana estaré todo el día en el hotel lo más seguro, atendiendo a la conferencia, y preparando mi presentación, con lo que es posible que no salga. Pero bueno, aquí van unas cuantas fotos de hoy.

domingo, junio 04, 2006

Nueva York -- La Llegada

Estas últimas semanas he estado muy ocupado y no he podido hacer caso al blog. La razón es que tenía que adelantar trabajo porque tenía que ir a una conferencia en Nueva York. Bueno, por qué hablo en el pasado? Acabo de llegar a Nueva York y ahora estoy en el hotel.

El viaje desde Australia hasta Nueva York es todo un acontecimiento. El viaje ha durado unas 24 horas, pero lo curioso es que, con la diferencia horaria y porque el cambio internacional de fecha está en un meridiano del Océano Pacífico, mi primer avión despegaba el sábado a las 10:50 y mi último avión aterrizaba el mismo sábado a las 19:00. Parece como si el tiempo se hubiera alargado. El tiempo que he ganado lo perderé a la vuelta, a no ser que haga como Phileas Fox, el de la vuelta al mundo en 80 días...

Esta es la primera vez que vengo a Nueva York, pero es la tercera vez que vengo a los EEUU. Y siempre que vengo me sorprendo de ver la poca eficiencia que hay en los aeropuertos. Parece como si las cosas funcionaran de milagro... He hecho escala en Los Angeles, y por casualidad he descubierto de dónde salía el avión con destino a Nueva York. No lo anunciaron en los carteles electrónicos, y ninguno de los que preguntaba en el aeropuerto sabía con certeza de dónde salía el avión. Todos decían algo así como "me parece que es por esa zona". Fui a la zona que me indicaron y sí, tenían razón, pero aun así no había ningún anuncio por ninguna parte.

Llegando a Nueva York me hacía ilusión ver los rascacielos desde el avión, pero al final del viaje estaba tan cansado y con tanto sueño atrasado que me dormí la última hora del viaje, y me desperté cuando el avión tomó tierra. ¡Lástima! Espero no dormirme a la vuelta.

El hotel tiene una habitación enorme. Es el recomendado por la conferencia y nos ofrecían un descuento muy grande. Pedí habitación en un piso alto con la esperanza de que la habitación tuviera vistas, pero ná, las "vistas" son a la parte de atrás de la manzana donde está el hotel.

Vale, igual sigo contando más cosas mañana. Ahora tengo que descansar, que la conferencia empieza mañana por la mañana...

Buenas noches

sábado, mayo 20, 2006

El precio de los plátanos

Hasta hace unas pocas semanas el arroz a la cubana era uno de los platos más baratos de preparar. Ahora se han convertido casi en un lujo, sobre todo si te gusta poner muchos plátanos. El precio se ha quintuplicado, y ahora un kilo vale más de 10 dólares australianos, esto es más de 6 euros al cambio actual. En casa prácticamente hemos eliminado los plátanos de nuestra dieta. Y no sé por qué, la verdad es que el plátano no es mi fruta preferida, pero desde que se han convertido en fruta de lujo los plátanos se me han hecho más atractivos.

Y cuál es la culpa de la subida del precio de los plátanos? Hace unos meses un huracán devastó la plantación principal de plátanos de Australia, y ahora quedan muy pocos plátanos en el mercado. La verdad es que aún no sé cómo no han podido importar la fruta de otros países a tiempo. No es que me importe mucho el que haya plátanos o no, pero me parece que aquí falta algo de previsión y preparación ante posibles contratiempos.

Y lo peor de todo, me temo que los beneficiados de la subida de precios no sean los agricultores que han perdido casi toda su cosecha, sino los intermediarios que se aprovechan de las leyes de la oferta y la demanda.

Nada, estamos en fin de semana. Tal vez mañana me comeré un plátano para celebrar que es domingo.

miércoles, mayo 10, 2006

Rescatados de su tumba

Valgan estas palabras como apoyo a los dos mineros, Todd Russell y Brant Webb, que acaban de ser rescatados de su tumba. Han pasado 14 días sepultados a más de 900 metros bajo tierra cuando la mina en la que trabajaban se desplomó encima de ellos. Fue un milagro que las rocas no les aplastaran, y fue más que un milagro que sobrevivieran solos, sin luz, sin comida y sin poderse mover, durante cinco días hasta que los equipos de salvamento los encontraron. Aún así tuvieron que esperar casi diez días hasta lograran sacarlos de su encierro.

Cuando salieron de la mina lo hicieron por su propio pie, y lo primero que hicieron fue coger sus fichas del panel que registra quién está en la mina. Un gran coraje es lo que tienen.

No tuvo su suerte Larry Knight, que murió aplastado.

La mina en la que trabajaban es una mina de oro. La próxima vez que compres joyas, párate a pensar por qué manos han pasado, y qué desastres pueden haber causado en su camino desde la mina hasta la joyería. Australia es un país más o menos rico, pero hay minas de oro, y sobre todo de diamantes, que están en países pobres y con problemas de corrupción causados por las mismas joyas. Sí, un diamante es para siempre. Espero que los problemas que genera no lo sean.

sábado, abril 29, 2006

La batalla perdida

El martes pasado 25 de abril Australia celebró la batalla de Gallipoli. El hecho de que se conmemore esta batalla es bastante especial por varios motivos. Para empezar, la batalla ocurrió en Turquía, es decir, casi en las antípodas de Australia, durante la primera guerra mundial. El hecho de que se conmemore una batalla tan lejos de suelo australiano ya es curioso, pero aún hay más. El combinado de tropas australianas y novocelandesas perdieron de forma catastrófica. Parece ser que Winston Churchill y su comité de decisiones desestimó las dificultades del terreno y la decisión de los turcos para defender su patria.

Mucho se ha hablado aquí acerca del significado de esta conmemoración. La batalla de Gallipoli fue una de las primeras acciones internacionales de un país recién formado que acude a ayudar a su "protector", Gran Bretaña. El hecho de que las tropas australianas y novocelandesas se esforzaran tanto en algo que no se podía ganar se recuerda en un modo u otro en este día. Es una batalla en la que, por qué no decirlo, Australia empezó a perder su inocencia. Prueba de ello es que más tarde, tal vez como desencanto de los actos en esta batalla, y viendo las pocas ganas de Gran Bretaña de ayudar a Australia, Australia se alejara de la influencia de Gran Bretaña para tomar su camino propio. Aunque, mirando esto de manera cínica, realmente Australia ha pasado de la influencia de Gran Gretaña a la de los Estados unidos.

Realmente este día es difícil de comprender. Ya no queda ningún soldado de aquella batalla, y ahora desfilan veteranos de la segunda guerra mundial. Sí, hay otras batallas en la segunda guerra mundial que han quedado en la memoria de los australianos porque se perdieron, por ejemplo la ruta de Kokoda. Y la verdad es que aquí no se celebra ninguna batalla en la que ganaran. Ya quedan pocos de esos veteranos, y el desfile empieza a llenarse de los hijos y nietos. No sé cómo será esta celebración dentro de un par de décadas. Tal vez se convierta en el símbolo de los valores australianos, o en el símbolo de la futilidad de la guerra. No sé, habrá que esperar y ver.

miércoles, abril 19, 2006

Y más Bodyboarding





Esta vez Mineko me ha tomado unas cuantas fotos cuando estaba haciendo bodyboard. La playa es la adyacente a Myall Lakes. Es una playa grande con un mar con carácter. La orilla tiene mucha pendiente. El mar cubre en cuanto entras un par de metros, y por eso las olas que rompían en la orilla llegaban a ser más grandes que yo. No sabéis lo difícil que me era pasar ese muro de agua para poder entrar en el mar. Las olas, con su fuerza, me echaban a la orilla una y otra vez, hasta que tras mucho intentarlo conseguía por fín pasar más allá de donde rompían. Y eso de llegar a las olas grandes del fondo, ni pensarlo. Sobre todo porque era una playa desierta. No se veía ni un alma, con lo que a ver quién me rescata si me pasa algo. Y no sé, eso de que no haya ni delfines... igual hay algún monstruo escondido entre la espuma de las olas. Con lo que me quedé en la zona cercana a la orilla. Las olas ya eran bastante grandes para mí.

Tellinas gigantes





No encontramos delfines en la playa adyacente a Myall Lakes, pero Mineko descubrió unas conchas que parecen algo así como tellinas gigantes. Parecían deliciosas para un aperitivo, pero como la zona es un parque nacional no teníamos claro si podíamos cogerlas, con lo que Mineko y yo nos pasamos un buen rato sacando conchas, y luego dejándolas en la arena, viéndo cómo se apresuraban a esconderse otra vez. El problema eran las olas. El mar estaba bastante embravecido, y en más de una ocasión las olas nos sorprendieron. Mineko quedó literalmente empapada.

En busca de los delfines




Hace dos años, en Enero del 2004, Mineko y yo fuimos a Myall Lakes, a unos 300 kilómetros al norte de Sidney. Nuestro propósito era el explorar esta zona de humedales, bastante conocida en Australia. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el último día descubrimos a un grupo de delfines disfrutando del mar tranquilo de esa mañana. Nuestro gozo fue tal que seguimos recordando el encuentro hasta que, estas vacaciones de Semana Santa, decidimos ir a buscarlos.

Así que fuimos otra vez a la zona, a probar suerte. En Tea Gardens, una población cercana, hacen excursiones en barco para buscar a los delfines. Pero pensamos que es una forma poco interesante de verlos, y puede ser intrusiva. Con lo que acampamos en la zona y nos pasamos toda una mañana mirando al mar, a ver si los delfines aparecían otra vez. Incluso hicimos el desayuno en la playa, un desayuno a la inglesa: huevos con bacon. Nada, no hubo suerte. Los delfines no aparecieron. Pero mirando lo positivo, disfrutamos del paisaje y del desayuno.

Otra vez será. Si los delfines no vinieron en esta ocasión cuando los estábamos esperando, tal vez vendrán en otra ocasión cuando menos lo esperamos.

Las fotos son de los delfines que vimos hace dos años, del desayuno que preparé, y del mar. Las fotos son con la cámara de Mineko. Yo sigo con mi fiel cámara óptica, y aún no he enviado los negativos a revelar.

martes, abril 18, 2006

El franchipán




Aquí van las fotos del franchipán que me pide Esther. Las fotos son de hace más de un año, cuando aún vivíamos en la calle Kariwara. El franchipán que tenemos aún es pequeñito pero el árbol crecerá varios metros. Bueno, si lo ponemos en un tiesto más grande. Las flores del archipán pueden tener varios colores, pero las más elegantes a mi modo de ver son las blancas. Y el aroma que dejan, fuerte pero no empalagoso, es difícil de olvidar. Es un aroma que refresca el calor del verano.

jueves, abril 13, 2006

Las fotos de las olas




Ya me han revelado las fotos de las olas. Aquí va una muestra. Al final, los periódicos se equivocaron y no fueron las olas más grandes de los últimos 30 años... solamente llegaron a los 4 ó 5 metros cuando prometían de 6 a 7 metros. Pero la verdad, a mí ya me parecieron bastante grandes. Vosotros podéis juzgar.

domingo, abril 09, 2006

Otra vez juntos

Esta mañana Mineko ha llegado del Japón. Por fin estamos los dos juntos otra vez. Aun después de pasar toda la noche en el avión, se dejó que la llevara a la playa a ver las olas. Y bueno, según los periódicos eran las olas más grandes de los últimos 30 años, con lo que no era una ocasión para perdérsela. Y lo que disfrutamos viendo a los surfistas, y a los espectadores, que en más de una ocasión, mirando a los surfistas, no se daban cuenta que las olas llegaban hasta ellos y tenían que marcharse corriendo, mojándose los pies (y alguno que otro se cayó con el empuje de las olas).

Olas gigantes




Este sábado también fui a hacer bodyboarding a la playa Dee Why. Las olas eran aún más grandes que el fin de semana pasado con lo que no me atreví a acercarme a las rocas. En la zona donde estaba las olas eran tan grandes como en las rocas, pero sin peligro. Así pude disfrutar de que las olas me arrastraran arriba y abajo, pero una o dos veces fui capaz de montar una de las olas grandes. Con olas de tal tamaño ni intenté hacer una de las cabriolas que hacen los expertos, me conformaba con tener la cabeza fuera del agua y dejar que la ola me llevara.

Nada, esta vez tengo fotos que hice ayer desde las rocas, después de jugar con las olas. Aquí va una muestra. En una de ellas se puede ver a uno con la tabla de bodyboarding... ahora imagina que soy yo (y las ganas que tengo yo de poder hacerlo con ese estilo).

Hoy también he ido a la playa, pero ni me atreví a entrar en el agua. La zona de bajas presiones de Tasmania nos está enviando olas fenomenales. Según los periódicos el tamaño podría llegar a los siete metros. En la playa no había arena, solamente olas, un grupo de expertos surfistas haciendo de las suyas, y una multitud de gente vitoreando y animando a los surfistas. También hice fotos pero aún las tienen que revelar... por ahora, aquí van las fotos de ayer. Y ahora imagina olas de tamaño doble.

martes, abril 04, 2006

Un mar con carácter

El domingo pasado fui otra vez a la playa. No hacía calor, pero esto de que el invierno se acerca... tal vez sea la última oportunidad de ir a la playa, pensé. Por si acaso, aparte del bañador y camiseta llevé el pantalón largo y la cámara de fotos. Tal y como está el mar estos días, en vez de bañarme igual me dedico a fotografiar a los locos surfistas haciendo sus cabriolas en un mar embravecido. Esta vez me decidí por ir a Dee Why, la playa más cercana a mi casa.

Y el mar sí que estaba movido, sí. Las olas eran de dos metros y más. Incluso la playa estaba cerrada a los bañistas. Pero eso no quitó el ánimo a los surfistas, habría como una treintena en el agua. El día, aunque algo fresquillo en la sombra, era radiante. Vamos, un día otoñal glorioso. Así que me dediqué a fotografiar a los surfistas. Pero esto que me dió el gusanillo de tal vez, ¿por qué no? Yo también puedo ir al agua. Al fin y al cabo, aunque la playa está cerrada hay bañistas vigilando, y no dicen nada a los surfistas.

Así que me decidí coger mi tabla de bodyboard, y al agua que fuí. El agua estaba más caliente que el aire, ¡qué gustillo! (luego me enteré que la temperatura del agua era de 25 grados). Y las olas, aunque grandes, eran más fáciles que las de la playa de Avoca. ¿O tal vez estoy mejorando mi técnica? Me era fácil llegar a donde rompen las olas, y tenía menos problemas con las olas grandes. Y mejor que en avoca, las olas rompían en zona profunda con lo que no me chocaba contra el suelo.

En una de estas me fijé en un grupo de chiquillos surfistas cerca de las rocas. Allí las olas parecían mucho más estables que en el centro de la playa. Se lo pasaban tan a lo grande que acudí allí a probar suerte. El problema es que había que ponerse muy cerca de las rocas, y la verdad es que da miedo. En eso que llega una de las olas gigantes de las que a veces aparecen. Intenté tomarla, pero tuve mala fortuna (o mala pericia), y la ola cayó encima de mí, arrastrándome al fondo, arriba y abajo, hasta que al fin pude sacar la cabeza. No tenía claro de si estaba cerca de las rocas, cuando otra de las olas grandes llegó encima de mí. Y otra vez, ahí que voy, dando vueltas como una toalla en la lavadora. Entonces sí que tuve miedo, más que nada porque igual estaba a punto de estrellarme contra las rocas. Logré sacar la cabeza, y otra ola venía. Ví que estaba más bien lejos de las rocas, con lo que me dejé llevar por la ola, y otra, hasta que las olas se acabaron. Miré alrededor aturdido, y ví que casi todos los surfistas estaban cerca de mí y todos parecían aturdidos también. Esto me consoló un poco. No fui yo el único al que las olas le habían hecho la jugada.

Aun así me lo pasé en grande. Al final salí del agua y me dediqué a fotografiar a los surfistas. Fui a las rocas, pero esta vez en tierra firme, y me dí cuenta que las olas no rompían contra ellas. Es decir, que al fin y al cabo no había pasado ningún peligro. Y ahora, aquí en casa, cuando pienso en las olas que me arrastraron arriba y abajo, la verdad es que más bien parecía que me estaban meciendo, jugando conmigo lo mismo que yo estaba jugando con ellas.

Con lo que, si el tiempo me deja, les devolveré su cumplido y seguiré jugando con ellas una semana más.