sábado, mayo 20, 2006

El precio de los plátanos

Hasta hace unas pocas semanas el arroz a la cubana era uno de los platos más baratos de preparar. Ahora se han convertido casi en un lujo, sobre todo si te gusta poner muchos plátanos. El precio se ha quintuplicado, y ahora un kilo vale más de 10 dólares australianos, esto es más de 6 euros al cambio actual. En casa prácticamente hemos eliminado los plátanos de nuestra dieta. Y no sé por qué, la verdad es que el plátano no es mi fruta preferida, pero desde que se han convertido en fruta de lujo los plátanos se me han hecho más atractivos.

Y cuál es la culpa de la subida del precio de los plátanos? Hace unos meses un huracán devastó la plantación principal de plátanos de Australia, y ahora quedan muy pocos plátanos en el mercado. La verdad es que aún no sé cómo no han podido importar la fruta de otros países a tiempo. No es que me importe mucho el que haya plátanos o no, pero me parece que aquí falta algo de previsión y preparación ante posibles contratiempos.

Y lo peor de todo, me temo que los beneficiados de la subida de precios no sean los agricultores que han perdido casi toda su cosecha, sino los intermediarios que se aprovechan de las leyes de la oferta y la demanda.

Nada, estamos en fin de semana. Tal vez mañana me comeré un plátano para celebrar que es domingo.

miércoles, mayo 10, 2006

Rescatados de su tumba

Valgan estas palabras como apoyo a los dos mineros, Todd Russell y Brant Webb, que acaban de ser rescatados de su tumba. Han pasado 14 días sepultados a más de 900 metros bajo tierra cuando la mina en la que trabajaban se desplomó encima de ellos. Fue un milagro que las rocas no les aplastaran, y fue más que un milagro que sobrevivieran solos, sin luz, sin comida y sin poderse mover, durante cinco días hasta que los equipos de salvamento los encontraron. Aún así tuvieron que esperar casi diez días hasta lograran sacarlos de su encierro.

Cuando salieron de la mina lo hicieron por su propio pie, y lo primero que hicieron fue coger sus fichas del panel que registra quién está en la mina. Un gran coraje es lo que tienen.

No tuvo su suerte Larry Knight, que murió aplastado.

La mina en la que trabajaban es una mina de oro. La próxima vez que compres joyas, párate a pensar por qué manos han pasado, y qué desastres pueden haber causado en su camino desde la mina hasta la joyería. Australia es un país más o menos rico, pero hay minas de oro, y sobre todo de diamantes, que están en países pobres y con problemas de corrupción causados por las mismas joyas. Sí, un diamante es para siempre. Espero que los problemas que genera no lo sean.

sábado, abril 29, 2006

La batalla perdida

El martes pasado 25 de abril Australia celebró la batalla de Gallipoli. El hecho de que se conmemore esta batalla es bastante especial por varios motivos. Para empezar, la batalla ocurrió en Turquía, es decir, casi en las antípodas de Australia, durante la primera guerra mundial. El hecho de que se conmemore una batalla tan lejos de suelo australiano ya es curioso, pero aún hay más. El combinado de tropas australianas y novocelandesas perdieron de forma catastrófica. Parece ser que Winston Churchill y su comité de decisiones desestimó las dificultades del terreno y la decisión de los turcos para defender su patria.

Mucho se ha hablado aquí acerca del significado de esta conmemoración. La batalla de Gallipoli fue una de las primeras acciones internacionales de un país recién formado que acude a ayudar a su "protector", Gran Bretaña. El hecho de que las tropas australianas y novocelandesas se esforzaran tanto en algo que no se podía ganar se recuerda en un modo u otro en este día. Es una batalla en la que, por qué no decirlo, Australia empezó a perder su inocencia. Prueba de ello es que más tarde, tal vez como desencanto de los actos en esta batalla, y viendo las pocas ganas de Gran Bretaña de ayudar a Australia, Australia se alejara de la influencia de Gran Bretaña para tomar su camino propio. Aunque, mirando esto de manera cínica, realmente Australia ha pasado de la influencia de Gran Gretaña a la de los Estados unidos.

Realmente este día es difícil de comprender. Ya no queda ningún soldado de aquella batalla, y ahora desfilan veteranos de la segunda guerra mundial. Sí, hay otras batallas en la segunda guerra mundial que han quedado en la memoria de los australianos porque se perdieron, por ejemplo la ruta de Kokoda. Y la verdad es que aquí no se celebra ninguna batalla en la que ganaran. Ya quedan pocos de esos veteranos, y el desfile empieza a llenarse de los hijos y nietos. No sé cómo será esta celebración dentro de un par de décadas. Tal vez se convierta en el símbolo de los valores australianos, o en el símbolo de la futilidad de la guerra. No sé, habrá que esperar y ver.

miércoles, abril 19, 2006

Y más Bodyboarding





Esta vez Mineko me ha tomado unas cuantas fotos cuando estaba haciendo bodyboard. La playa es la adyacente a Myall Lakes. Es una playa grande con un mar con carácter. La orilla tiene mucha pendiente. El mar cubre en cuanto entras un par de metros, y por eso las olas que rompían en la orilla llegaban a ser más grandes que yo. No sabéis lo difícil que me era pasar ese muro de agua para poder entrar en el mar. Las olas, con su fuerza, me echaban a la orilla una y otra vez, hasta que tras mucho intentarlo conseguía por fín pasar más allá de donde rompían. Y eso de llegar a las olas grandes del fondo, ni pensarlo. Sobre todo porque era una playa desierta. No se veía ni un alma, con lo que a ver quién me rescata si me pasa algo. Y no sé, eso de que no haya ni delfines... igual hay algún monstruo escondido entre la espuma de las olas. Con lo que me quedé en la zona cercana a la orilla. Las olas ya eran bastante grandes para mí.

Tellinas gigantes





No encontramos delfines en la playa adyacente a Myall Lakes, pero Mineko descubrió unas conchas que parecen algo así como tellinas gigantes. Parecían deliciosas para un aperitivo, pero como la zona es un parque nacional no teníamos claro si podíamos cogerlas, con lo que Mineko y yo nos pasamos un buen rato sacando conchas, y luego dejándolas en la arena, viéndo cómo se apresuraban a esconderse otra vez. El problema eran las olas. El mar estaba bastante embravecido, y en más de una ocasión las olas nos sorprendieron. Mineko quedó literalmente empapada.

En busca de los delfines




Hace dos años, en Enero del 2004, Mineko y yo fuimos a Myall Lakes, a unos 300 kilómetros al norte de Sidney. Nuestro propósito era el explorar esta zona de humedales, bastante conocida en Australia. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el último día descubrimos a un grupo de delfines disfrutando del mar tranquilo de esa mañana. Nuestro gozo fue tal que seguimos recordando el encuentro hasta que, estas vacaciones de Semana Santa, decidimos ir a buscarlos.

Así que fuimos otra vez a la zona, a probar suerte. En Tea Gardens, una población cercana, hacen excursiones en barco para buscar a los delfines. Pero pensamos que es una forma poco interesante de verlos, y puede ser intrusiva. Con lo que acampamos en la zona y nos pasamos toda una mañana mirando al mar, a ver si los delfines aparecían otra vez. Incluso hicimos el desayuno en la playa, un desayuno a la inglesa: huevos con bacon. Nada, no hubo suerte. Los delfines no aparecieron. Pero mirando lo positivo, disfrutamos del paisaje y del desayuno.

Otra vez será. Si los delfines no vinieron en esta ocasión cuando los estábamos esperando, tal vez vendrán en otra ocasión cuando menos lo esperamos.

Las fotos son de los delfines que vimos hace dos años, del desayuno que preparé, y del mar. Las fotos son con la cámara de Mineko. Yo sigo con mi fiel cámara óptica, y aún no he enviado los negativos a revelar.

martes, abril 18, 2006

El franchipán




Aquí van las fotos del franchipán que me pide Esther. Las fotos son de hace más de un año, cuando aún vivíamos en la calle Kariwara. El franchipán que tenemos aún es pequeñito pero el árbol crecerá varios metros. Bueno, si lo ponemos en un tiesto más grande. Las flores del archipán pueden tener varios colores, pero las más elegantes a mi modo de ver son las blancas. Y el aroma que dejan, fuerte pero no empalagoso, es difícil de olvidar. Es un aroma que refresca el calor del verano.

jueves, abril 13, 2006

Las fotos de las olas




Ya me han revelado las fotos de las olas. Aquí va una muestra. Al final, los periódicos se equivocaron y no fueron las olas más grandes de los últimos 30 años... solamente llegaron a los 4 ó 5 metros cuando prometían de 6 a 7 metros. Pero la verdad, a mí ya me parecieron bastante grandes. Vosotros podéis juzgar.

domingo, abril 09, 2006

Otra vez juntos

Esta mañana Mineko ha llegado del Japón. Por fin estamos los dos juntos otra vez. Aun después de pasar toda la noche en el avión, se dejó que la llevara a la playa a ver las olas. Y bueno, según los periódicos eran las olas más grandes de los últimos 30 años, con lo que no era una ocasión para perdérsela. Y lo que disfrutamos viendo a los surfistas, y a los espectadores, que en más de una ocasión, mirando a los surfistas, no se daban cuenta que las olas llegaban hasta ellos y tenían que marcharse corriendo, mojándose los pies (y alguno que otro se cayó con el empuje de las olas).

Olas gigantes




Este sábado también fui a hacer bodyboarding a la playa Dee Why. Las olas eran aún más grandes que el fin de semana pasado con lo que no me atreví a acercarme a las rocas. En la zona donde estaba las olas eran tan grandes como en las rocas, pero sin peligro. Así pude disfrutar de que las olas me arrastraran arriba y abajo, pero una o dos veces fui capaz de montar una de las olas grandes. Con olas de tal tamaño ni intenté hacer una de las cabriolas que hacen los expertos, me conformaba con tener la cabeza fuera del agua y dejar que la ola me llevara.

Nada, esta vez tengo fotos que hice ayer desde las rocas, después de jugar con las olas. Aquí va una muestra. En una de ellas se puede ver a uno con la tabla de bodyboarding... ahora imagina que soy yo (y las ganas que tengo yo de poder hacerlo con ese estilo).

Hoy también he ido a la playa, pero ni me atreví a entrar en el agua. La zona de bajas presiones de Tasmania nos está enviando olas fenomenales. Según los periódicos el tamaño podría llegar a los siete metros. En la playa no había arena, solamente olas, un grupo de expertos surfistas haciendo de las suyas, y una multitud de gente vitoreando y animando a los surfistas. También hice fotos pero aún las tienen que revelar... por ahora, aquí van las fotos de ayer. Y ahora imagina olas de tamaño doble.

martes, abril 04, 2006

Un mar con carácter

El domingo pasado fui otra vez a la playa. No hacía calor, pero esto de que el invierno se acerca... tal vez sea la última oportunidad de ir a la playa, pensé. Por si acaso, aparte del bañador y camiseta llevé el pantalón largo y la cámara de fotos. Tal y como está el mar estos días, en vez de bañarme igual me dedico a fotografiar a los locos surfistas haciendo sus cabriolas en un mar embravecido. Esta vez me decidí por ir a Dee Why, la playa más cercana a mi casa.

Y el mar sí que estaba movido, sí. Las olas eran de dos metros y más. Incluso la playa estaba cerrada a los bañistas. Pero eso no quitó el ánimo a los surfistas, habría como una treintena en el agua. El día, aunque algo fresquillo en la sombra, era radiante. Vamos, un día otoñal glorioso. Así que me dediqué a fotografiar a los surfistas. Pero esto que me dió el gusanillo de tal vez, ¿por qué no? Yo también puedo ir al agua. Al fin y al cabo, aunque la playa está cerrada hay bañistas vigilando, y no dicen nada a los surfistas.

Así que me decidí coger mi tabla de bodyboard, y al agua que fuí. El agua estaba más caliente que el aire, ¡qué gustillo! (luego me enteré que la temperatura del agua era de 25 grados). Y las olas, aunque grandes, eran más fáciles que las de la playa de Avoca. ¿O tal vez estoy mejorando mi técnica? Me era fácil llegar a donde rompen las olas, y tenía menos problemas con las olas grandes. Y mejor que en avoca, las olas rompían en zona profunda con lo que no me chocaba contra el suelo.

En una de estas me fijé en un grupo de chiquillos surfistas cerca de las rocas. Allí las olas parecían mucho más estables que en el centro de la playa. Se lo pasaban tan a lo grande que acudí allí a probar suerte. El problema es que había que ponerse muy cerca de las rocas, y la verdad es que da miedo. En eso que llega una de las olas gigantes de las que a veces aparecen. Intenté tomarla, pero tuve mala fortuna (o mala pericia), y la ola cayó encima de mí, arrastrándome al fondo, arriba y abajo, hasta que al fin pude sacar la cabeza. No tenía claro de si estaba cerca de las rocas, cuando otra de las olas grandes llegó encima de mí. Y otra vez, ahí que voy, dando vueltas como una toalla en la lavadora. Entonces sí que tuve miedo, más que nada porque igual estaba a punto de estrellarme contra las rocas. Logré sacar la cabeza, y otra ola venía. Ví que estaba más bien lejos de las rocas, con lo que me dejé llevar por la ola, y otra, hasta que las olas se acabaron. Miré alrededor aturdido, y ví que casi todos los surfistas estaban cerca de mí y todos parecían aturdidos también. Esto me consoló un poco. No fui yo el único al que las olas le habían hecho la jugada.

Aun así me lo pasé en grande. Al final salí del agua y me dediqué a fotografiar a los surfistas. Fui a las rocas, pero esta vez en tierra firme, y me dí cuenta que las olas no rompían contra ellas. Es decir, que al fin y al cabo no había pasado ningún peligro. Y ahora, aquí en casa, cuando pienso en las olas que me arrastraron arriba y abajo, la verdad es que más bien parecía que me estaban meciendo, jugando conmigo lo mismo que yo estaba jugando con ellas.

Con lo que, si el tiempo me deja, les devolveré su cumplido y seguiré jugando con ellas una semana más.

martes, marzo 28, 2006

No hay playa

Este fin de semana no he ido a la playa. El tiempo no era muy bueno, y la verdad es que no tenía ganas de salir. Total, que me quedé en casa todo el domingo.

En las noticias de hoy he visto que lo más seguro es que, si hubiera ido a la playa, no habría podido hacer mucho. Ha habido un ciclón en Nueva Zelanda, de tal modo que ahora las olas generadas por el ciclón están llegando a la costa de Australia. Y qué olas, algo así como de tres o cuatro metros. La tele ha sacado imágenes de las olas gigantes y del loco surfista intentando hacerse con ellas. Muy bonitas de ver, sí, desde la distancia.

Pero ¿Qué hora es?

Este fin de semana he vivido un episodio surrealista. ¿Podría uno pensar que es fácil saber qué hora es? No hay más que mirar al reloj, ¿no? Y si uno no está seguro, bueno, el ordenador tiene al tanto cuándo toca cambiar la hora al reloj por eso del horario de verano o de invierno, ¿no? Ah, pero los que diseñaron los programas para calcular los cambios de hora no contaban con Australia, no. Ahora os cuento.

Australia, o bueno, el estado de New South Wales (¿Nuevo Gales del Sur?) donde está Sidney usa horario de verano y de invierno como muchos países del mundo. La verdad es que yo nunca he tenido claro cuándo toca el cambio de hora. Estos días no veo la televisión mucho, pero leo los periódicos (sí, los de papel, no los electrónicos), y no ví ninguna noticia acerca del cambio de hora.

Os podréis imaginar mi sorpresa cuando, el domingo por la mañana, el ordenador me dice que acaba de ajustar su reloj para el horario de invierno. De repente el día tenía una hora más. Nada, hay que empezar a cambiar la hora a todos los relojes. Y parece mentira, pero esa hora de diferencia haces las cosas diarias ese poquito más difícil. Decidí comer en el tiempo de la nueva hora, es decir, una hora más tarde (y ¡qué hambre pasé durante esa hora!). Pero a la hora de cenar no pude resistir más y empezé a cocinar media hora más pronto. Bueno, media hora más tarde. Ya me entiendes, ¿no? Mientras cocinaba encendí la televisión en espera de un programa que quería ver, y que empezaba dentro de media hora.

Otra vez, ¡cuál fue mi sorpresa cuando ví que el programa ya había empezado! ¿Qué pasa, han cambiado la programación, o no saben que la hora ha cambiado? Cambié de cadena, y ¡todas las otras cadenas tenían el programa retrasado una hora! En otras palabras, aún seguimos con el tiempo de verano.

¿Y eso? ¿Cómo se puede equivocar el ordenador? El lunes me llegó la respuesta. Resulta que Australia organiza los juegos de la Commonwealth, y parece ser que, para evitar problemas con la programación, decidieron retrasar el cambio de hora una semana. Así que, aún es verano aquí.

Y yo me pregunto, ¿ha sido una buena decisión el retrasar el cambio de hora? Seguro que muchas compañías han sufrido porque sus ordenadores creen que es una hora más pronto. Y seguro que compañías extranjeras que negocian con compañías australianas habrán tenido algún que otro malentendido. No creo que la broma de no cambiar la hora haya resultado barata.

Total, que después de pasarme el domingo intentando ajustarme a la nueva hora, he tenido que volver a reajustarme. Y la semana que viene tocará ajustarse otra vez.

Y lo peor de todo, ¡me he perdido media hora del programa de televisión!

Nada, que no hay derecho.

sábado, marzo 25, 2006

Solo en Sidney

Mineko acaba de partir para el Japón. Va a asistir a la boda de una sobrina y aprovechará el viaje para quedarse un par de semanas y visitar familiares. Es una lástima que por motivos de trabajo (y dinero!) yo no pueda ir a la boda también. Las bodas en el Japón son todo un acontecimiento donde se mezclan los rituales sintoístas con motivos más modernos. Una boda al estilo japonés es tan cara que incluso hay agencias que organizan bodas en Europa (en España, por ejemplo), de tal modo que el coste (viaje incluído) llega a ser parecido al de celebrar la boda en el Japón.

Y yo me quedo aquí, sin nada que hacer los fines de semana. Y para colmo, el tiempo empieza a ser más otoñal, con lo que las excursiones a la playa serán cada vez más raras.

martes, marzo 21, 2006

El equinoccio

Según el telediario, el equinoccio llegó ayer, 20 de marzo. La primavera ha llegado a España oficialmente, con lo que quiere decir que el verano se ha acabado y ya es otoño. Y tanto que lo es. Desde el lunes no ha parado de llover, y hoy me han entrado ganas de llevar manga larga (si no lo he hecho es porque me daba pereza sacar la ropa de otoño).

El equinoccio es el día en que hay exactamente 12 horas de sol en todo el mundo... ¿o hay alguna parte del mundo en que eso no es así? Pues la verdad es que, como el sol es un disco con cierto tamaño, en realidad el equinoccio tiene un poco más de doce horas de sol. Y si vas a los polos, allí el sol ni sale ni se pone en todas las 24 horas. Se queda en el horizonte, en un estado ambiguo, y da una vuelta completa alrededor de la línea del horizonte. Sería curioso verlo, ¿no?

Bodyboarding: y la tercera va la vencida

Pues sí. Esta vez se puede decir que las olas no me ganaron. Como los otros dos fines de semana pasados, el sábado fuimos a la playa de Long Reef. Allí las olas eran bastante pequeñas, y la diversión no era gran cosa. Con lo que el domingo fuimos a probar suerte a la playa de Avoca. Las olas eran más grandes, algo así como de metro y medio. Pero eran manejables. Mineko y yo nos lo pasamos en grande. Ella usaba una colchoneta con agarraderas, y yo usaba mi tabla de bodyboarding. Y los dos disfrutamos de lo lindo.

Ahora sí, supongo que si la condición del mar fuera como la de los otros fines de semana, otro gallo nos cantaría. La conclusión es que, en realidad, el mar siempre gana cuando se empeña en ello.

lunes, marzo 13, 2006

Olas, 2, Diego, 0

¿Y yo creía que este fin de semana podría hacerlo mejor? Pues nada, no hay manera. El sábado fuimos a la playa Long Reef. Las olas eran bastante pequeñas, algo así como un metro, y la verdad es que es muy fácil hacer bodyboarding así. Incluso me atreví a intentar ponerme de rodillas en la tabla. Me quedé con ganas de más. Así que el domingo fuimos a la playa de Avoca, la misma del domingo pasado. Allí las olas eran más grandes, más grandes tal vez que las del domingo pasado. Pero me empeñé en intentar llegar a donde rompen las olas más grandes, y así acabé. Las olas tenían más fuerza que la semana pasada, y rompían sobre un banco de arena muy poco profundo, con lo que más de una vez me dí contra la arena. Ahora tengo dolores por todo el cuerpo y alguna que otra magulladura.

Mineko también se dedicó a jugar con las olas. Pero, más sabia que yo, se quedó en la parte del banco de arena donde el agua llegaba a la rodilla. La fuerza de las olas era tal que más de una vez la tiraron al suelo, pero allí no hace daño.

miércoles, marzo 08, 2006

Carnavales en Sydney

Cuenta Esther en su blog lo que las palabras no dicen acerca de los carnavales. Pues bien, Sydney tiene su carnaval especial. Todo empezó en el año 1978 cuando hubo una marcha de protesta reclamando derechos para homosexuales. Fue algo muy chocante y polémico entonces con intervención de la policía y detenciones, pero los organizadores hicieron otra marcha el año siguiente, y otra, y otra. La cosa cuajó y a partir de entonces, en el fin de semana cercano al martes de carnaval, la comunidad de gays y lesbianas se lanza a la calle del centro de Sydney en una cabalgata espectáculo que cada vez tiene más espectadores. Este año fue algo así como 120 carrozas, y viene gente de todo el mundo a ver y participar.

No queda mucho del inicial motivo de protesta y ahora esto es más bien un festival que dura varias semanas. Pero siempre se ven alusiones a asuntos de la actualidad homosexual. Y si no, no hay más que ver la cantidad de vaqueros que aparecieron en la cabalgata del fin de semana pasado, en alusión a la película "Brokeback Mountain".

domingo, marzo 05, 2006

Las desventuras de un inexperto bodyboarder

Llevo más de dos años practicando bodyboarding a mi manera. Bodyboarding es como hacer surf pero con una tabla más corta y flexible. Cuando se toma una ola, en vez de ir de pie como en las tablas de surf, lo normal es estar acostado encima de la tabla, o tal vez de rodillas.

Pues eso. Cada año uso la tabla de bodyboarding como unas cuatro o cinco veces, y así no hay manera de aprender. Hoy, Mineko y yo hemos ido a la playa de Avoca, al norte de Sydney. Mientras Mineko leía un libro en la playa, yo me he dedicado a intentar hacer bodyboarding. Las olas eran preciosas desde la distancia, y parecía fácil tomarlas. Bueno, parecía. En mi primer intento, la fuerza de las olas era tal que no era capaz llegar a donde las olas rompían. La misma fuerza de las olas no me dejaba llegar a la zona profunda. Después de media hora de intentar, desistí el intento, y salí fuera a descansar. No conseguí tomar ni una ola.

Una vez fuera, me fijé en un grupo de surfistas, y me asombré de lo fácil que era para ellos llegar a la zona profunda. No pude evitar intentarlo otra vez. Esta vez entré en el agua desde la zona donde entraban todos los demás. Cuál fue mi sorpresa cuando, casi sin darme cuenta, llegué a la zona donde rompían las olas. Entonces me dí cuenta que los surfistas usaban esa zona para llegar a las olas porque tenía corriente mar adentro. El problema es, que la corriente seguía mar adentro, y al cabo de poco me ví en zona profunda, más allá de donde rompen las olas. Intenté ir a zona menos profunda, pero la corriente era demasiado fuerte y me tiraba para adentro. ¡Qué situación más complicada! Tardé algo así como hora y media para salir de la zona de corriente. Estaba tan cansado que tomé la primera ola que pude y salí del agua.

Después del susto, la verdad es que me gustó la experiencia. Nunca estaba en peligro serio pues la playa estaba vigilada, y tomándolo desde el punto positivo, practiqué un montón de natación con la tabla. Y la ola que tomé fue una maravilla. Ha sido la ola más grande que he tomado, creo que era de más de dos metros.

El verano se está acabando, pero espero poder ir a la playa la semana que viene o la otra, a seguir jugando con las olas (o más bien, que las olas jueguen conmigo).

sábado, marzo 04, 2006

La risa de la cucaburra

Anoche me despertó un ruido de la calle. Un ruido muy intenso, como una carcajada misteriosa en medio de la noche. Pero esta risa es algo harto conocido por todos los que han vivido en Australia. Era la risa de la cucaburra. La cucaburra no tiene nada que ver con burros, no. Es un ave famosa por su llamada que se parece a una carcajada muy sonora y prolongada. Abunda en la zona sur y este de Australia, y muy a menudo se le puede ver (y oír) en zonas urbanas.



Su risa desenfadada le hace un ave muy querida por los australianos. Más de una vez su risa ha interrumpido nuestra conversación, y todos hemos acabado riéndonos a la vez. Como ave en sí no es muy bonita. No tiene colores chillones, es más bien como el primo mayor del martín pescador (son de la misma familia), pero en tonos apagados. Pero su risa le hace ganar amigos. Es un ave que parece muy noble. Varias veces he visto a un par de urracas intentando echar a una cucaburra, y allí la ves, quieta, impasible, sin prestar atención a los chillidos de las urracas, y sin amedrentarse.

Eso sí, a veces la risa tiene un tono siniestro, especialmente cuando una empieza la llamada, y al instante todas las cucaburras cercanas se unen a la risa. De repente, se oye la risa desde todas las direcciones. Si habéis visto películas antiguas de la selva, es posible que hayáis oído la risa de la cucaburra como sonido ambiente. No sé cuánto tiene esto de cierto pero no me extrañaría, una vez me dijeron que en una de las películas antiguas con ambiente en la selva africana (creo que era una de Tarzán), usaron la risa de la cucaburra para dar más ambiente de lugar inhóspito y lleno de animales misteriosos. El misterio es, qué pinta una cucaburra en Africa?

Pero bueno, queréis oír la risa? Pues aquí he encontrado una grabación del zoo de Honolulu:

Oír la risa