A mediados de Septiembre visitamos la catedral de Washington. Sí, Washington tiene su catedral gótica, o más bien neo-gótica, que la acabaron el siglo pasado. Pero el estilo lo hicieron tal y como si fuera en la edad media. Incluso los materiales de construcción fueron los mismos que entonces. No hay vigas de acero, ni cemento ni hormigón. Es todo pura piedra. Y el resultado es espléndido. La piedra es de una cantera local. Es una piedra blanquísima, y la catedral parece brillar con luz propia.
Estoy acostumbrado a ver catedrales grises de piedra gastada. La catedral de Washington es tal y como verían los plebeyos de la edad media las catedrales europeas: un monumento blanco y limpio.
Llegamos a la catedral con el propósito de visitar las vidrieras, pero antes de entrar nos paramos delante de la fachada, admirando las líneas limpias y nada recargadas. Qué contraste con las catedrales españolas, que en cierto modo tienen demasiados detalles. La catedral de Washington es todo elegancia.
Hay un grupo de turistas curioso. Varios tienen prismáticos, uno incluso tiene un telescopio, y todos parecen estudiar los detalles de las altas torres. Se me antoja pensar que son aficionados a la arquitectura. Estamos junto a ellos, pues es el lugar desde donde se ve la mejor la fachada, cuando el del telescopio, que resulta ser un guía, empieza a llamar la atención al grupo, nosotros incluídos. "Listos para empezar el tour de las gárgolas?" Pregunto qué tour es ése, y el guía nos contesta que es un tour de hora y media que se centra en las gárgolas del exterior del edificio, y que lo hacen una vez por semana. Nos llama la atención este tipo de tour, y el entusiasmo del guía nos anima a apuntarnos. Tenemos tiempo, e incluso tenemos prismáticos que siempre llevamos cuando vamos de viaje.
El guía nos cuenta que las gárgolas tienen su función para proteger el edificio de la lluvia, pero los masones tienen licencia para esculpirlas como quieran, dentro de ciertos temas. Nos dice que, al contrario de los motivos del interior, que son religiosos, las gárgolas y otros adornos del exterior son ateos, reflejo del modo de vivir de la época. Y así, si en la edad media representaban temas de interés de aquella época, esta catedral, que se acabó hace menos de cincuenta años, tiene temas más modernos que reflejan la cultura moderna.
Y así descubrimos imágenes de todo tipo. La parte más antigua tiene imágenes parecidas a las gárgolas europeas: monstruos mitológicos de todo tipo, sentados y con la boca abierta. Pero a medida que avanzamos a zonas más nuevas, los masones empezaron a dar rienda suelta a su imaginación, y encontramos un pulpo, una langosta, un burro, y gente de varias profesiones. Está el astrónomo observando el cielo, el ejecutivo corriendo con su maleta, el turista haciendo fotos.
También hay personajes de historias y cuentos del lugar pero que no conozco. Hay incluso personajes de película. Así, si observas una de las torres verás, allá a lo alto, la figura de Darth Vader de La guerra de las galaxias. Y se me antoja pensar, ¿qué dirán los turistas que visiten la catedral dentro de quinientos años? ¿tal vez crean que es un alien y piensen que teníamos visitantes de otras galaxias? Ya hay gárgolas en la catedral de las que no se sabe quién las esculpió, o incluso qué son. Con el paso del tiempo, la mayoría de las gárgolas perderán su significado y serán figuras extrañas como las de las catedrales europeas.
Llegamos al final del tour y el guía nos muestra la última gárgola. Es una especie de monstruo como las gárgolas tradicionales, pero ésta es especial. Nos dice que miremos su boca... y entonces vemos que hay una persona dentro con cámara de fotos. ¡Es un turista que está siendo devorado por la gárgola! El guía, mostrando una sonrisa misteriosa, nos deja en el lugar. Y yo me pregunto, ¿tal vez la próxima semana habrá una gárgola más y un turista menos?
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viernes, octubre 16, 2009
viernes, octubre 02, 2009
Washington en autobús
Si bien recomiendo visitar Washington en bici, la mayoría de la gente lo más seguro es que lo visiten desde un autobús turístico. La verdad es que no hay como subirse al segundo piso de uno de esos autobuses sin techo para recorrer la ciudad como turista. Siempre que viajamos Mineko y yo a otra ciudad, lo primero que hacemos es tomar uno de esos autobuses. Así que decidí esperar hasta que Mineko me visitara para hacer nuestro papel de turistas auténticos.
Mineko llegó dos semanas después que yo. Lo primero que hicimos para que se recuperara del jetlag fue visitar Washington, no en bici, sino en tándem. Es mi receta contra el jetlag: hacer un poco de ejercicio a la luz del día. Fue un día precioso. Llegamos hasta Georgetown, a las afueras de Washington, y de vuelta a Bethesda.
El fin de semana siguiente hicimos la visita turística real. El plan era eso, tomar uno de esos autobuses. Pero con eso de que éramos dos, ninguno de los dos nos paramos a comprobar dónde paran esos autobuses antes de salir de casa. Y ya en Washington (yendo en metro, no en bici), no sabíamos dónde buscar el autobús.
Washington ciudad no es muy grande, pero tampoco se puede recorrer a pie de parte a parte. Salimos del metro en el barrio chino, una zona que parecía céntrica. Y vimos los autobuses en la distancia. Recorrimos las calles a ver si encontramos la parada, pero nada. Decidimos caminar hacia el lugar de la casa blanca, que allí seguro que para. Pero tal casita estaba bastante lejos, y nos costó más de una hora llegar. Por el camino veíamos el autobús, pero, como si éste fuera un espectro, siempre estaba lejos y nunca encontramos ninguna de las benditas paradas. Llegamos a la verja de la casa blanca, y nada, no hay nada que se parezca a una parada de autobús.
Cerca había una oficina de turismo, pero estaba cerrada los sábados por la tarde... ¡cuando hay más turistas! Desde luego, esto no es Europa.
El libro de turismo de Mineko, un libro japonés que siempre me asombra por los detalles tan prácticos que da, esta vez no dice dónde tomar este autobús, pero por lo menos da un número de teléfono que puedo llamar. Llamo al número pero lo único que consigo es escuchar una grabación con una voz muy baja y con un acento americano al que aún no estaba acostumbrado. Con el ruido del tráfico apenas llego a oír algo de que los autobuses salen de la estación U, o algo así... cual será esa estación U? Será que las estaciones de Washinton se llaman como las calles? Todas las calles que van de este a oeste se llaman acorde con las letras del alfabeto, y las calles que van de norte a sur se llaman con números. Con lo que tal vez la estación U está en la calle U?
Al final nos resignamos. Después de tal caminata, volvimos a Bethesda sin haber recorrido Washington en bus. Lo intentaremos el domingo.
Salimos el domingo, esta vez con el nombre completo de la estación: es la estación principal, que se llama Union Station. Parece ser que los americanos se comen las letras más que los andaluces. Y así, llegamos a la estación, y allí estaba el autobús, rojo y con la bandera americana pintada, esperando. ¡Por fin!
El sistema es hop-on hop-off, es decir que te puedes bajar en una parada, visitar algo, y subirte al siguiente autobús. Pero decidimos simplemente quedarnos en el autobús, y menos mal que lo hicimos, que el recorrido duró más de dos horas... imposible de hacer a pie. Vimos el Capitolio desde todos los ángulos, pues el diseño de la ciudad es tal que todas las calles principales llevan al Capitolio. Vimos otra vez la casa blanca, y descubrimos que la parada estaba unos metros más allá de donde miramos, a la vuelta de una esquina... faltaría más.
El día era perfecto, ni frío ni calor, y la grabación (que no había guía) era clara e interesante y aprendimos un montón, de las columnas del monumento de Lincoln (una por cada uno de los 48 estados de la época), del monumento de Jefferson, el que creó la constitución americana, de la catedral de Washington, la sexta más grande del mundo, del cementerio de Arlington, un cementerio con vistas ¡Por fin, ya somos turistas!
lunes, septiembre 28, 2009
Washington en bici
Bethesda es una zona residencial al borde de Washington DC. El metro de Washington llega a Bethesda, y mejor aun, se puede ir en bici hasta la capital misma. Hay una línea de ferrocarril abandonada que se ha rehabilitado como pista para bicis, y en Bethesda mismo hay una tienda que tiene bicis de alquiler. El precio es bastante caro, 35 dólares por un día. Para dar un poco de perspectiva, se puede alquilar un coche por menos. Pero me hacía ilusión ir en bici a Washington, y así, en mi primer domingo de este viaje alquilé una.
La pista está asfaltada, y es muy popular. Abundan no sólo ciclistas sino que también peatones caminando y corriendo, patinadores, e incluso vi a uno que parecía estar esquiando con patines y palos de esquí. Lo que no hay es vehículos de motor ni de tracción animal (aparte de la humana, se entiende).
El lugar transcurre por entre bosques. Es sorprendente que se pueda llegar hasta casi el centro de Washington sin apenas ver una casa, y sin soportar ruido de coches. La pista, cuesta abajo, llega hasta un río, el Potomac, un río ancho y tranquilo, sin lanchas de motor (qué diferencia con Sidney!) y con gran cantidad de gente haciendo piragüismo. Vamos, más que la capital del país más poderoso del mundo donde se toman decisiones a escala global esto parece un lugar de reposo y vacación.
Y así, sin darme apenas cuenta, llego al final de la pista, en Georgetown, un pueblo adyacente a Washington. I desde allí, tras perderme por las calles con tráfico, decido circular por los parques bordeando el río. Y en una de éstas me encuentro con un edificio que parece un templo romano. Es el mausoleo de Lincoln, en el corazón mismo de Washington DC. De repente aparecen turistas por todas partes, y al llegar al mausoleo veo, enfrente de mi, la avenida principal. La escena me recuerda a una escena de la película "Forest Gump", pues delante de mí veo el estanque, más allá un obelisco gigante que es el monumento de Washington (el primer presidente de EEUU), y al fondo el capitolio donde se toman todas las decisiones. Lo que falta es la gente, pues en la película la avenida estaba a rebosar, pero ahora está casi vacía. No es que no haya gente, al contrario, hay mucha gente pero es muy diminuta, empequeñecida por la escala de la avenida y el obelisco. Y es que la avenida es tan ancha que se necesitarán cientos de miles de personas para llenarla.
Bueno, yo sigo con la bici, sin pararme a visitar los monumentos (que la bici no tiene candado!), recorriendo la inmensa avenida, y viendo autobuses, turistas a pie, en bici y en segway, pero la avenida es tan grande que me doy la vuelta antes de llegar al capitolio, que el calor aprieta y no hay árboles que me protejan del sol. De vuelta veo la casa blanca (estará el presidente?), y un grupo de turistas en segway. Oye, eso del segway parece muy interesante. Los segwayeros, que seguro que acaban de aprender a usarlo, se mueven sin hacer ningún esfuerzo aparente, sin dar trompicones por la falta de experiencia... igual me apunto a uno de esos tours.
El calor sigue aprietando con lo que vuelvo a la pista de vuelta a Bethesda. Ya en la sombra disfruto del viaje de vuelta, ahora cuesta arriba pero apenas sin notarse. Otra vez las piraguas en el río, caminantes, gente corriendo y en bici y patines, todos disfrutando de un día soleado a finales de agosto.
De la experiencia decido que tengo que conseguir una bici como sea. Pero descubro que las tiendas no venden bicis baratas, y el mercado de segunda mano es bastante flojo. Mirando aquí y allá, buscando en páginas web, yendo a tiendas, al final encuentro bicis más bien baratas, y me acabo de comprar una por unos 150 dólares incluyendo el envío a domicilio. No sé si la podré vender, pero de seguro que el gasto lo voy a amortizar, no tengo más que hacer unas cinco escapaditas en bici... y ya tengo el candado.
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