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lunes, enero 07, 2008

Un paseo por el parque



Anteayer y ayer Mineko y yo decidimos ir a pasear de una manera especial. En los dos parques alquilan esquíes y zapatos de esquí de fondo, y esta vez son gratis, cortesía del ayuntamiento de Asahikawa.

El esquí de fondo es mucho más fácil que el esquí de descenso. No hace falta tomar clases, y se puede hacer en cualquier lugar donde el terreno esté más o menos plano. Los zapatos, que no son botas, son como zapatos normales y corrientes, pero con una suela modificada para acoplarse a los esquíes. Son tan cómodos que casi no se notan, tan al contrario de las botas de esquiar que no te dejan mover el tobillo y cuando caminas pareces un astronauta.

Bueno, digo que no hace falta tomar clases pero aun así no es tan fácil para el que no lo ha hecho antes. En mis primeros pasos avanzaba hacia adelante o retrocedía hacia atrás, según el antojo de los esquíes, que no de mis pies. ¿Y detenerse? Eso es lo más difícil de todo. Si subir cuesta arriba es más o menos fácil, bajar es otra cosa y en más de una ocasión mi única manera de parar era echarme a la nieve. Acabé como un muñeco de nieve, todo cubierto. Y en una de mis caídas conseguí enredarme con los esquíes tanto que Mineko tuvo que venir a quitármelos para poder desenredarme, fue como una versión del juego "enredo" de invierno.

Pero lo bueno es que vimos paisajes nevados y tuve la oportunidad de hacer unas pocas fotos, y ejercicio, que ya me hacía falta, ya.

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viernes, diciembre 28, 2007

Esquiando en Asahikawa

Hoy hemos hecho nuestra primera excursión a las pistas de esquí. Asahikawa está en el centro de una planicie donde se juntan cuatro ríos y no tiene montañas cerca, aparte de unas colinas donde han puesto unas pistas de esquí. Las pistas no son muy grandes, pero tienen la ventaja, como me he dado cuenta hoy, de que no va mucha gente, solamente los del lugar. Aun así tienen sus clases de esquí y se alquilan esquíes y botas, seguro que más baratos que en Sapporo.

Hace por lo menos siete años que no voy a esquiar, y aun así, no era precisamente un experto. Llegamos a las pistas, alquilamos nuestros esquíes y botas, y allá que vamos. Mineko cuenta que no se acuerda de cómo se esquía. Yo no la creo, y con razón. Tomamos un remonte, el más corto que nos lleva hasta mitad de la ladera. Me cuesta acostumbrarme a estos esquíes, y voy bajando, poquito a poquito, casi a paso de tortuga, pero consigo no caerme. Mineko, que me deja salir primero, me ve cómo esquío, si esquiar se llama lo que estaba haciendo, y luego baja ella, me adelanta, y sigue hacia abajo. Y dice que no se acuerda de cómo se esquía...

Hacia el final de nuestro ejercicio, Mineko bajaba como si hubiera nacido con esquíes, y yo, que consigo no caerme en todo el rato, tengo un poco más de confianza, pero aún no diría que estaba esquiando, sino más bien que estaba bajando con esquíes en los pies.

La próxima vez nos apuntaremos a clases de esquí, que son baratas en esta zona no turística. Para que estemos iguales a lo mejor nos apuntamos a clases de snowboarding, que ninguno de los dos sabe... ya veremos.

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