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lunes, julio 02, 2007

Ultimos días en Praga


Los últimos días en Praga han pasado volando. El sábado atendí a las últimas sesiones del congreso mientras Mineko se intentaba recuperar de su viaje agotador. Para acelerar el proceso de recuperación fuimos al "wellness centre" del hotel, que además de piscina y sauna tiene masaje tailandés. Yo me hice una hora de masaje, Mineko hora y media más sauna. El masaje fue excelente. Una presión por aquí, un movimiento por allá, y el cuerpo se siente como recién puesto. Estaba tan relajado que a mí me parece que ronqué durante el masaje. Pero Mineko, que estaba al lado, dice que no, que no ronqué. Claro que ella también estaba haciéndose un masaje con lo que igual ella estaba soñando que yo no roncaba y que esos sonidos que se oían eran las olas al romper en su acantilado onírico...

Mi plan inicial era el ir a un concierto en el centro de Praga, pero al final nos quedamos en el hotel, cenando en uno de sus restaurantes. La comida, cara y salada (al parecer al gusto checo, no el precio, sino el sabor), pero por lo menos no teníamos que salir del hotel, que no hay nada cerca.

Y el domingo ha sido el último día en Praga, un día largo y agotador. Por la mañana, tras hacer las maletas y dejarlas en la consigna del hotel corrimos a coger el autobús que nos llevaría al metro, que casi lo perdemos. El plan era ir al centro histórico y apuntarnos a uno de los numerosos recorridos turísticos de la ciudad. El recorrido en particular prometía, pues combinaba paseo a pie, tranvía, y barco por el río, durante un total de 6 horas. Y la comida "típica checa" estaba incluída. Pero con las prisas de coger el autobús nos dejamos la información del recorrido en las maletas, y tras mucho correr por el centro en busca de una oficina de turismo donde supieran algo (que hay cantidad de oficinas pero los atendientes no saben gran cosa) al final llegamos tarde al grupo y ya había salido.

Desilusionados, buscamos otra alternativa, y al final nos apuntamos a un recorrido de dos horas en autobús por la ciudad. El recorrido no tuvo nada de especial, con mensajes pregrabados que no estaban muy bien sincronizados con lo que veíamos. "A la derecha pueden ver X... y a la izquierda pueden ver Y..." pero no tenía claro dónde estaba X y dónde Y. Pero el recorrido tuvo la sorpresa de llevarnos al castillo de Praga, un castillo todavía en activo. El presidente de la república checa tiene su residencia en tal castillo, aunque más que castillo parecía un palacio pues no ví ninguna fortificación. Eso sí, el edificio púrpura de estilo antiguo era impresionante, y más impresionante era la iglesia gótica enfrente del castillo-palacio.

De vuelta al centro buscamos donde comer y al final acabamos en el restaurante que fui con David dos días antes. La camarera, tan sonriente como la otra vez, nos sirvió comida estupenda, aunque eso sí, salada (faltaría más). Tal vez sea por eso que los checos consumen tanta cerveza? Y esta vez cuando pedí la cuenta no nos dieron cerveza extra.

Las últimas horas las pasamos viendo el barrio judío, que es un barrio poco corriente para ser judío, pues lo renovaron completamente a principios del siglo XX y no tenía las típicas callejuelas retorcidas sino calles amplias y rectas, con su sinagoga aquí y allá. La comunidad judía en Praga fue muy influencial hasta que llegó la calamidad de Hitler y acabó con todo, pero por lo menos quedaron los edificios.

Y al final, al aeropuerto, a tomar el avión que nos llevara a Atenas. O más bien los aviones, pues tomamos aviones separados. Mi vuelo estaba previsto para las 11:50 de la noche, y el de Mineko para lass 11:05, un poco antes. Pero el vuelo de Mineko se ha retrasado unas dos horas y al final yo he partido antes. Y aquí estoy, son las 4 y veinte de la mañana, en el aeropuerto de Atenas, esperando a Mineko, que debe de estar a punto de llegar... espera que mire la lista de vuelos... la llegada está prevista para las 4 y veinticinco... a ver cuánto tarda en llegar a la salida, que por lo menos en mi caso el recorrido desde el avión hasta las maletas era interminable.

Bueno, para terminar, mi impresión de Praga es que los lugareños (que al final no sé cuál es el gentilicio) se están aprovechando de los fondos generados por el turismo, y el resultado es una ciudad que más que ciudad parece un parque temático. Muchos de los taxistas son unos aprovechados, pero el sistema en general está muy bien organizado. El transporte público es tremendamente eficaz, y la ciudad tiene todas las facilidades. Qué diferente de cuando fui la otra vez, que era una ciudad que se estaba despertando de su pesadilla, donde el mercado negro de cambio de moneda era rampante, y donde todo el mundo podía hablar ruso pero nadie quería hacerlo. Pero me cuentan que aún ahora prefieren no hablar en ruso aquellos que aún se acuerdan.

Y los turistas? Cuando fui la mayoría eran alemanes y yo debería ser el último español de aquellos lares. Ahora me parece que la mayoría de los turistas eran españoles... qué invasión!

sábado, junio 30, 2007

Mineko en Praga


Hoy ha sido un día completo. Toda la mañana la he pasado en el congreso, atendiendo ponencias, hasta no poder más. A la hora de comer no tenía mucha hambre pues había comido en abundancia durante los descansos. Con lo que en vez de comer aproveché para ir al "wellness centre" que tiene su piscina, sala de maisajes, gimnasio de pesas, sauna y alguna que otra cosa más. Me fui a la piscina e hice un montón de largos, o más bien cortos, pues la piscina no tendría más de 20 metros, y luego fui a la sauna, a sudar y relajarme. Qué calor, y qué gusto al salir de la sauna.

Por la tarde atendí a un par de presentaciones más, y luego fui al centro con unos compañeros. Acabamos bebiendo cervezas y haciendo una cena pronta en lo alto de una terraza desde donde se veían los tejados de toda la ciudad en el centro histórico, al lado del reloj astronómico que tiene tanta fama. Era como ser los dueños de la ciudad (o los vigilantes?).

La cena pronta fue porque tenía que ir a recoger a Mineko al aeropuerto, que viene a Praga a pasar el fin de semana antes de irnos a Atenas. Stephen, un compañero de David también tenía que ir a recoger a su mujer al aeropuerto, qué casualidad, y fuimos los dos juntos con el plan de compartir taxi de vuelta al hotel.

Mineko al fin llegó, tras una hora de espera por las maletas, pero la mujer de Stephen tuvo peor suerte y su vuelo se retrasó varias horas, con lo que Mineko y yo volvimos al hotel por nuestra cuenta. Tomamos un minibús, qué decisión más errónea. Tuvimos que esperar a que el minibús se llenara, y después el minibús hizo un recorrido no solicitado por la ciudad mientras dejaba a los otros pasajeros, en grupos. Nosotros fuimos los últimos en dejar el minibús después de como una hora de recorrido. Y creeréis que el precio sería a compartir entre los viajeros? De eso nada. Cada grupo pagó el equivalente de un viaje en taxi. La compañía sacó el equivalente de tres tarifas de taxi en un solo viaje, y nosotros tardamos mucho más de lo que habría sido si hubiéramos tomado un taxi. El viaje en sí no fue demasiado caro si se compara con otros países, pero daba la sensación de que nos estaban tomando el pelo. No da gusto viajar así.

viernes, junio 29, 2007

Las bebidas de Praga


Anoche, cansado ya de tanta conferencia, mi compañero David y yo fuimos al centro a cenar algo. David estuvo en Praga hace unos años y conocía algunas de las bebidas características de aquí. Y allá que vamos, yo a probar y él a recordar.

Fuimos a Mala Strana, la zona más allá del puente, donde hay gran cantidad de restaurantes y bares. Al final llegamos al destino, un bar/restaurante que nos recomendaron porque hacen su propia cerveza. El lugar tenia algunos turistas (qué facil que es detectar a un turista!) pero la clientela consistía de checos en su mayoría. En el bar, un perro amistoso reposaba cerca de su dueño, uno que parecía ser cliente fijo del lugar.

David pidió cerveza, y nos dieron de la comercial, cosa que nos sorprendió. Luego vimos en la lista de bebidas que no había ninguna cerveza especial, cosa que nos sorprendió más. Pero bueno, la cerveza estaba buena. Aprendí que aparte de la rubia, los checos tienen buena cerveza negra, más suave que la Guiness pero con su regustillo dulce al final del trago.

La cena, barata y me parece que al gusto checo (saladísima!) pasó sin nada especial, hasta el tiempo de los postres. Fue cuando probé algunos de los licores. Yo tomé becherovka, un licor de hierba, David tomó slivoviche, un licor de ciruela, a cuál más fuerte. No llegamos a pedir absenta, que se supone que tiene 70 grados de alcohol, tal vez en otra ocasión.

Al terminar la cena pedimos la cuenta, con mezcla de inglés y aspavientos para asegurarnos que nos entendían. Parece ser que los gestos que hicimos indicaban otra cosa en checo, pues la camarera llegó toda contenta con dos nuevas jarras de cerveza. "No, no, la cuenta!" La camarera, tan contenta como siempre, simplemente se fue a las mesas de al lado y les dio las cervezas a otros comensales. Que aquí no se pierde nada.

No nos fijamos si en la cuenta venía la cerveza que se tomaron los otros, pero no importa. Aquí la cerveza es tan barata que no cuestan más que lo que se suele dar de propina en otros países.

De vuelta en el hotel descubrimos que el restaurante que fuimos no era el que nos recomendaron por la cerveza. Nada, igual probamos otro día en el lugar correcto.

jueves, junio 28, 2007

Música en Praga


Algo que llama la atención al visitar Praga es el número de oportunidades que ofrece para escuchar música. Cualquier ciudad que se precie de serlo ofrece espectáculos de todo tipo, pero Praga tiene una debilidad por la música clásica. En la oficina de turismo, en la casa de la música, en los hoteles, casi en cualquier lugar se puede encontrar información de conciertos. Tenía pensado apuntarme a uno de esos conciertos, pero resulta que hasta la conferencia misma ofrece un espectáculo de música clásica para los participantes, al que me apunté sin pensármelo dos veces.

La función tuvo lugar ayer miércoles, en la sala de juntas de la universidad que patrocina la conferencia, la universidad de Carlos (en honor al rey Carlos IV). La parte más antigua de la sala data del siglo XIV si los datos son correctos, y es todo solemnidad. Los músicos, un cuarteto de cuerda, tocaron varias piezas, incluyendo Dvorak, por supuesto, el gran compositor checo. Ah, la música, la cultura, algo que los australianos se obstinan en ignorar, cuánto os echo de menos.

Llegamos al hotel a las diez. "Hora de cenar", dice mi compañero, un español que también está en la conferencia. Sí, hora de cenar según el horario español, pero muy tarde para mí. Qué hambre! La cena, gulash checo y regado con cerveza para mí, la tomamos al compás del acordeonista, para quien las horas no pasan y alegremente toca piezas conocidas incluso para mí. No pude resistirme tararear una de sus piezas, una canción que aprendí durante mi época de rondallista:

Hoy hay paella, qué delicioso manjar,
tiene de todo, sólo le falta el caviar,
tiene pimientos (morrones!), tomate y azafrán,
y también tiene una gamba, para todo el personal.

Que aproveche!

lunes, junio 25, 2007

Por fin en Praga


Por fin estoy en Praga. El avión llegó sin contratiempo al aeropuerto. La otra vez que estuve en Praga los precios de todo estaban bajísimos. "Es de suponer que ahora los precios son más altos", pensé, pero aún así no sabía cuánto dinero sacar del cajero. Al final saqué 2000 coronas, que al cambio serán como 100 euros, o 160 dólares australianos. Pronto descubrí que tendría que sacar más, pues el taxi que me llevó al hotel costó 1000 coronas.

Pero bueno, llegué al hotel. El hotel está en las afueras de la ciudad, en una zona más bien aburrida. Un lugar bastante extraño para organizar una conferencia, la verdad. Llegué antes de las 10 de la mañana, demasiado pronto para tomar la habitación, con lo que decidí dejar las maletas en el hotel y hacer mi primer paseo por la ciudad. A pesar de estar lejos de la ciudad, el transporte es muy bueno y no se tarda más de media hora en llegar al centro.

El día era caluroso, y la zona empezaba a llenarse de turistas. A medida que pasaba el día, el calor y el número de turistas empezaron a aumentar. Praga ha sido siempre una atracción para los turistas, incluso durante su época comunista, pero cuando llegué, ayer domingo, me sorprendió el número. Decidí no entrar en los edificios más característicos del casco antiguo, pues la combinación de calor y gente, más mi cansancio por el viaje, no daban una buena perspectiva al asunto. Con lo que recorrí el casco antiguo hasta llegar al puente de Praga, el alma de la ciudad y punto de mira de todas las cámaras fotográficas. Era una mañana de domingo de principios de verano, y así se notaba por el número de turistas y atracciones como artistas y actores de calle.

Después de comer volví al hotel, a descansar por fin. Mi habitación está en el hotel anexo del de la conferencia. Es mucho más barato, y con razón, pues la habitación es más bien espartana. No tiene televisión, ni nevera, ni aire acondicionado, pero lo esencial está allí, una ducha y no una sino tres camas... por si me aburro de dormir en la misma cama todas las noches.

Mi primera impresión de Praga no ha sido especial. La ciudad ha cambiado de la forma esperada. Hay muchos más turistas, los precios son más altos (pero aun así son más bajos que en Australia), y la globalización ha llegado aquí como en todas partes. Hoy lunes he comido en un centro comercial supermoderno, donde la comida es tan aburrida como en cualquier centro comercial de cualquier país. Y qué comida ofrecían? Pues comida basura, hamburguesas, comida china, pizza... yo al final me decidí por un kebab, más que nada porque era una de las pocas cosas que sabía cómo pronunciar a la hora de pedir.

Y al final de la comida, un helado. Eso sí que no ha cambiado. Los helados checos son deliciosos, mejores que los que se suelen vender en España, e infinitamente mejores que los australianos.

Y para beber durante la cena? Cerveza por supuesto, ya que Pilsen es un pueblo checo donde se inventó la cerveza estilo Pilsen, que es el tipo de cerveza rubia que se suele beber en España.