Otra vez en Melbourne. Ya he perdido la cuenta de las veces que vengo aquí, ésta es mi segunda ciudad Australiana… el motivo es otra conferencia, en la misma parte de Melbourne, con lo que esta zona ya la conozco.
La conferencia empieza mañana domingo, pero ya que Mineko está en Japón, decido ir un poco antes, y así he llegado hoy sábado por la mañana, para recorrer las calles sin prisas, que como ya he dicho en tantas ocasiones, Melbourne es una ciudad donde da placer caminar por las calles. Tiene su ambiente, un poco como europeo, con multitud de restaurantes y bares, y museos, y monumentos. Y tiene tranvías, algo tan atractivo y en cierto modo nostálgico.
Esta vez combino mis paseos con geocaching. Así, de camino al Stalactites, el restaurante griego con sus suvlakis de gloria, intento encontrar un cache. Se llama “el fugitivo”, y para encontrar la cache final hay que seguir las pistas de un famoso fugitivo australiano. Así, el primer punto empieza en la cárcel histórica de la ciudad. Allí las instrucciones me mandan sacar letras y números de placas conmemorativas para descifrar las coordenadas del siguiente punto. Saco las coordenadas fácilmente, las pongo en mi receptor GPS... ¡y me dice que el siguiente punto en cuestión está a 100 kilómetros de distancia! Vamos, que las pistas recorren el verdadero viaje de este fugitivo. Total, que abandono este cache, y voy a Stalactites, a probar el suvlaki. Esta vez no sabe tanto a gloria como la otra vez, tal vez sabe mejor cuando está lloviendo y uno está calado hasta los huesos como la otra vez. Pero bueno estaba.
Me paso el día recorriendo las calles y parques del centro, haciendo alguna que otra cache... en total he encontrado tres, y he desistido de unas tres o cuatro contando la del fugitivo. Melburne, como Sidney, tiene cientos de caches pero las que están en el centro de la ciudad son bastante difíciles, especialmente porque hay tantos muggles y es difícil disimular mientras busco. Como soy un turista con pinta de despistado no es difícil disimular, pues me paro a hacer fotos a cualquier cosa... y qué “casualidad”, las zonas donde hay caches son tan fotogénicas... he tomado cantidad de fotos de detalles arquitectónicos.
De vuelta al hotel, y justo a 10 metros de una cache de la que he tenido que desistir por la cantidad de muggles, hay un bar restaurante que resulta ser la casa de James Squire, una de las cervezas australianas favoritas nuestras, con lo que decido acabar mi búsqueda de caches y tomar una cerveza. La cerveza se convierte en una cena temprana y más cerveza, y así, contentito me vuelvo al hotel, desviándome para buscar otra cache (búsqueda infructuosa), y tomar un helado en la calle Lygon, el barrio italiano. No sé qué pinta tenía yo tan contento con el helado en la mano, porque un turista me pidió hacerme una foto de mí y mi helado... da igual, el helado, de cerezas y frutas del bosque, estaba delicioso.
Bueno, ahora estoy en el hotel. Mañana, ¡a trabajar! Creo que estaré muy ocupado, con lo que igual no puedo hacer ninguna escapada más por Melbourne.