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miércoles, septiembre 19, 2007

Una de picante

La cena de ayer fue estupenda, pero la comida, más bien picante, me afectó el estómago, o más bien la parte trasera a la hora de hacer de vientre... ¡menos mal que no tengo almorranas! Para cenar esta noche me hice el propósito de comer tipo ensalada o algo así, nada de picante. Pero la cosa no fue como planeé. Fui con otros colegas de la conferencia, gente local, quienes nos llevaron a un restaurante popular cercano que conocían... y vaya casualidad, fuimos a parar al mismo restaurante tailandés que ayer. Pedimos comida para compartir, y yo pedí algo suave... sí, sí, suave para un tailandés será, pero no para mí... la comida era más picante que la de ayer. Total, que probé muy poco. Y por si acaso fuimos a la heladería a tomar helados, para rebajar la picazón un poco. Unos helados estupendos, que estamos en la zona italiana, y los helados italianos son una maravilla.

Bueno, mañana por la mañana tengo que presidir una sesión de la conferencia, a ver si el picante no me hace una jugada y puedo presidir sin problemas...

miércoles, octubre 04, 2006

El cielo y el infierno culinarios, versión Sidney

En junio hablaba de mis aventuras culinarias en Nueva York. Bues bien, Acabo de encontrar una versión del cielo y el infierno culinarios en Sidney. Ayer, martes, Mineko y yo fuimos a comer a un restaurante japonés que nos gusta. Es un restaurante barato, para comidas ("lunch"), y que se especializa en "ramen", que es como una sopa de fideos con caldo de carne. Pero cuando llegamos descubrimos que los martes cierran. ¡Qué fastidio!

La calle es una especie de oasis japonés, y hay otro restaurante al lado mismo al que nunca habíamos ido. Su especialidad es el sushi, pero en vez de sushi (que al fin y al cabo se puede comer en tantos otros lugares) decidimos comer pollo (yo) y pescado (Mineko) con salsa de teriyaki. Pero ¡qué horror! La comida era incluso peor que la que probé en aquel horrendo restaurante de Brooklyn. El té y la sopa miso eran insípidos, el pollo grasiento, la salsa demasiado sabrosa, y el arroz, ¡para qué decir! Más que arroz parecía caucho. Agradecimos el que no pidiéramos sushi, porque si el arroz era tan malo, siendo el sushi básicamente arroz, nos habríamos dejado todo allí. Incluso Mineko, que nunca se deja el arroz, esta vez no pudo comerlo.

Y ahora llega el cielo. Hoy hemos ido a comer a un restaurante nuevo para nosotros. Es japonés, y se especializa en pescados. Yo me atreví a pedir pescado con salsa de teriyaki, para desquitarme el martirio teriyakiano de ayer, y Mineko pidió otro distinto que tiene forma como de sardina pero es mucho más grande. ¡Y qué diferencia! El té y la sopa miso estaban muy bien, el pescado era una delicia, nada de graso, y la salsa se complementaba bien con el pescado. La decoración era muy auténtica, y la mayoría de los clientes eran japoneses. Había momentos en que me sentía como en los restaurantes de Asahikawa, la ciudad natal de Mineko. Ah, me siento mejor.

Ahora, para acabar el día, vamos a cenar en casa hirashi-sushi, un sushi sin pescado (¡porque el sushi no es pescado crudo!) que nos encanta.

Nada, a cenar. Buenas noches.

sábado, septiembre 23, 2006

Una de griegos y de romanos

Ayer viernes fuimos de cena al barrio italiano, en la calle de Lygon. Es una calle llena de heladerías italianas, restaurantes y pizzerías. Caminas por la calle y te acosan los trabajadores de los restaurantes, intentando convencerte de que entres en su restaurante. Al final nos decidimos por un restaurante en el que el dueño jura que el suyo es el más genuinamente italiano, con la comida más fresca y barata del barrio. Total, que allí entramos. La comida italiana no es mi fuerte y no puedo decir que me gustara mucho. Al contrario, acabamos comiendo demasiado y llegamos a casa medio enfermos. La cena fue tanto que hoy apenas hemos desayunado y no hemos comido. ¡Qué empacho que tuvimos!

Hoy decidimos probar la comida griega. Fuimos al restaurante Stalactites, decorado, pues sí, con estalactitas de yeso. No había gente intentando atraerte al restaurante, supongo que porque era tan conocido. Pero la comida era deliciosa, y eso es lo que vale. Por una fracción del precio de ayer comimos como reyes griegos. Aún me estoy relamiendo.

Pero los dos restaurantes tienen el mismo problema. ¡Demasiada comida! Ahora entiendo por qué hay tantos gordos en Melburne.