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lunes, noviembre 26, 2007

Se abre la temporada de natación


Ayer fue mi primera carrera de "oceanswim" de la temporada. Desde que hice la carrera de Bondi a Bronte que he estado disfrutando de la oportunidad de nadar en mar abierto, y seguro de que si me pasa algo alguien me rescatará, pues estas carreras atraen cientos, y a veces miles, de nadadores.

Esta vez mi objetivo era no llegar en la cola de los últimos, y me he pasado Octubre y Noviembre practicando en la piscina, haciendo dos kilómetros seguidos en cada sesión. A ver si esta vez...

El recorrido, en la playa de Coogee, rodea una isla y atraviesa una zona popular con los submarinistas. El tiempo, precioso, un adelanto del verano que nos llega. El mar, tranquilo, casi sin olas, invita. Dicen que no hay medusas ni tiburones (hasta han usado un helicóptero para asegurarse), y la temperatura del agua, un poco fresquita, no es demasiado baja. Vamos, que ideal para nadar.

Empieza la carrera, y parto con mi grupo, el de los gorros verdes. Mi objetivo es no quedarme atrás y llegar al mismo tiempo que la mayoría. Así que, uso un ritmo más bien fuerte, y consigo no quedarme atrás... pero por cierto misterio el grupo va hacia la derecha, cuando las boyas están al frente... ¿Qué pasa? ¿por qué? Decido ignorar al grupo, y seguir adelante, hacia la primera boya. Llego a la boya al mismo tiempo que el grupo, todo va bien. Y otra vez, el grupo se desvía a la derecha... ¿o será que soy yo que no voy en línea recta? Con eso de que no hay rayas en el fondo que me guíen como en la piscina... Y así ocurre, con cada boya, que o bien es el grupo el que se desvía a la derecha, o soy yo el que se desvía a la izquierda.

La isla está más cerca, no tengo claro de dónde está el grupo, pero pronto los primeros del grupo de los gorros azules empiezan a adelantarme. Supongo que los gorros azules partieron cinco minutos después que mi grupo, y me adelantan como si fueran torpedos.

Rodeo la isla, y el mar empieza a estar más movido. Estamos en mar abierto. En el fondo se ven las rocas, y bancos de peces, completamente desinteresados de la carrera que está pasando por encima de ellos. Quisiera parar a contemplar la isla, las rocas y los peces, pero estoy en la carrera, y mi objetivo es seguir en el grupo de los gorros verdes... pero a mi alrededor son todos azules!

En el camino de vuelta los brazos empiezan a quejarse, y las olas, un poco más fuertes por este lado, no me dejan tomar el ritmo de natación. Pero no, sé que si paro a descansar luego es más difícil retomar la carrera, con lo que sigo nadando. Empiezan a adelantarme torpedos con gorros blancos, es decir, los de dos grupos detrás del mío. Saco la cabeza para ver adónde estoy, ¡madre mía, qué lejos que está la playa! Nada, sigo nadando, que al final llegaré.

Pronto el mar se calma, debo de estar en la zona de la bahía. Alrededor veo gorros azules y blancos, pero ni rastro de los gorros verdes. Nada, que mi objetivo no se va a cumplir. Veo delante un gorro naranja. ¡Es un rezagado del grupo que salió cinco minutos antes que el mío! Esto me dá ánimos, se recuperan mis fuerzas, y mi objetivo cambia. Tengo que llegar antes que este gorro naranja. Pero por motivos extraños el gorro naranja se desvía a la derecha, se ve que este nadador, o más bien nadadora, está completamente confundida. Con lo que la dejo, yo sigo recto, ya llegaré por mis propios medios.

Al fin, llego a la playa, y los últimos metros, corriendo por la arena, se hacen interminables... ¡pero lo conseguí! La carrera ha terminado para mí. Son dos kilómetros 400 metros, o eso dicen, y mi tiempo son 55 minutos. No está mal, y ahora que estoy fuera, recuperándome, veo que quedan algunos gorros verdes todavía en el agua. Bueno, por lo menos no soy el último.

La foto es de la trayectoria del año pasado, de la página web de la carrera, supongo que es la misma trayectoria que este año, a no ser que hayan puesto las boyas en otros puntos...

La carrera, cansadísima, realmente ha sido un entrenamiento para la carrera que pienso hacer la semana que viene... ¡la que va de Bondi a Bronte! Tengo que hacerla en menos de 55 minutos... ¿lo conseguiré?

miércoles, diciembre 06, 2006

En el mar



La carrera ha empezado. Me pongo las gafas de nadar y corro al agua entre la gente de mi grupo, los gorros morados. Enfrente están las olas amenazadoras, cuesta incluso entrar en el agua sin que las olas te expulsen fuera. Pero usando las técnicas que aprendí en los entrenamientos, me echo al agua y me agarro a la arena del fondo cuando llega una ola con fuerza. Así, poco a poco, entro más adentro. El agua está caliente y vibrante, con vida propia.

Durante los primeros metros, más que nadar lo que hago es evitar que las olas me arrastren. La gente a mi alrededor tiene sus problemas para avanzar. Yo sigo con mi empeño, mar adentro, donde las olas son cada vez más grandes.

La primera boya está enfrente, moviéndose al compás de las olas que furiosamente rompen contra ella. Tras mucho esfuerzo consigo llegar a la boya, y un poco más allá las olas ya no rompen. Estoy en aguas profundas, ya no hay peligro de que una ola me arrastre de nuevo a la playa, ahora toca el turno de nadar rítmicamente y controlando la respiración.

Bueno, eso de controlar la respiración es un decir. Las olas no me dejan coger el ritmo, y peor aún, no me dejan ver dónde está la segunda boya. Pero puedo ver a otros nadadores y me decido a seguirlos. Si me pierdo, nos perdemos todos juntos.

Por fin las olas se convierten en una especie de mecedora, y puedo nadar controlando la respiración, rítmicamente, mar adentro, en busca de la segunda boya. Nado lento, y pronto el grueso de mi grupo se pone por delante. Estoy solo, en el mar. Pero no tengo miedo. Quizás porque sé que, aunque no los vea, los de salvamento están cerca, vigilantes. Quizás porque el mar está tan turbio que no veo ningún ser vivo debajo de mí. Me consuela pensar que los tiburones no se acercan a la costa en días fríos como este, o por lo menos eso me gusta creer.

Por fin aparece la segunda boya. Me da la impresión que nado más rápido que en los entrenamientos, porque en unos instantes la boya se queda atrás, mecida por las olas. Sigo nadando, hacia adelante, intentando tomar la estela de los que me adelantan. Pero sin suerte, ¡nado demasiado lento!

Pronto llega la avanzadilla del grupo siguiente, el de los gorros verdes. Los primeros nadan como torpedos, es asombroso lo rápido que llegan a nadar. Yo, a mi paso, que tarde o temprano llegaré.

Mi primera alegría llega cuando descubro gente del grupo anterior al mío, y los adelanto. ¡Si hasta nado más rápido que alguien!

Las olas se hacen más grandes, me estoy acercando a la punta del mirador. Más que un mar esto parece una montaña rusa. Las olas tan grandes me impiden ver la siguiente boya. No veo incluso la gente a mi alrededor. No hay salvavidas, nadie. Y el ejercicio empieza a cansar. No sé si habré llegado al primer kilómetro, pero el esfuerzo de nadar contra las olas se empieza a notar. Estoy desorientado, perdido, cansado.

De repente, ¡zas! siento como si un alambre al rojo vivo me golpea un brazo, después una pierna. ¡Una medusa! Por el dolor de la picadura debe de ser una "blue bottle", una botella azul. Es una medusa pequeña pero con tentáculos de varios metros. La picadura es muy dolorosa, y es la razón principal por la que llevo puesta la camiseta. Doy gracias a la camiseta, pues la medusa solamente me ha tocado el brazo y la pierna, pero ¡cómo escuece! No tengo claro si la medusa se me ha enganchado, si es así no habrá manera de quitármela sin tocarla, y mi carrera termina aquí, antes de llegar a la mitad del recorrido. Me miro los brazos y piernas y no veo nada. El dolor persiste, pero parece ser que la medusa se ha ido.

Intento seguir nadando siguiendo el ritmo, pero la interrupción que ocasionan las olas y el escozor de brazo y pierna me lo ponen difícil. Y encima sigo sin saber dónde está la siguiente boya. Y ahora, ¿qué hago?

Me adelanta un gorro verde, y otro, y otro. Y por fín veo la boya a lo lejos, entre las olas. Ahora sé por dónde ir. Me siguen adelantando gorros verdes, la parte principal del grupo está a punto de adelantarme. Y esto me da más ganas de seguir. Yo que creía estar solo, de repente estoy en medio de multitud de gente. Hay tanta gente que algunos me arrollan con su empuje, y cuando llego a la boya, más que un mar esto parece la piscina de Dee Why. Menuda carrera de obstáculos. Resulta que esta es la boya principal, la que marca el final del cabo donde está el mirador. Ahora hay que girar a la derecha, y todos los nadadores toman la boya como referencia. Cómo la veían, no lo sé, pero todos coinciden aquí y luego giran a la derecha. Yo hago lo mismo.

Ahora todo ha cambiado. Las olas dan de lado y no de frente. El empuje me hace ir hacia el acantilado, y de vez en cuando tengo que corregir mi trayectoria para no desviarme. Pero por lo menos se ven las otras boyas, y a lo lejos se ve la playa de Bronte, el destino.

Sigo nadando, más cansado, y con más dificultad por las olas. Como dan de lado, no me dejan tomar aire como quisiera. El mar sigue turbio, no se ve nada. Esta es la zona en la que esperaba ver la fauna marina, pero aquí no se ve nada.

El cansancio causado por las olas empieza a hacerme difícil avanzar, pero ahora estoy a mitad de camino. No hay vuelta atrás, hay que seguir. Pero ¿cómo? La respuesta me viene por delante, cuando adelanto a alguien que va más lento que yo porque nada a braza. Si él lo hace, ¿por qué no yo? Cambio a braza, y esto me da fuerzas. Nadar a braza es mucho más relajado, aunque se vaya lento. Pero a mí me parece que estaba tan cansado que nadando a braza iba más rápido.

Y así sigo, cambiando de estilos. ¡Incluso veo a alguien que nada de espaldas! Pero nadar de espaldas no se me da bien a mí, y además no se ve el camino. Mejor sigo a braza. Y entonces es cuando empiezo a disfrutar de la natación. En medio del mar, mecido por las olas, nadando a braza o al estilo normal, sigo adelante. Estoy cansado, pero puedo seguir. Paso otra boya, y otra, y otra.

La playa de Bronte se marca delante de mí cada vez más clara. Y por fin veo la última boya delante de mí. Esto me da ánimo, nado más fuerte, con empeño, alternando entre la braza y el estilo normal. Aparecen más y más salvavidas, llego a la parte final. En la boya me dicen que tengo que girar y nadar directamente hacia la playa, o eso creo oír. La playa parece estar a unos doscientos metros, eso no es nada, y las olas ¡por fín! me empiezan a ayudar. Pero ¡ay! las olas en Bronte son más grandes que en Bondi, y rompen hacia un lado donde hay rocas. No puedo simplemente dejarme llevar, tengo que corregir mi recorrido, seguir nadando.

Llega una ola gigante por detrás, la intento tomar pero me faltan fuerzas para acelerar. Total, que la ola me toma a mí, me revuelca, me hace girar en todas las direcciones, hasta que al final se cansa y me deja sacar la cabeza al aire. Medio atolondrado sigo avanzando, hasta al final tomar tierra. ¡Ya estoy casi! Pero la corriente es tan fuerte que aun me cuesta acabar los últimos metros.

Por fin llego a la playa, y me doy cuenta que he perdido el gorro en los últimos metros. Uno de los voluntarios se me acerca y me da un gorro azul. "Aquí está tu gorro", me dice. "¡Pero si mi gorro era morado!" respondo. Pero no me oye, se va y me deja en la playa, con un gorro que no es mío.

Ah, pero aún no he llegado a la meta. Me quedan unos veinte metros hasta llegar al final. Camino hacia la meta, y oigo aplausos y voces de ánimo. Y para no defraudarlos, en contra de todos mis deseos, empiezo a correr hasta llegar al final.

¡Por fín! He cumplido mi objetivo. La odisea ha terminado. Y la verdad es que he disfrutado. He nadado más de dos kilómetros en un mar embravecido, he sufrido la picadura de una medusa, ¡pero aún así lo he hecho en menos tiempo de lo que pensaba!

Al final, he tardado 1 hora, 19 minutos, 50 segundos, y mi puesto es el 796 de un total de 831. Bueno, no he sido el último, y ahora tengo una marca a batir el año que viene.

Acabo de leer el reporte de la carrera, parece ser que la recta final fue muy emocionante y el ganador se aprovechó de una ola para adelantar al que iba primero. Tardó media hora en hacer el recorrido. ¡Qué diferencia!

Bueno, ahora me toca dormir y descansar, buenas noches