No sé a vosotros, pero cuando pongo un comentario en el blogger y me piden que escriba el texto que ponen en la imagen, a veces lo ponen de tal forma que me es dificilísimo leerlo.
Dicen que la imagen es para evitar spam. La teoría de este mecanismo es que un programa no es capaz de descifrar la imagen, ya que para él no es más que un conjunto de puntos sin significado, y los algoritmos típicos para reconocer letras y números lo tienen difícil con estos tests. ¡Y tan difícil! Incluso un humano (o sea, yo) muchas veces no acierta y tiene que intentarlo dos, tres, o más veces.
Más que un mecanismo para evitar spam, esto es más un test de inteligencia. Lo que quiere decir que, el que me escriba un comentario a esta nota es alguien inteligente...
domingo, noviembre 26, 2006
domingo, noviembre 19, 2006
El Aliod
La visita de Carmen me ha hecho intentar saber más de mi apellido Aliod. Tras una búsqueda de internet, lo que he encontrado es lo siguiente.
Primero, un montón de páginas y enlaces sobre mí. ¡Ay que ver, qué vergüenza! Parece que esté contaminando todo el internet con mis páginas. ¡A ver si los motores de búsqueda aprenden a distinguir mejor información repetida! Bueno, basta de quejas y lamentos. Pero si nadie arregla esto tendré que pensar en un proyecto que solucione este tipo de problemas...
El segundo grupo más frecuente es el de la herramienta geológica de Daniel Aliod. ¡Dani, primo, si lees esto, sepas que me alegra que tu invención vaya tan bien!
Pero hay un grupo de páginas de web que me intriga. Es sobre la estación meteorológica El Aliod, en Argelia. Por ahora no he descubierto más que eso, que es una estación meteorológica en Argelia. Pero no sé dónde está exactamente, ni de dónde viene su nombre, ni si tiene algo que ver con mi apellido. Se me antoja pensar que, tal vez mi apellido es árabe. Al fin y al cabo empieza con Al, y testimonio de la relación árabe es esta estación meteorológica.
Nada, que si es así ya tengo un destino de peregrinación.
Primero, un montón de páginas y enlaces sobre mí. ¡Ay que ver, qué vergüenza! Parece que esté contaminando todo el internet con mis páginas. ¡A ver si los motores de búsqueda aprenden a distinguir mejor información repetida! Bueno, basta de quejas y lamentos. Pero si nadie arregla esto tendré que pensar en un proyecto que solucione este tipo de problemas...
El segundo grupo más frecuente es el de la herramienta geológica de Daniel Aliod. ¡Dani, primo, si lees esto, sepas que me alegra que tu invención vaya tan bien!
Pero hay un grupo de páginas de web que me intriga. Es sobre la estación meteorológica El Aliod, en Argelia. Por ahora no he descubierto más que eso, que es una estación meteorológica en Argelia. Pero no sé dónde está exactamente, ni de dónde viene su nombre, ni si tiene algo que ver con mi apellido. Se me antoja pensar que, tal vez mi apellido es árabe. Al fin y al cabo empieza con Al, y testimonio de la relación árabe es esta estación meteorológica.
Nada, que si es así ya tengo un destino de peregrinación.
martes, noviembre 14, 2006
¡Qué calor!
El fin de semana pasado fuimos a la playa de Tamarama. Era un dia especialmente caluroso, y la playa estaba abarrotada de gente. ¡Hacia tanto calor que la furgona de los helados se derritió!
Vale, es una broma. La foto es de una exposición anual de esculturas en la playa de Tamarama. Siendo gratis y al aire libre, la exposición es enormemente popular. Y lo mejor de todo es que muchas de las obras están diseñadas pensando en el entorno.
He puesto unas cuantas fotos en mi página de flickr, con la etiqueta "sculpturebythesea".
Espero que os gusten.
Vale, es una broma. La foto es de una exposición anual de esculturas en la playa de Tamarama. Siendo gratis y al aire libre, la exposición es enormemente popular. Y lo mejor de todo es que muchas de las obras están diseñadas pensando en el entorno.
He puesto unas cuantas fotos en mi página de flickr, con la etiqueta "sculpturebythesea".
Espero que os gusten.
martes, noviembre 07, 2006
La carrera que para a una nación
Hoy ha sido el día de la copa de Melbourne. Es una carrera de caballos que se celebra anualmente en Melbourne, pero no es una carrera cualquiera. Es la carrera que para a toda Australia. En todos los lugares la gente se arrima al televisor a ver la carrera, y todos, incluso aquellos que no apuestan, se deciden a apostar por un caballo. Y cómo saber a qué caballo apostar? Todos los periódicos sacan análisis y predicciones, y siempre está el entendido cerca que te puede recomendar.
Pero la mayoría de la gente, o por lo menos de los que conozco, simplemente apuestan como en la lotería. En nuestro departamento sacaron el proyector y proyectaron la carrera en la pared. Las secretarias organizaron las apuestas, y asignaban caballos a los apostadores por suerte. A mí me tocó un nombre no muy alentador: "Maybe Better", que quiere decir "tal vez mejor". Este caballo me ha costado un dólar para la apuesta, pero tal vez mejor no haberlo hecho... bueno, lo hecho hecho está.
Y empieza la carrera. Allí que ves un montón de caballos, y no hay manera de saber quién es quién. En toda la carrera no pude encontrar mi caballo, pero la carrera en sí fue muy disputada. En los últimos metros dos caballos se disputaban el primer puesto, y al final, el caballo ganador ganó por media nariz. Más emoción casi imposible.
Aparece el entrevistador a caballo, y le pone el micrófono al jinete del caballo ganador. "Muy feliz, muy feliz", es lo único que el jinete dice a cualquier pregunta del entrevistador. No dijo otra cosa que "muy feliz". Al final, el entrevistador desiste y le deja disfrutar de la victoria. Resulta que el caballo ganador y su jinete son japoneses y ninguno de los dos habla inglés. La carrera australiana por excelencia, ganada por un extranjero. Pero qué alegría que le dio a Mineko.
Se acabó la carrera, la gente vuelve al trabajo, y yo vuelvo a mi despacho. Al cabo de unos minutos una secretaria viene con un sobre con tres dólares. ¡Mi caballo ha conseguido el tercer puesto! Y yo sin poder encontrarlo. Bueno, tal vez mejor así, "Maybe Better".
Pero la mayoría de la gente, o por lo menos de los que conozco, simplemente apuestan como en la lotería. En nuestro departamento sacaron el proyector y proyectaron la carrera en la pared. Las secretarias organizaron las apuestas, y asignaban caballos a los apostadores por suerte. A mí me tocó un nombre no muy alentador: "Maybe Better", que quiere decir "tal vez mejor". Este caballo me ha costado un dólar para la apuesta, pero tal vez mejor no haberlo hecho... bueno, lo hecho hecho está.
Y empieza la carrera. Allí que ves un montón de caballos, y no hay manera de saber quién es quién. En toda la carrera no pude encontrar mi caballo, pero la carrera en sí fue muy disputada. En los últimos metros dos caballos se disputaban el primer puesto, y al final, el caballo ganador ganó por media nariz. Más emoción casi imposible.
Aparece el entrevistador a caballo, y le pone el micrófono al jinete del caballo ganador. "Muy feliz, muy feliz", es lo único que el jinete dice a cualquier pregunta del entrevistador. No dijo otra cosa que "muy feliz". Al final, el entrevistador desiste y le deja disfrutar de la victoria. Resulta que el caballo ganador y su jinete son japoneses y ninguno de los dos habla inglés. La carrera australiana por excelencia, ganada por un extranjero. Pero qué alegría que le dio a Mineko.
Se acabó la carrera, la gente vuelve al trabajo, y yo vuelvo a mi despacho. Al cabo de unos minutos una secretaria viene con un sobre con tres dólares. ¡Mi caballo ha conseguido el tercer puesto! Y yo sin poder encontrarlo. Bueno, tal vez mejor así, "Maybe Better".
domingo, noviembre 05, 2006
El primer dia de playa
Hoy ha sido el primer dia que me he atrevido ir a la playa a bañarme. Y ha sido todo un atrevimiento, os cuento.
Animado por la emoción de la carrera "City to Surf", me voy a apuntar a otra carrera clásica en Sidney. Pero esta vez es de natación, y es como la continuación de la otra carrera. La carrera empieza en la playa de Bondi, donde terminó la "City to Surf" y termina en la playa de Bronte. Estas son dos de las playas más carismáticas de Sidney, y los respectivos grupos de salvavidas se enorgullecen de ser los más antiguos del mundo. Pero me ando por las ramas, volvamos a mi historia.
La carrera es de unos 2 kilómetros y medio, rodeando las rocas que separan las dos playas, y es efectivamente una carrera a mar abierto. Las olas y corrientes pueden ser bastante fuertes, con lo que hay cierto riesgo. Los organizadores ofrecen cursos de entrenamiento para la carrera. Y yo, como no tengo muy claro que pueda nadar en mar abierto con las olas que puedan haber el dia de la carrera, me he apuntado. Hoy ha sido el primer día del entrenamiento.
Me parece que, solamente el atender y entrar en el agua es bastante como entrenamiento. El entrenamiento empieza a las 8 de la mañana, que ya es temprano, ya. Y hoy no era precisamente un día que apeteciese entrar en el agua. Lleva lloviendo varios días, y la temperatura máxima no llega a los 17 grados. Pero allí que fui. Solamente tengo cuatro semanas para entrenar, y quién sabe, igual el día de la carrera es tal y como este.
El mar estaba bastante agitado, y del cielo caía una llovizna fina. Fui el primero del grupo en llegar a la cita. Y mientras esperaba, no tenia claro si alguien vendría, si yo sería el único en atreverse a entrenarse. Ya empezaba a hacerme la ilusión de que no tendría que afrontar las olas y el frío. Je, je, ahora me río. El instructor llegó puntual, y poco a poco vinieron los participantes. A las ocho eramos unas diez personas, y todos aparentaban una forma mucho mejor que la mía.
Alguien del grupo preguntó si íbamos a entrar en el agua. ¡Por supuesto!, dijo el instructor. Y allí que fuimos, al agua. Yo, por si acaso, llevaba puesto un traje de neopreno que me compré un par de semanas antes para esta ocasión. Con el frío que hacía, bien que lo agradecí. Pero en cuanto entré en el agua me dí cuenta que el traje no era tan necesario. El agua estaba más caliente, es decir, menos fría que el aire, y se estaba muy a gusto dentro. Eso sí, las olas eran más grandes de lo que se veía desde la playa, y en total el entrenamiento fue muy útil, solamente por el esfuerzo que tenía que hacer para aguantar las olas mientras nadaba.
El entrenamiento consistía en practicar la entrada y la salida en el mar, con lo que nos pasamos la hora entera entrando, nadando hasta un pundo determinado, y saliendo otra vez. Los otros participantes, buenos nadadores, me adelantaban cuando nadábamos mar adentro. Pero yo, con mi experiencia de bodyboarder, les tomaba ventaja a la hora de salir porque me aprovechaba del empuje de las olas.
Y qué olas. En varias ocasiones me sentí como un trapo en una lavadora, dando vueltas con el empuje de las olas. Solo que esta lavadora, en vez de limpiar te llenaba las partes de arena.
Alguien preguntó al principio si el tiempo del día de la carrera fuese como hoy, si la carrera se haría. El entrenador dijo que el día de hoy es un día limite. Si las olas son un poco más grandes lo más normal es que se cancelara la carrera. Esto me alegró en sumo. Quiere decir que, si puedo sobrevivir estas olas, puedo hacer la carrera... es decir si no me muero del cansancio en el recorrido.
Al final de la sesión, ya exhausto, me sentí como un crío. Creo que esto del mar es lo mío. Se siente algo especial cuando uno está a merced de las olas, algo como si alguien especial, Gaia, te estuviera meciendo. Me he quedado prendido de esta sensación, es como si el invierno no hubiera existido, y la última vez que entré en el agua fuera la semana pasada. ¡Se abre la veda de playa!
Animado por la emoción de la carrera "City to Surf", me voy a apuntar a otra carrera clásica en Sidney. Pero esta vez es de natación, y es como la continuación de la otra carrera. La carrera empieza en la playa de Bondi, donde terminó la "City to Surf" y termina en la playa de Bronte. Estas son dos de las playas más carismáticas de Sidney, y los respectivos grupos de salvavidas se enorgullecen de ser los más antiguos del mundo. Pero me ando por las ramas, volvamos a mi historia.
La carrera es de unos 2 kilómetros y medio, rodeando las rocas que separan las dos playas, y es efectivamente una carrera a mar abierto. Las olas y corrientes pueden ser bastante fuertes, con lo que hay cierto riesgo. Los organizadores ofrecen cursos de entrenamiento para la carrera. Y yo, como no tengo muy claro que pueda nadar en mar abierto con las olas que puedan haber el dia de la carrera, me he apuntado. Hoy ha sido el primer día del entrenamiento.
Me parece que, solamente el atender y entrar en el agua es bastante como entrenamiento. El entrenamiento empieza a las 8 de la mañana, que ya es temprano, ya. Y hoy no era precisamente un día que apeteciese entrar en el agua. Lleva lloviendo varios días, y la temperatura máxima no llega a los 17 grados. Pero allí que fui. Solamente tengo cuatro semanas para entrenar, y quién sabe, igual el día de la carrera es tal y como este.
El mar estaba bastante agitado, y del cielo caía una llovizna fina. Fui el primero del grupo en llegar a la cita. Y mientras esperaba, no tenia claro si alguien vendría, si yo sería el único en atreverse a entrenarse. Ya empezaba a hacerme la ilusión de que no tendría que afrontar las olas y el frío. Je, je, ahora me río. El instructor llegó puntual, y poco a poco vinieron los participantes. A las ocho eramos unas diez personas, y todos aparentaban una forma mucho mejor que la mía.
Alguien del grupo preguntó si íbamos a entrar en el agua. ¡Por supuesto!, dijo el instructor. Y allí que fuimos, al agua. Yo, por si acaso, llevaba puesto un traje de neopreno que me compré un par de semanas antes para esta ocasión. Con el frío que hacía, bien que lo agradecí. Pero en cuanto entré en el agua me dí cuenta que el traje no era tan necesario. El agua estaba más caliente, es decir, menos fría que el aire, y se estaba muy a gusto dentro. Eso sí, las olas eran más grandes de lo que se veía desde la playa, y en total el entrenamiento fue muy útil, solamente por el esfuerzo que tenía que hacer para aguantar las olas mientras nadaba.
El entrenamiento consistía en practicar la entrada y la salida en el mar, con lo que nos pasamos la hora entera entrando, nadando hasta un pundo determinado, y saliendo otra vez. Los otros participantes, buenos nadadores, me adelantaban cuando nadábamos mar adentro. Pero yo, con mi experiencia de bodyboarder, les tomaba ventaja a la hora de salir porque me aprovechaba del empuje de las olas.
Y qué olas. En varias ocasiones me sentí como un trapo en una lavadora, dando vueltas con el empuje de las olas. Solo que esta lavadora, en vez de limpiar te llenaba las partes de arena.
Alguien preguntó al principio si el tiempo del día de la carrera fuese como hoy, si la carrera se haría. El entrenador dijo que el día de hoy es un día limite. Si las olas son un poco más grandes lo más normal es que se cancelara la carrera. Esto me alegró en sumo. Quiere decir que, si puedo sobrevivir estas olas, puedo hacer la carrera... es decir si no me muero del cansancio en el recorrido.
Al final de la sesión, ya exhausto, me sentí como un crío. Creo que esto del mar es lo mío. Se siente algo especial cuando uno está a merced de las olas, algo como si alguien especial, Gaia, te estuviera meciendo. Me he quedado prendido de esta sensación, es como si el invierno no hubiera existido, y la última vez que entré en el agua fuera la semana pasada. ¡Se abre la veda de playa!
jueves, noviembre 02, 2006
La visita de la cucaburra
Hace unos dias empezamos a tener una visita mejor bienvenida que el posum. Vinieron un par de cucaburras. Mineko fue corriendo a la nevera y les dio jamón york y queso, dos cosas que les encanta. Y sí, parece ser que les encantó, pues vinieron otra vez al día siguiente.
Por lo menos las cucaburras son carnívoras y no se nos comen las plantas. A ver si vienen más a menudo y espantan a los posums...
Me encanta la cucaburra. Es un martín pescador grande, casi tan grande como las urracas que intentan molestarla. Pero la cucaburra, siempre tan impasible, ni se inmuta. Simplemente se queda quieta, y ni se molesta en atacar a las urracas amenazadoras.
Es un ave con carácter. Su llamada tan característica, que suena como una risa, a veces esperpéntica, a veces aterradora, pero muchas veces simplemente una risa contagiosa que te hace al menos sonreir.
Ay, la cuca cucaburra. Hace un par de años una cucaburra se tomó el hábito de comer a expensas de los estudiantes del campus de Macquarie University, el lugar donde trabajo. Se quedaba esperando en lo alto de una sombrilla en la terraza del comedor, esperando, quieta, como solamente la cucaburra sabe hacer. Pero si algún estudiante despistado se dejaba el plato desprotegido, la cuca cucaburra, en un segundo se lanzaba sobre la mesa y se tomaba el filete de carne que el sorprendido estudiante estaba comiendo. Era la atracción del dia y el tema de tertulia a la hora de los postres. A todos nos entusiasmaba el atrevimiento de la cuca. A todos menos al pobre estudiante.
Por lo menos las cucaburras son carnívoras y no se nos comen las plantas. A ver si vienen más a menudo y espantan a los posums...
Me encanta la cucaburra. Es un martín pescador grande, casi tan grande como las urracas que intentan molestarla. Pero la cucaburra, siempre tan impasible, ni se inmuta. Simplemente se queda quieta, y ni se molesta en atacar a las urracas amenazadoras.
Es un ave con carácter. Su llamada tan característica, que suena como una risa, a veces esperpéntica, a veces aterradora, pero muchas veces simplemente una risa contagiosa que te hace al menos sonreir.
Ay, la cuca cucaburra. Hace un par de años una cucaburra se tomó el hábito de comer a expensas de los estudiantes del campus de Macquarie University, el lugar donde trabajo. Se quedaba esperando en lo alto de una sombrilla en la terraza del comedor, esperando, quieta, como solamente la cucaburra sabe hacer. Pero si algún estudiante despistado se dejaba el plato desprotegido, la cuca cucaburra, en un segundo se lanzaba sobre la mesa y se tomaba el filete de carne que el sorprendido estudiante estaba comiendo. Era la atracción del dia y el tema de tertulia a la hora de los postres. A todos nos entusiasmaba el atrevimiento de la cuca. A todos menos al pobre estudiante.
domingo, octubre 22, 2006
La venganza del posum

Vaya. O bien el posum que dejamos en otro lugar ha encontrado la forma de volver, o bien otro ha venido a tomar la venganza por su parte. El caso es que anoche tuvimos visita y se nos comió lo que más nos estimábamos. Hace unas semanas nuestra viña empezó a sacar flores en cantidad. Cada mañana mirábamos con alegría las flores que empezaban a aparecer, y mirábamos con ansia el día en que las flores se tornaran en uvas.
Todas las noches cubríamos la viña con una bolsa de plástico. Pero la viña empezaba a ser demasiado grande para la bolsa, y dejábamos parte fuera. Precisamente la parte que tenía las flores.
Pues ya no queda nada de las flores. Ahora igual tenemos que esperar al año que viene para tener uvas. Y el posum, el muy marrano, encima nos ha dejado un recuerdo oloroso.
domingo, octubre 15, 2006
Dia japonés
Ayer hicieron un festival japonés en Sidney. Bueno, más que un festival fue una colección de actuaciones populares, como las que hacen en los festivales japoneses.
Japón es un país especial en muchos aspectos, y uno de ellos es en sus festivales. Cada pueblo tiene su festival especial, y cada región tiene su forma de celebrarlo. Abundan los trajes llamativos, y los bailes populares son tan atractivos como distintos. Hay música, y tambores. En estos festivales lo que más se nota es el sentido estético, y sobre todo la energía de los participantes. Se ve una atmósfera de dedicación, disciplina, sensibilidad y pasión que raramente se ven en otras culturas.
Tuve la suerte de ver algunos de los bailes populares y grupos de tambores más conocidos, y verlos de cerca. De seguro que si los viera en Japón tendría que estar con otros muchos, todos cámara en mano, intentando capturar las imágenes.
Si quieres ver una selección de mis fotos, ve a mi página de flicker y busca con la etiqueta "matsuri", que es la palabra japonesa de fiesta.
Japón es un país especial en muchos aspectos, y uno de ellos es en sus festivales. Cada pueblo tiene su festival especial, y cada región tiene su forma de celebrarlo. Abundan los trajes llamativos, y los bailes populares son tan atractivos como distintos. Hay música, y tambores. En estos festivales lo que más se nota es el sentido estético, y sobre todo la energía de los participantes. Se ve una atmósfera de dedicación, disciplina, sensibilidad y pasión que raramente se ven en otras culturas.
Tuve la suerte de ver algunos de los bailes populares y grupos de tambores más conocidos, y verlos de cerca. De seguro que si los viera en Japón tendría que estar con otros muchos, todos cámara en mano, intentando capturar las imágenes.
Si quieres ver una selección de mis fotos, ve a mi página de flicker y busca con la etiqueta "matsuri", que es la palabra japonesa de fiesta.
domingo, octubre 08, 2006
Un visitante inesperado
Llevamos ya más de un año con problemas con los posums. El posum es un marsupial del tamaño de un gato, vegetariano y muy activo por las noches. Es muy ágil, vive en los árboles y se alimenta, me parece a mí, de cualquier planta que crezca en nuestra terraza. El verano pasado descubrimos en más de una ocasión que habíamos tenido visita. Unas veces se comía la mitad del perejil, otras veces la lechuga, y otras se comía los tomates. Y como postre, se daba un atracón de hojas de nuestro arce japonés.
Una vez que descubren que hay comida no hay manera de pararlos. En más de una noche he acabado persiguiéndoles con escoba en mano, pero no parece que les afecte en su conducta. Al final hemos tomado la costumbre de cubrir las plantas más apetecibles con bolsas todas las noches y descubrirlas por las mañanas.
Esta mañana Mineko ha descubierto un posum, ¡el muy pillo estaba durmiendo en el armario trastero de la terraza! El pobre estaba aterrado y soñoliento, ni se movía. Al final lo conseguimos poner en una caja y lo llevamos al parque más cercano.
Nada, a ver si aprende a buscarse la comida de una forma más natural. He de reconocer que su carita de pena daba lástima, espero que no le pase nada en su nuevo hogar...
Es de noche. Tengo que dejar de escribir, que tengo que proteger las plantas, no sea que tengamos otro visitante inesperado...
Una vez que descubren que hay comida no hay manera de pararlos. En más de una noche he acabado persiguiéndoles con escoba en mano, pero no parece que les afecte en su conducta. Al final hemos tomado la costumbre de cubrir las plantas más apetecibles con bolsas todas las noches y descubrirlas por las mañanas.
Esta mañana Mineko ha descubierto un posum, ¡el muy pillo estaba durmiendo en el armario trastero de la terraza! El pobre estaba aterrado y soñoliento, ni se movía. Al final lo conseguimos poner en una caja y lo llevamos al parque más cercano.
Nada, a ver si aprende a buscarse la comida de una forma más natural. He de reconocer que su carita de pena daba lástima, espero que no le pase nada en su nuevo hogar...
Es de noche. Tengo que dejar de escribir, que tengo que proteger las plantas, no sea que tengamos otro visitante inesperado...
miércoles, octubre 04, 2006
El cielo y el infierno culinarios, versión Sidney
En junio hablaba de mis aventuras culinarias en Nueva York. Bues bien, Acabo de encontrar una versión del cielo y el infierno culinarios en Sidney. Ayer, martes, Mineko y yo fuimos a comer a un restaurante japonés que nos gusta. Es un restaurante barato, para comidas ("lunch"), y que se especializa en "ramen", que es como una sopa de fideos con caldo de carne. Pero cuando llegamos descubrimos que los martes cierran. ¡Qué fastidio!
La calle es una especie de oasis japonés, y hay otro restaurante al lado mismo al que nunca habíamos ido. Su especialidad es el sushi, pero en vez de sushi (que al fin y al cabo se puede comer en tantos otros lugares) decidimos comer pollo (yo) y pescado (Mineko) con salsa de teriyaki. Pero ¡qué horror! La comida era incluso peor que la que probé en aquel horrendo restaurante de Brooklyn. El té y la sopa miso eran insípidos, el pollo grasiento, la salsa demasiado sabrosa, y el arroz, ¡para qué decir! Más que arroz parecía caucho. Agradecimos el que no pidiéramos sushi, porque si el arroz era tan malo, siendo el sushi básicamente arroz, nos habríamos dejado todo allí. Incluso Mineko, que nunca se deja el arroz, esta vez no pudo comerlo.
Y ahora llega el cielo. Hoy hemos ido a comer a un restaurante nuevo para nosotros. Es japonés, y se especializa en pescados. Yo me atreví a pedir pescado con salsa de teriyaki, para desquitarme el martirio teriyakiano de ayer, y Mineko pidió otro distinto que tiene forma como de sardina pero es mucho más grande. ¡Y qué diferencia! El té y la sopa miso estaban muy bien, el pescado era una delicia, nada de graso, y la salsa se complementaba bien con el pescado. La decoración era muy auténtica, y la mayoría de los clientes eran japoneses. Había momentos en que me sentía como en los restaurantes de Asahikawa, la ciudad natal de Mineko. Ah, me siento mejor.
Ahora, para acabar el día, vamos a cenar en casa hirashi-sushi, un sushi sin pescado (¡porque el sushi no es pescado crudo!) que nos encanta.
Nada, a cenar. Buenas noches.
La calle es una especie de oasis japonés, y hay otro restaurante al lado mismo al que nunca habíamos ido. Su especialidad es el sushi, pero en vez de sushi (que al fin y al cabo se puede comer en tantos otros lugares) decidimos comer pollo (yo) y pescado (Mineko) con salsa de teriyaki. Pero ¡qué horror! La comida era incluso peor que la que probé en aquel horrendo restaurante de Brooklyn. El té y la sopa miso eran insípidos, el pollo grasiento, la salsa demasiado sabrosa, y el arroz, ¡para qué decir! Más que arroz parecía caucho. Agradecimos el que no pidiéramos sushi, porque si el arroz era tan malo, siendo el sushi básicamente arroz, nos habríamos dejado todo allí. Incluso Mineko, que nunca se deja el arroz, esta vez no pudo comerlo.
Y ahora llega el cielo. Hoy hemos ido a comer a un restaurante nuevo para nosotros. Es japonés, y se especializa en pescados. Yo me atreví a pedir pescado con salsa de teriyaki, para desquitarme el martirio teriyakiano de ayer, y Mineko pidió otro distinto que tiene forma como de sardina pero es mucho más grande. ¡Y qué diferencia! El té y la sopa miso estaban muy bien, el pescado era una delicia, nada de graso, y la salsa se complementaba bien con el pescado. La decoración era muy auténtica, y la mayoría de los clientes eran japoneses. Había momentos en que me sentía como en los restaurantes de Asahikawa, la ciudad natal de Mineko. Ah, me siento mejor.
Ahora, para acabar el día, vamos a cenar en casa hirashi-sushi, un sushi sin pescado (¡porque el sushi no es pescado crudo!) que nos encanta.
Nada, a cenar. Buenas noches.
domingo, septiembre 24, 2006
Otra vez en Sidney
Vale, se acabó el viaje a Melbourne. Dicen que Melbourne ha ganado premios como la ciudad con mejor calidad de vida, y me lo creo. Tiene dos de las mejores universidades de Australia, una comunidad cosmopolita, parques por todas partes, cafés, teatros, y actividades para todos los gustos. El transporte público es "bueno, bonito y barato", y la gente parece mucho más alegre y dispuesta a sonreír que en Sidney.
Lo único que le falla es el tiempo. Dicen que en Melbourne te puedes encontrar las cuatro estaciones en un día. Hoy tocó el invierno, y nos pilló desprevenidos. Hacía frío, viento y lluvia y si no pillamos un resfriado es por suerte.
Bueno, ya estamos en Sidney. De vuelta al tráfico, los suburbios aburridos, y el calor. Las pobres plantas de nuestra terraza están sedientas, y los bonsais están los pobres que espero que salgan de esta. Ya veremos qué hacemos para irnos de vacaciones este verano, si ya hace tanto calor.
Lo único que le falla es el tiempo. Dicen que en Melbourne te puedes encontrar las cuatro estaciones en un día. Hoy tocó el invierno, y nos pilló desprevenidos. Hacía frío, viento y lluvia y si no pillamos un resfriado es por suerte.
Bueno, ya estamos en Sidney. De vuelta al tráfico, los suburbios aburridos, y el calor. Las pobres plantas de nuestra terraza están sedientas, y los bonsais están los pobres que espero que salgan de esta. Ya veremos qué hacemos para irnos de vacaciones este verano, si ya hace tanto calor.
sábado, septiembre 23, 2006
Una de griegos y de romanos
Ayer viernes fuimos de cena al barrio italiano, en la calle de Lygon. Es una calle llena de heladerías italianas, restaurantes y pizzerías. Caminas por la calle y te acosan los trabajadores de los restaurantes, intentando convencerte de que entres en su restaurante. Al final nos decidimos por un restaurante en el que el dueño jura que el suyo es el más genuinamente italiano, con la comida más fresca y barata del barrio. Total, que allí entramos. La comida italiana no es mi fuerte y no puedo decir que me gustara mucho. Al contrario, acabamos comiendo demasiado y llegamos a casa medio enfermos. La cena fue tanto que hoy apenas hemos desayunado y no hemos comido. ¡Qué empacho que tuvimos!
Hoy decidimos probar la comida griega. Fuimos al restaurante Stalactites, decorado, pues sí, con estalactitas de yeso. No había gente intentando atraerte al restaurante, supongo que porque era tan conocido. Pero la comida era deliciosa, y eso es lo que vale. Por una fracción del precio de ayer comimos como reyes griegos. Aún me estoy relamiendo.
Pero los dos restaurantes tienen el mismo problema. ¡Demasiada comida! Ahora entiendo por qué hay tantos gordos en Melburne.
Hoy decidimos probar la comida griega. Fuimos al restaurante Stalactites, decorado, pues sí, con estalactitas de yeso. No había gente intentando atraerte al restaurante, supongo que porque era tan conocido. Pero la comida era deliciosa, y eso es lo que vale. Por una fracción del precio de ayer comimos como reyes griegos. Aún me estoy relamiendo.
Pero los dos restaurantes tienen el mismo problema. ¡Demasiada comida! Ahora entiendo por qué hay tantos gordos en Melburne.
viernes, septiembre 22, 2006
Melbourne
Muchos países tienen sus dos ciudades rivales. En España, Madrid y Barcelona. En Japón, Tokio y Osaka. En Brasil, Rio y Sao Paulo. Pues bien, en Australia, las dos ciudades son Sidney y Melbourne. La rivalidad llegó a ser tal, que la capital de Australia la pusieron a medio camino entre las dos, para que ninguna tuviera preferencia.
Aprovechando una conferencia en Melbourne, Mineko y yo pasamos el fin de semana en la ciudad rival de Sidney. Y qué distinta que es de nuestra ciudad. Sidney tiene sus edificios archiconocidos, como la ópera y el puente sobre el puerto, y tiene sus playas y, sobre todo, su puerto. En cambio, Melbourne se precia de tener el edificio más alto del hemisferio sur, y la nave comercial más larga (también del hemisferio sur). Pero ni el uno ni la otra son realmente tan conocidos como la ópera de Sidney. Esto parece ser más bien cuestión de carácter. Sidney es la ciudad extrovertida, el centro turístico y comercial. Melbourne, en contra, es la ciudad de las artes, la cultura y el deporte. La ciudad misma tiene un aspecto más europeo que Sidney, que tiene un aspecto más americano. Mientras el transporte público en Sidney brilla por su ineficiencia, el transporte público de Melbourne parece una pieza de precisión traída de Suiza. ¡Tiene incluso tranvías!
Incluso la gente parece distinta. Melbourne fue en su tiempo la meca de la immigración a Australia. La consecuencia es que su comunidad griega es de las más grandes del mundo. También tiene su comunidad italiana y, cómo no, su barrio chino. Pero la gente parece más mezclada que en Sidney. Los immigrantes han tenido más tiempo de integrarse. Por ejemplo, da gusto oír a una persona entrada en años y de rasgos marcadamente chinos, y que hable un inglés con un acento australiano. En cambio, Sidney es el centro de immigración actual, es donde está el dinero, y los immigrantes son nuevos, frescos, con su cultura casi intacta de su país de origen.
Mientras que la impresión que Sidney me da es que es un pueblo grande, inmenso, pero un pueblo en sí, Melbourne tiene un aire de ciudad. Sidney, sí, tiene sus puntos turísticos, pero son eso, algo turístico. Melbourne, en cambio, parece ser una ciudad más, bien, más cívica. Vamos, que tiene su encanto.
Hubo un tiempo, durante la fiebre del oro, que Melbourne era una ciudad muy rica. Ahora el dinero está en Sidney. Pero la gente de Melbourne ha sabido sacar partido de su época dorada y conserva su alma de ciudad. A ver si Sidney aprende.
Aprovechando una conferencia en Melbourne, Mineko y yo pasamos el fin de semana en la ciudad rival de Sidney. Y qué distinta que es de nuestra ciudad. Sidney tiene sus edificios archiconocidos, como la ópera y el puente sobre el puerto, y tiene sus playas y, sobre todo, su puerto. En cambio, Melbourne se precia de tener el edificio más alto del hemisferio sur, y la nave comercial más larga (también del hemisferio sur). Pero ni el uno ni la otra son realmente tan conocidos como la ópera de Sidney. Esto parece ser más bien cuestión de carácter. Sidney es la ciudad extrovertida, el centro turístico y comercial. Melbourne, en contra, es la ciudad de las artes, la cultura y el deporte. La ciudad misma tiene un aspecto más europeo que Sidney, que tiene un aspecto más americano. Mientras el transporte público en Sidney brilla por su ineficiencia, el transporte público de Melbourne parece una pieza de precisión traída de Suiza. ¡Tiene incluso tranvías!
Incluso la gente parece distinta. Melbourne fue en su tiempo la meca de la immigración a Australia. La consecuencia es que su comunidad griega es de las más grandes del mundo. También tiene su comunidad italiana y, cómo no, su barrio chino. Pero la gente parece más mezclada que en Sidney. Los immigrantes han tenido más tiempo de integrarse. Por ejemplo, da gusto oír a una persona entrada en años y de rasgos marcadamente chinos, y que hable un inglés con un acento australiano. En cambio, Sidney es el centro de immigración actual, es donde está el dinero, y los immigrantes son nuevos, frescos, con su cultura casi intacta de su país de origen.
Mientras que la impresión que Sidney me da es que es un pueblo grande, inmenso, pero un pueblo en sí, Melbourne tiene un aire de ciudad. Sidney, sí, tiene sus puntos turísticos, pero son eso, algo turístico. Melbourne, en cambio, parece ser una ciudad más, bien, más cívica. Vamos, que tiene su encanto.
Hubo un tiempo, durante la fiebre del oro, que Melbourne era una ciudad muy rica. Ahora el dinero está en Sidney. Pero la gente de Melbourne ha sabido sacar partido de su época dorada y conserva su alma de ciudad. A ver si Sidney aprende.
miércoles, septiembre 13, 2006
Un nuevo pasatiempo
Con la llegada de la primavera, como dicen, la sangre se altera. Y a mí se me ha alterado de una forma extraña. De repente me ha dado por cultivar bonsais. Hace unas semanas Mineko y yo fuimos a una exhibición de bonsais, y la semana pasada incluso fuimos a un cursillo de bonsais. Solamente dos horas, pero disfrutamos de lo lindo preparando un bonsai cada uno. Aquí está el resultado. Este es el bonsai de Mineko, que le salió mejor que a mí. Bueno, bonsai es un decir, que tenemos que esperar lo menos 10 años para poder decir que realmente lo es.
Ya veremos lo que nos dura. La verdad es que da mucha ilusión seguir de cerca el crecimiento de un árbol en miniatura, y tomar decisiones acerca de su diseño. Unos dicen que es torturar el árbol, otros que es como querer ser como un dios que modifica un ser vivo a su antojo. A los primeros les digo que el árbol se tortura tanto como en un jardín, y que un bonsai puede durar mucho más que un árbol de tamaño natural. A los segundos les digo que no es tanto el ser como un dios (y al fin y al cabo muchos padres quieren que sus hijos sean como los padres quieren, ¿no?), sino el ver cómo se desarrollan, y estar pendientes de si sufren o no...
Ya enviaré más fotos dentro de 10 años.
Ya veremos lo que nos dura. La verdad es que da mucha ilusión seguir de cerca el crecimiento de un árbol en miniatura, y tomar decisiones acerca de su diseño. Unos dicen que es torturar el árbol, otros que es como querer ser como un dios que modifica un ser vivo a su antojo. A los primeros les digo que el árbol se tortura tanto como en un jardín, y que un bonsai puede durar mucho más que un árbol de tamaño natural. A los segundos les digo que no es tanto el ser como un dios (y al fin y al cabo muchos padres quieren que sus hijos sean como los padres quieren, ¿no?), sino el ver cómo se desarrollan, y estar pendientes de si sufren o no...
Ya enviaré más fotos dentro de 10 años.
martes, septiembre 12, 2006
Cómo enviar comentarios (segunda parte)
Pues parece ser que Google ha hecho una pifiada y si cambias tu blog de blogger a su nuevo formato (Blogger beta) , la gente que no está inscrita a Blogger beta no puede poner comentarios. Y encima yo no puedo poner comentarios a blogs que no son beta. Esto lo he "solucionado" creándome una cuenta fantasma de blogger (para los curiosos, aquí está, pero no pongas comentarios allí que igual no los leo).
Total, que si quieres poner un comentario en este blog y tienes problemas tendrás que ponerlo de forma anonima... ¡qué fastidio! Si tienes que escribir un comentario anónimo pon tu nombre, o usa algún método de identificación.
He tenido que permitir comentarios anónimos, y para evitar espám (¿o spam? ¡como se diga!) tienes que repetir las palabras que aparecen en el gráfico.
Lo de la segunda parte del título viene porque ya escribí otra entrada acerca de cómo poner comentarios...
Y repito, ¡qué fastidio!
Total, que si quieres poner un comentario en este blog y tienes problemas tendrás que ponerlo de forma anonima... ¡qué fastidio! Si tienes que escribir un comentario anónimo pon tu nombre, o usa algún método de identificación.
He tenido que permitir comentarios anónimos, y para evitar espám (¿o spam? ¡como se diga!) tienes que repetir las palabras que aparecen en el gráfico.
Lo de la segunda parte del título viene porque ya escribí otra entrada acerca de cómo poner comentarios...
Y repito, ¡qué fastidio!
lunes, septiembre 04, 2006
Hasta luego, cocodrilo
Hoy ha ocurrido algo trágico. Steve Irwin, llamado como el cazador de cocodrilos, ha muerto en acción. Steve era un hombre de acción y de pasiones. Todo el mundo en Australia le conocía, y en los últimos años era como un embajador de Australia. Era conocido como el cazador de cocodrilos por los programas de naturaleza-aventura que ha realizado durante gran parte de su vida. Mucho se ha hablado de sus programas espectaculares donde se colocaba a tiro de mandíbula de cocodrilos y otros animales peligrosos. Su forma de hablar, tan exagerada, como un niño que cuenta su película favorita, le hizo un favorito entre los niños y entre gente de otros países como el "australiano aventurero", tomando el relevo de Paul Hogan, el famoso "Cocodrilo Dundee" de los años ochenta.
Nadie puede negar su pasión por la naturaleza y, aunque en apariencia no temiera los animales peligrosos, era muestra de su gran conocimiento de las reacciones de los animales salvajes. Esto le hizo uno de los principales personajes australianos en defensa de la naturaleza.
Adios, Steve. Tus acciones tal vez llegaron demasiado lejos y una raya acabó con tu vida. Tal vez así es como quisiste acabar, en acción, como mi gran héroe de la naturaleza, Felix Rodríguez de la Fuente. Adiós, Steve, o, tal vez, hasta luego, cocodrilo.
Nadie puede negar su pasión por la naturaleza y, aunque en apariencia no temiera los animales peligrosos, era muestra de su gran conocimiento de las reacciones de los animales salvajes. Esto le hizo uno de los principales personajes australianos en defensa de la naturaleza.
Adios, Steve. Tus acciones tal vez llegaron demasiado lejos y una raya acabó con tu vida. Tal vez así es como quisiste acabar, en acción, como mi gran héroe de la naturaleza, Felix Rodríguez de la Fuente. Adiós, Steve, o, tal vez, hasta luego, cocodrilo.
domingo, septiembre 03, 2006
La primavera y el arce japonés



Este año la primavera ha llegado antes de lo esperado. ¡Bienvenida! Casi de repente las plantas de nuestra terraza han empezado a mostrar signos de vida. Y la planta más espectacular de todas es el arce japonés, que estos últimos días ha empezado a sacar hojas. Y es una maravilla ver cómo se desarrollan. Parece que, indecisas y sin saber qué forma tomar, van tomando diferentes formas hasta, después de una semana o así, la forma completa ya se puede distinguir. En un principio la hoja es anaranjada, para pasar a tomar su color verde. Es una hoja con múltiples puntas, y rodeada de flores diminutas.
Nuestro arce es un árbol pequeñito, o tal vez se podría decir que es un bonsai gigante, no sé. Pero el tamaño, de unos dos metros de altura, es ideal para nuestra terraza. ¡Qué agradecimos que estamos Mineko y yo de los vecinos, que se mudaron de casa hace un año y nos regalaron este árbol porque no se lo podían llevar!
Con un árbol así se pueden apreciar las cuatro estaciones sin moverse de casa.
jueves, agosto 17, 2006
10 canoas
Así empieza la narración en la película "10 canoas". Esta es una película diferente. Es una película hecha por australianos (de los de antes de que llegaran los europeos) acerca de algo que ocurrió hace muchos, muchos años. Algo que se pasó de boca en boca a través de incontables generaciones. Pero, mientras ves la película, te das cuenta de que la historia, en el fondo, trata de temas universales y que siguen siendo relevantes ahora. La historia exacta, tal y como la cuentan en la película, puede que no haya ocurrido nunca. No importa. La historia en sí y el mensaje que lleva es lo que importa. Se trata de cómo convivir, de cómo crecer y hacerse adulto, y de cómo respetar a los demás.
Añade a esto la fotografía, y sobre todo, la narración, y la película se hace inolvidable. El narrador es David Gulpilil, famoso actor australiano. Esta película, aun con su fotografía impresionante, se podría disfrutar sin verla, solamente con oirle hablar. Te hace tener ganas de escuchar más historias, sentado junto al fuego, acerca de los nativos australianos, sus costumbres y sus creencias.
Si tienes ganas de ver algo distinto, si quieres escaparte de las películas de Hollywood, tienes que ver esta película. Muestra una cultura y un modo de ver la vida que alguien podría clasificar de atrasado. Atrasado tal vez en lo material, pero no en lo humano. Y eso es lo que importa.
lunes, agosto 14, 2006
Una marea roja



El domingo pasado ha sido un día especial. Más de 63.000 personas se juntaron en el centro para correr desde la ciudad hasta la playa, una distancia de 14 kilómetros. Es el día del "city to surf". Según los organizadores de la carrera, se batió el récord de la carrera cronometrada con más participantes del mundo. Bueno, no sé si llamarlo carrera, la verdad, pues la mayoría de la gente no se esforzó en correr. Tal y como se supone que dijo Pierre de Coubertin, el fundador de los juegos olímpicos modernos, "lo importante es participar". A la gente no le interesaba tanto el ganar o ni siquiera el superarse. Más bien, de esa manera tan australiana, la gente se apuntó a la fiesta contínua y el espectáculo de ver a tanta gente participar, y estar en el medio de todo.
Esta es la cuarta vez que participo en esta carrera tan especial. Sí, hubo un ganador, que tardó poco más de 40 minutos en correr los 14 kilómetros. Mi "marca personal" es de poco más de dos horas, pero esta vez Mineko y yo fuimos más relajados y tardamos algo así como 2 horas y 40 minutos. La verdad es que no se podía correr, pues había tanta gente caminando que era difícil adelantar mucho.
Y es que este evento es algo que no me puedo perder. De los 63.000 participantes, algunos de ellos van disfrazados de supermán, de gorila, de señal de tráfico, ... de todo aparece. Y luego están los que animan a los participantes. Con música para deleitarnos (o hacernos sufrir), con agua de manguera para refrescarnos, con la barbacoa encendida para tentarnos,... Y este año, los organizadores pensaban hacer una foto desde el espacio, a ver si se puede ver la carrera. Repartieron gorras rojas, y esperaban que en la foto se viera una línea roja de 14 kilómetros de longitud. La foto no la han puesto en la red aún, a ver cuándo la ponen. Si realmente se ve la línea del espacio, los extraterrestres tal vez creerán que han descubierto un gusano gigante de 14 kilómetros de longitud...
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