domingo, diciembre 17, 2006

Cruzando la frontera


La mañana amanece sorprendentemente tranquila después del concierto de anoche. Mi intención era ir a ver la salida del sol, pero nada, dormí demasiado, otra vez será. Al final salimos del hotel más bien tarde, a las 10 y veinte, y nos pasamos la mañana conduciendo de aquí para allá siguiendo la costa. Es la costa del zafiro, una zona con muchas lagunas de agua de mar donde aprovechan para criar ostras. Al final, tras mucho mirar, paramos a comer ostras en una factoría, un poco turística pero las ostras estaban deliciosas. ¡Por fín, ostras! A la gente de Sidney les gusta las ostras rebozadas y con bacon. Mineko y yo las preferimos al natural, crudas, sin nada que les oculte su sabor delicado, simplemente con un chorrito de limón. Las ostras de esta zona son más bien pequeñas, tienen un sabor un poco salado por el agua del mar, y no necesitan de ninguna salsa ni adorno.

Después de la comilona de ostras toca conducir al siguiente destino. La carretera cruza la frontera, atravesando un bosque enorme de eucaliptos de todos los tamaños, y sin un alma. La carretera es toda para nosotros. A medida que entramos en Victoria, el estado de Melbourne, entramos en una tenue nube de humo. Es la señal de que nos acercamos a uno de los incendios supergigantes que están arrasando varias partes de Australia. El incendio está a varios cientos de kilómetros tierra adentro, pero el humo llega hasta aquí.

Acabamos en una zona de lagos en la costa sur de Australia, en el poblado Lakes Entrance. Es una especie de centro de turismo regional, donde encontramos un motel muy barato, 45 dólares australianos para una habitación con cama doble y dos literas, desayuno incluído, y con dólares de descuento para la cena del club de "bowls" local. Llegamos al club a la puesta del sol, un sol rojo y tenue por el humo del incendio lejano. La cena fue más bien insípida, pero barata. No tan buena como la de aquel club de la costa del zafiro.

sábado, diciembre 16, 2006

Viaje a Tasmania, primer día


Bueno, eso de viaje a Tasmania es todavía un decir. La primera parte consiste en llegar a Melbourne en coche, bordeando la costa. Este es el primer día del viaje, más o menos aburrido, pues esta parte de Australia ya la hemos visitado. Lo único que vale la pena destacar es el pueblo de Kiama, que tiene un "blowhole", un agujero en las rocas que cuando el mar está un poco agitado se convierte en un surtidor de agua espectacular. Las otras veces que lo hemos visitado el mar estaba muy tranquilo, pero esta vez el surtidor echaba agua a varios metros de altura. Y lo mejor de todo es el ruido de las olas al pasar por entre el agujero.

Pero es interesante ver cómo la carretera se hace cada vez más estrecha y con menos tráfico, hasta que por fin el paisaje se hace rural, a través de bosques de eucaliptos por aquí, o a través de campos de ganado vacuno por allá.
La intención era pasar noche en unas cabinas que encontramos en un viaje anterior. Era un lugar más o menos barato, al lado de la desembocadura de un río, muy tranquilo, y lo mejor de todo, el club de al lado servía unas ostras deliciosas.

El tal club es un club rural de "bowls", que es un juego muy parecido a la petanca y al que los jubilados son tan aficionados. En ese club sirven comidas baratas, como en la mayoría de clubes deportivos, y como esta zona está rodeada de criaderos de ostras, eran la especialidad de su comedor.

El problema es que no me acordaba del lugar exacto. Mirando en el mapa me pareció reconocer el lugar, y allí que fuimos. Después de siete horas de viaje (es que conduzco lento y paramos en tres lugares para hacer fotos) llegamos al lugar y descubrimos que no era ése. Al final llegamos a la conclusión de que habíamos pasado el lugar, y en vez de volver atrás (y tal vez no encontrarlo) seguimos adelante, hasta el pueblecito de Bermagui. Acabamos en el hotel del lugar, lugar de reunión de los lugareños y, siendo sábado, con actuación en directo, esta vez de rock.
Y aquí estamos, en la habitación, donde cenamos los restos de comida que hemos traído de casa (delicioso, comida japonesa cocinada por Mineko esta mañana), al compás de música de Chuck Berry y Dire Straits. ¡Oh yeah!

viernes, diciembre 15, 2006

Hasta el año que viene


Nos vamos de viaje, esquivando incendios, en busca de un lugar apartado y solitario perdido en Tasmania. Espero que el resto de Australia no piense lo mismo que nosotros, que igual Tasmania se hunde del peso.

Vale, felices navidades y próspero año nuevo. La foto es idea y obra de Mineko, con la ayuda de un transeunte al que convencimos de que nos fotografiara.

jueves, diciembre 14, 2006

Las vacaciones a la vuelta de la esquina

Vacaciones de verano, ¡por fin! Este año me tomo las vacaciones un poco antes. Los exámenes acaban de terminar, no me queda más que hacer, solamente preparar el viaje. El plan es tomar el coche y conducir adonde las ruedas nos lleven. Eso sí, tenemos que llegar a Tasmania. Ya hemos comprado el billete del barco que conecta Melbourne con Tasmania. Salimos dentro de dos dias, y recorreremos la costa hasta llegar a Melbourne. De allí tomamos el barco, y seguimos por Tasmania.

La otra vez que fuimos a Tasmania nos entusiasmó enormemente, sobre todo la zona del noreste. El noreste es una zona no muy visitada, y tiene su encanto. La zona de la bahía de los fuegos fue especial, pero solamente estuvimos un dia. Esta vez tenemos pensado quedarnos una semana.

Llevaremos las gafas de buzo, aletas, tablas de bodyboarder, cámaras de foto, tienda de campaña... aun no tenemos claro si nos cabrá todo en el coche... ¡lo sabremos dentro de dos días!

El problema más grande será el evitar los fuegos. Estos días Australia está ardiendo por todas partes. El verano ha empezado pronto y con mucho calor, y las plantas australianas son especialmente pirófitas. El resultado de esto es una oleada de incendios que está arrasando zonas muy cercanas a lo que queremos visitar.

Bueno, a ver si el fuego nos deja algo que podamos ver.

Así que...

Hasta el año que viene, ¡y que disfrutéis de las vacaciones de Navidad!

miércoles, diciembre 06, 2006

En el mar



La carrera ha empezado. Me pongo las gafas de nadar y corro al agua entre la gente de mi grupo, los gorros morados. Enfrente están las olas amenazadoras, cuesta incluso entrar en el agua sin que las olas te expulsen fuera. Pero usando las técnicas que aprendí en los entrenamientos, me echo al agua y me agarro a la arena del fondo cuando llega una ola con fuerza. Así, poco a poco, entro más adentro. El agua está caliente y vibrante, con vida propia.

Durante los primeros metros, más que nadar lo que hago es evitar que las olas me arrastren. La gente a mi alrededor tiene sus problemas para avanzar. Yo sigo con mi empeño, mar adentro, donde las olas son cada vez más grandes.

La primera boya está enfrente, moviéndose al compás de las olas que furiosamente rompen contra ella. Tras mucho esfuerzo consigo llegar a la boya, y un poco más allá las olas ya no rompen. Estoy en aguas profundas, ya no hay peligro de que una ola me arrastre de nuevo a la playa, ahora toca el turno de nadar rítmicamente y controlando la respiración.

Bueno, eso de controlar la respiración es un decir. Las olas no me dejan coger el ritmo, y peor aún, no me dejan ver dónde está la segunda boya. Pero puedo ver a otros nadadores y me decido a seguirlos. Si me pierdo, nos perdemos todos juntos.

Por fin las olas se convierten en una especie de mecedora, y puedo nadar controlando la respiración, rítmicamente, mar adentro, en busca de la segunda boya. Nado lento, y pronto el grueso de mi grupo se pone por delante. Estoy solo, en el mar. Pero no tengo miedo. Quizás porque sé que, aunque no los vea, los de salvamento están cerca, vigilantes. Quizás porque el mar está tan turbio que no veo ningún ser vivo debajo de mí. Me consuela pensar que los tiburones no se acercan a la costa en días fríos como este, o por lo menos eso me gusta creer.

Por fin aparece la segunda boya. Me da la impresión que nado más rápido que en los entrenamientos, porque en unos instantes la boya se queda atrás, mecida por las olas. Sigo nadando, hacia adelante, intentando tomar la estela de los que me adelantan. Pero sin suerte, ¡nado demasiado lento!

Pronto llega la avanzadilla del grupo siguiente, el de los gorros verdes. Los primeros nadan como torpedos, es asombroso lo rápido que llegan a nadar. Yo, a mi paso, que tarde o temprano llegaré.

Mi primera alegría llega cuando descubro gente del grupo anterior al mío, y los adelanto. ¡Si hasta nado más rápido que alguien!

Las olas se hacen más grandes, me estoy acercando a la punta del mirador. Más que un mar esto parece una montaña rusa. Las olas tan grandes me impiden ver la siguiente boya. No veo incluso la gente a mi alrededor. No hay salvavidas, nadie. Y el ejercicio empieza a cansar. No sé si habré llegado al primer kilómetro, pero el esfuerzo de nadar contra las olas se empieza a notar. Estoy desorientado, perdido, cansado.

De repente, ¡zas! siento como si un alambre al rojo vivo me golpea un brazo, después una pierna. ¡Una medusa! Por el dolor de la picadura debe de ser una "blue bottle", una botella azul. Es una medusa pequeña pero con tentáculos de varios metros. La picadura es muy dolorosa, y es la razón principal por la que llevo puesta la camiseta. Doy gracias a la camiseta, pues la medusa solamente me ha tocado el brazo y la pierna, pero ¡cómo escuece! No tengo claro si la medusa se me ha enganchado, si es así no habrá manera de quitármela sin tocarla, y mi carrera termina aquí, antes de llegar a la mitad del recorrido. Me miro los brazos y piernas y no veo nada. El dolor persiste, pero parece ser que la medusa se ha ido.

Intento seguir nadando siguiendo el ritmo, pero la interrupción que ocasionan las olas y el escozor de brazo y pierna me lo ponen difícil. Y encima sigo sin saber dónde está la siguiente boya. Y ahora, ¿qué hago?

Me adelanta un gorro verde, y otro, y otro. Y por fín veo la boya a lo lejos, entre las olas. Ahora sé por dónde ir. Me siguen adelantando gorros verdes, la parte principal del grupo está a punto de adelantarme. Y esto me da más ganas de seguir. Yo que creía estar solo, de repente estoy en medio de multitud de gente. Hay tanta gente que algunos me arrollan con su empuje, y cuando llego a la boya, más que un mar esto parece la piscina de Dee Why. Menuda carrera de obstáculos. Resulta que esta es la boya principal, la que marca el final del cabo donde está el mirador. Ahora hay que girar a la derecha, y todos los nadadores toman la boya como referencia. Cómo la veían, no lo sé, pero todos coinciden aquí y luego giran a la derecha. Yo hago lo mismo.

Ahora todo ha cambiado. Las olas dan de lado y no de frente. El empuje me hace ir hacia el acantilado, y de vez en cuando tengo que corregir mi trayectoria para no desviarme. Pero por lo menos se ven las otras boyas, y a lo lejos se ve la playa de Bronte, el destino.

Sigo nadando, más cansado, y con más dificultad por las olas. Como dan de lado, no me dejan tomar aire como quisiera. El mar sigue turbio, no se ve nada. Esta es la zona en la que esperaba ver la fauna marina, pero aquí no se ve nada.

El cansancio causado por las olas empieza a hacerme difícil avanzar, pero ahora estoy a mitad de camino. No hay vuelta atrás, hay que seguir. Pero ¿cómo? La respuesta me viene por delante, cuando adelanto a alguien que va más lento que yo porque nada a braza. Si él lo hace, ¿por qué no yo? Cambio a braza, y esto me da fuerzas. Nadar a braza es mucho más relajado, aunque se vaya lento. Pero a mí me parece que estaba tan cansado que nadando a braza iba más rápido.

Y así sigo, cambiando de estilos. ¡Incluso veo a alguien que nada de espaldas! Pero nadar de espaldas no se me da bien a mí, y además no se ve el camino. Mejor sigo a braza. Y entonces es cuando empiezo a disfrutar de la natación. En medio del mar, mecido por las olas, nadando a braza o al estilo normal, sigo adelante. Estoy cansado, pero puedo seguir. Paso otra boya, y otra, y otra.

La playa de Bronte se marca delante de mí cada vez más clara. Y por fin veo la última boya delante de mí. Esto me da ánimo, nado más fuerte, con empeño, alternando entre la braza y el estilo normal. Aparecen más y más salvavidas, llego a la parte final. En la boya me dicen que tengo que girar y nadar directamente hacia la playa, o eso creo oír. La playa parece estar a unos doscientos metros, eso no es nada, y las olas ¡por fín! me empiezan a ayudar. Pero ¡ay! las olas en Bronte son más grandes que en Bondi, y rompen hacia un lado donde hay rocas. No puedo simplemente dejarme llevar, tengo que corregir mi recorrido, seguir nadando.

Llega una ola gigante por detrás, la intento tomar pero me faltan fuerzas para acelerar. Total, que la ola me toma a mí, me revuelca, me hace girar en todas las direcciones, hasta que al final se cansa y me deja sacar la cabeza al aire. Medio atolondrado sigo avanzando, hasta al final tomar tierra. ¡Ya estoy casi! Pero la corriente es tan fuerte que aun me cuesta acabar los últimos metros.

Por fin llego a la playa, y me doy cuenta que he perdido el gorro en los últimos metros. Uno de los voluntarios se me acerca y me da un gorro azul. "Aquí está tu gorro", me dice. "¡Pero si mi gorro era morado!" respondo. Pero no me oye, se va y me deja en la playa, con un gorro que no es mío.

Ah, pero aún no he llegado a la meta. Me quedan unos veinte metros hasta llegar al final. Camino hacia la meta, y oigo aplausos y voces de ánimo. Y para no defraudarlos, en contra de todos mis deseos, empiezo a correr hasta llegar al final.

¡Por fín! He cumplido mi objetivo. La odisea ha terminado. Y la verdad es que he disfrutado. He nadado más de dos kilómetros en un mar embravecido, he sufrido la picadura de una medusa, ¡pero aún así lo he hecho en menos tiempo de lo que pensaba!

Al final, he tardado 1 hora, 19 minutos, 50 segundos, y mi puesto es el 796 de un total de 831. Bueno, no he sido el último, y ahora tengo una marca a batir el año que viene.

Acabo de leer el reporte de la carrera, parece ser que la recta final fue muy emocionante y el ganador se aprovechó de una ola para adelantar al que iba primero. Tardó media hora en hacer el recorrido. ¡Qué diferencia!

Bueno, ahora me toca dormir y descansar, buenas noches

domingo, diciembre 03, 2006

El día de la carrera

Por fin, el dia de la carrera llegó. He estado preparándome durante varias semanas para esto. Y la verdad es que promete ser difícil. Hace más frío de lo normal, y ha estado lloviendo durante los dos últimos días. Puede que el mar esté difícil.

Llegamos a Bondi con antelación. Echo un vistazo desde el mirador que separa Bondi de Bronte, y la verdad es que el asunto está difícil. Las olas rompen en el acantilado con fuerza, y todo es ver olas. No, si al final, después de tanta preparación, no hay carrera.

En el punto de registro reconozco a uno de los compañeros de entrenamiento. Me dice que sí que hay carrera, pero él no sabe si se va a atrever a participar. Teniendo en cuenta que la semana pasada hizo tres kilómetros en una carrera en Coogee, lo que dice me hace pensar. Pero al final me decido. Si hacen la carrera, yo me apunto.

Entro en la sala de registro y me dan un gorro de natación de color morado. Qué color más inconveniente, casi del mismo color que el mar. Si me pierdo entre las olas no habrá nadie que me encuentre. También me ponen una tobillera con un chip. El chip lo usarán para determinar la duración de mi odisea. Porque parece que, más que una carrera de placer, esto va a ser una lucha con el mar. Y ya se sabe, el que lucha contra el mar nunca gana si el mar no quiere.

El lugar se empieza a llenar de gente, muchos de ellos ansiosos, sin tener claro si participar o no. Hace frío y viento, y las olas juegan en contra del recorrido. Veo una cara conocida entre la gente. Es un compañero de trabajo, ¡qué casualidad! "¿De modo que tú también eres un nadador?", me pregunta. No sé qué contestar, pues yo no me llamaría nadador, suena demasiado profesional y yo, realmente solamente llevo cuatro semanas en esto. Me cuenta que él no tiene claro aún si va a participar.

Otra persona se acerca. Es una veterana que ha hecho la carrera en otras ocasiones, pero esta vez no se atreve a participar. Me pregunta acerca de mi experiencia en natación, y le respondo que esta es mi primera vez que nado esta distancia. Me mira con una cara como de preocupación. Me dice que, con el frío que hace, mejor que me caliente por dentro con alguna bebida caliente. También me recuerda que, si necesito ayuda, no tengo más que levantar el brazo y alguien vendrá a rescatarme. Esto me lo dice varias veces, insistiendo en lo de levantar el brazo si me encuentro con problemas.

Mi mente empieza a flaquear. ¿Realmente es una buena idea el hacer la carrera? Me acuerdo de mi experiencia durante las semanas pasadas. En ninguna ocasión llegué al tope de mi rendimiento, podría haber nadado más si hubiera querido. Esto me reconforta. Nadar no me cansa demasiado. Sé que, si realmente me canso, puedo cambiar de estilo y seguir a braza. Y sé de seguro que los salvavidas son gente de fiar, se puede contar con ellos. También sé moverme entre las olas, y el entrenamiento de los domingos se centraba en eso, en nadar entre las olas. Tal vez no sea rápido nadando, pero confío en mis fuerzas.

El momento de la salida se acerca. Me quito la chaqueta y me pongo la camiseta de protección por si las medusas. ¡Qué frío que hace! Me reconforta el saber que el agua estará más caliente que el aire, pero mientras espero, habrá que soportar el frío. El altavoz avisa de la situación del mar. La carrera se va a hacer, pero recomiendan a los nadadores que tengan cuidado y que, si no están seguros de su capacidad, que desistan de intentarlo. Por lo pronto, prohíben que participen menores de 15 años por la dureza de la carrera.

Pero mi parte aragonesa se empeña en participar.

Empieza la carrera. Primero sale la clase élite. Me doy cuenta que, incluso los nadadores de élite tienen problemas para atravesar la muralla de olas y algunos se desvían de curso, tal vez por la corriente, tal vez porque buscan la zona con menos olas.

Después de la clase élite salen los demás, en grupos según las edades. Mi grupo es de los últimos y me dedico a ver la suerte de los que han empezado. Si los de élite tenían problemas con las olas, para los regulares las olas son una verdadera muralla. Descubro con asombro que algunos de los nadadores desisten del intento y abandonan la carrera en los primeros metros.

Pero algo dentro de mí me dice que tengo que hacerlo. No es cuestión de honor, es el destino. El mar me llama y he de acudir. Me dejaré llevar por las olas, sin intentar luchar contra el mar. Si el mar quiere, llegaré a mi destino. Si no, bueno, daré algo de trabajo a los salvavidas.

Llega mi turno. Stephen, el director de la carrera y el que nos enseñó los trucos para nadar en estas playas durante los entrenamientos de los domingos, está en el punto de salida con el silbato en los labios. "¿Estáis listos?", pregunta "¡Sí!", responden los de mi grupo. "¡Adelante!" Suena su silbato y corro con los de mi grupo hacia el agua.

El mar espera.

(continuará)

domingo, noviembre 26, 2006

Entrenamientos en la playa

La carrera de natación es este domingo. Durante todos los fines de semana de este mes de noviembre he estado entrenando para la carrera, ahora ya está aquí, a ver si el entrenamiento ha servido para algo.

Y la verdad es que he disfrutado de lo lindo. Me he dado cuenta que nadar largas distancias no es tan difícil y no cansa tanto como pensé. Bueno, corrijo esto. No cansa tanto mientras nadas, y en todas las ocasiones, siempre llegaba a mi objetivo (un kilómetro la primera semana, kilómetro y medio la segunda, y dos kilómetros la semana pasada), y podría hacer más si quisiera. Pero el cansancio llegaba un par de horas después, ¡y con venganza! Pero que me quiten lo bailao, como dicen.

Los sábados entrenaba en la piscina de Dee Why para practicar resistencia. Nunca me han gustado las piscinas, no soporto el cloro, pero esta piscina es especial. La piscina es al aire libre, tallada en las rocas mismas y llena con agua del mar. Bueno, lo cierto es que esta piscina no es tan especial, hay una piscina así casi en cualquier playa de Sidney, y muchas de ellas, ésta incluída, tienen dimensiones olímpicas. Así da gusto practicar natación.

La semana pasada no pude nadar en la piscina, pues el día era tan bueno que la piscina estaba atiborrada de gente, y más que natación haría carrera de obstáculos. Con lo que hice la práctica en el mar mismo... qué diferencia. En vez de ver una línea negra en el suelo mientras nadaba, daba la impresión de estar en el equipo de Cousteau. Y yo sin saberlo, pero las rocas de Dee Why están llenas de vida, algas, peces y erizos. Fue todo disfrutar del espectáculo marino, hasta que se me ocurrió pensar que, si hay peces pequeños y grandes, también puede haber peces que se comen a esos peces, y tiburones que se comen a todos, y entonces mi disfrute pasó a miedo. Yo estaba allí, nadando, solo, en aguas con profundidad de varios metros, ¿y tal vez hay alguien o algo mirándome? En más de una ocasión me paré en seco, creyendo ver un movimiento sospechoso cerca de mí, solamente para descubrir que era el agua que mis movimientos mismos hacían salpicar. Por si acaso me acerqué a las rocas, pero el miedo acabó conmigo y decidí volver a la playa. En total hize como un kilómetro y medio. A la vuelta la piscina estaba casi vacía con lo que pude acabar mis dos kilómetros en aguas más tranquilas.

Pero, pasado el miedo, lo que me queda es el gusto de haber visto tantos peces y rocas. Dicen que el paisaje submarino durante el trayecto de la carrera es una maravilla. Pero también dicen que en la zona hay rayas (sí, como la que acabó con la vida de Steve Irwin, el cazador de cocodrilos) y no hace mucho que vieron un tiburón. Sí medio muerto, me dijeron, pero un tiburón al fin y al cabo. Me consuela pensar que en el día de la carrera la zona estará vigilada, y habrá tanta gente nadando que ya sería mala suerte que el bicho se decidiera por mí.

Ah, pero ¿y las medusas? Por si acaso me he comprado una camisa, que algo hará.

Bueno, la carrera es dentro de dos días. ¿Cómo será? ¿Disfrutaré del paisaje? ¿Me cansaré tanto que no podré ver nada? ¿Me entrará pánico de ver un pez gigante nadando sospechosamente cerca de mí?

Bueno, pronto lo sabré.

Un nuevo test de inteligencia

No sé a vosotros, pero cuando pongo un comentario en el blogger y me piden que escriba el texto que ponen en la imagen, a veces lo ponen de tal forma que me es dificilísimo leerlo.

Dicen que la imagen es para evitar spam. La teoría de este mecanismo es que un programa no es capaz de descifrar la imagen, ya que para él no es más que un conjunto de puntos sin significado, y los algoritmos típicos para reconocer letras y números lo tienen difícil con estos tests. ¡Y tan difícil! Incluso un humano (o sea, yo) muchas veces no acierta y tiene que intentarlo dos, tres, o más veces.

Más que un mecanismo para evitar spam, esto es más un test de inteligencia. Lo que quiere decir que, el que me escriba un comentario a esta nota es alguien inteligente...

domingo, noviembre 19, 2006

El Aliod

La visita de Carmen me ha hecho intentar saber más de mi apellido Aliod. Tras una búsqueda de internet, lo que he encontrado es lo siguiente.

Primero, un montón de páginas y enlaces sobre mí. ¡Ay que ver, qué vergüenza! Parece que esté contaminando todo el internet con mis páginas. ¡A ver si los motores de búsqueda aprenden a distinguir mejor información repetida! Bueno, basta de quejas y lamentos. Pero si nadie arregla esto tendré que pensar en un proyecto que solucione este tipo de problemas...

El segundo grupo más frecuente es el de la herramienta geológica de Daniel Aliod. ¡Dani, primo, si lees esto, sepas que me alegra que tu invención vaya tan bien!

Pero hay un grupo de páginas de web que me intriga. Es sobre la estación meteorológica El Aliod, en Argelia. Por ahora no he descubierto más que eso, que es una estación meteorológica en Argelia. Pero no sé dónde está exactamente, ni de dónde viene su nombre, ni si tiene algo que ver con mi apellido. Se me antoja pensar que, tal vez mi apellido es árabe. Al fin y al cabo empieza con Al, y testimonio de la relación árabe es esta estación meteorológica.

Nada, que si es así ya tengo un destino de peregrinación.

martes, noviembre 14, 2006

¡Qué calor!


Molten ice van
Foto subida por MollaAliod.
El fin de semana pasado fuimos a la playa de Tamarama. Era un dia especialmente caluroso, y la playa estaba abarrotada de gente. ¡Hacia tanto calor que la furgona de los helados se derritió!

Vale, es una broma. La foto es de una exposición anual de esculturas en la playa de Tamarama. Siendo gratis y al aire libre, la exposición es enormemente popular. Y lo mejor de todo es que muchas de las obras están diseñadas pensando en el entorno.

He puesto unas cuantas fotos en mi página de flickr, con la etiqueta "sculpturebythesea".

Espero que os gusten.

martes, noviembre 07, 2006

La carrera que para a una nación

Hoy ha sido el día de la copa de Melbourne. Es una carrera de caballos que se celebra anualmente en Melbourne, pero no es una carrera cualquiera. Es la carrera que para a toda Australia. En todos los lugares la gente se arrima al televisor a ver la carrera, y todos, incluso aquellos que no apuestan, se deciden a apostar por un caballo. Y cómo saber a qué caballo apostar? Todos los periódicos sacan análisis y predicciones, y siempre está el entendido cerca que te puede recomendar.

Pero la mayoría de la gente, o por lo menos de los que conozco, simplemente apuestan como en la lotería. En nuestro departamento sacaron el proyector y proyectaron la carrera en la pared. Las secretarias organizaron las apuestas, y asignaban caballos a los apostadores por suerte. A mí me tocó un nombre no muy alentador: "Maybe Better", que quiere decir "tal vez mejor". Este caballo me ha costado un dólar para la apuesta, pero tal vez mejor no haberlo hecho... bueno, lo hecho hecho está.

Y empieza la carrera. Allí que ves un montón de caballos, y no hay manera de saber quién es quién. En toda la carrera no pude encontrar mi caballo, pero la carrera en sí fue muy disputada. En los últimos metros dos caballos se disputaban el primer puesto, y al final, el caballo ganador ganó por media nariz. Más emoción casi imposible.

Aparece el entrevistador a caballo, y le pone el micrófono al jinete del caballo ganador. "Muy feliz, muy feliz", es lo único que el jinete dice a cualquier pregunta del entrevistador. No dijo otra cosa que "muy feliz". Al final, el entrevistador desiste y le deja disfrutar de la victoria. Resulta que el caballo ganador y su jinete son japoneses y ninguno de los dos habla inglés. La carrera australiana por excelencia, ganada por un extranjero. Pero qué alegría que le dio a Mineko.

Se acabó la carrera, la gente vuelve al trabajo, y yo vuelvo a mi despacho. Al cabo de unos minutos una secretaria viene con un sobre con tres dólares. ¡Mi caballo ha conseguido el tercer puesto! Y yo sin poder encontrarlo. Bueno, tal vez mejor así, "Maybe Better".

domingo, noviembre 05, 2006

El primer dia de playa

Hoy ha sido el primer dia que me he atrevido ir a la playa a bañarme. Y ha sido todo un atrevimiento, os cuento.

Animado por la emoción de la carrera "City to Surf", me voy a apuntar a otra carrera clásica en Sidney. Pero esta vez es de natación, y es como la continuación de la otra carrera. La carrera empieza en la playa de Bondi, donde terminó la "City to Surf" y termina en la playa de Bronte. Estas son dos de las playas más carismáticas de Sidney, y los respectivos grupos de salvavidas se enorgullecen de ser los más antiguos del mundo. Pero me ando por las ramas, volvamos a mi historia.

La carrera es de unos 2 kilómetros y medio, rodeando las rocas que separan las dos playas, y es efectivamente una carrera a mar abierto. Las olas y corrientes pueden ser bastante fuertes, con lo que hay cierto riesgo. Los organizadores ofrecen cursos de entrenamiento para la carrera. Y yo, como no tengo muy claro que pueda nadar en mar abierto con las olas que puedan haber el dia de la carrera, me he apuntado. Hoy ha sido el primer día del entrenamiento.

Me parece que, solamente el atender y entrar en el agua es bastante como entrenamiento. El entrenamiento empieza a las 8 de la mañana, que ya es temprano, ya. Y hoy no era precisamente un día que apeteciese entrar en el agua. Lleva lloviendo varios días, y la temperatura máxima no llega a los 17 grados. Pero allí que fui. Solamente tengo cuatro semanas para entrenar, y quién sabe, igual el día de la carrera es tal y como este.

El mar estaba bastante agitado, y del cielo caía una llovizna fina. Fui el primero del grupo en llegar a la cita. Y mientras esperaba, no tenia claro si alguien vendría, si yo sería el único en atreverse a entrenarse. Ya empezaba a hacerme la ilusión de que no tendría que afrontar las olas y el frío. Je, je, ahora me río. El instructor llegó puntual, y poco a poco vinieron los participantes. A las ocho eramos unas diez personas, y todos aparentaban una forma mucho mejor que la mía.

Alguien del grupo preguntó si íbamos a entrar en el agua. ¡Por supuesto!, dijo el instructor. Y allí que fuimos, al agua. Yo, por si acaso, llevaba puesto un traje de neopreno que me compré un par de semanas antes para esta ocasión. Con el frío que hacía, bien que lo agradecí. Pero en cuanto entré en el agua me dí cuenta que el traje no era tan necesario. El agua estaba más caliente, es decir, menos fría que el aire, y se estaba muy a gusto dentro. Eso sí, las olas eran más grandes de lo que se veía desde la playa, y en total el entrenamiento fue muy útil, solamente por el esfuerzo que tenía que hacer para aguantar las olas mientras nadaba.

El entrenamiento consistía en practicar la entrada y la salida en el mar, con lo que nos pasamos la hora entera entrando, nadando hasta un pundo determinado, y saliendo otra vez. Los otros participantes, buenos nadadores, me adelantaban cuando nadábamos mar adentro. Pero yo, con mi experiencia de bodyboarder, les tomaba ventaja a la hora de salir porque me aprovechaba del empuje de las olas.

Y qué olas. En varias ocasiones me sentí como un trapo en una lavadora, dando vueltas con el empuje de las olas. Solo que esta lavadora, en vez de limpiar te llenaba las partes de arena.

Alguien preguntó al principio si el tiempo del día de la carrera fuese como hoy, si la carrera se haría. El entrenador dijo que el día de hoy es un día limite. Si las olas son un poco más grandes lo más normal es que se cancelara la carrera. Esto me alegró en sumo. Quiere decir que, si puedo sobrevivir estas olas, puedo hacer la carrera... es decir si no me muero del cansancio en el recorrido.

Al final de la sesión, ya exhausto, me sentí como un crío. Creo que esto del mar es lo mío. Se siente algo especial cuando uno está a merced de las olas, algo como si alguien especial, Gaia, te estuviera meciendo. Me he quedado prendido de esta sensación, es como si el invierno no hubiera existido, y la última vez que entré en el agua fuera la semana pasada. ¡Se abre la veda de playa!

jueves, noviembre 02, 2006

La visita de la cucaburra


Kookaburra
Foto subida por MollaAliod.
Hace unos dias empezamos a tener una visita mejor bienvenida que el posum. Vinieron un par de cucaburras. Mineko fue corriendo a la nevera y les dio jamón york y queso, dos cosas que les encanta. Y sí, parece ser que les encantó, pues vinieron otra vez al día siguiente.

Por lo menos las cucaburras son carnívoras y no se nos comen las plantas. A ver si vienen más a menudo y espantan a los posums...

Me encanta la cucaburra. Es un martín pescador grande, casi tan grande como las urracas que intentan molestarla. Pero la cucaburra, siempre tan impasible, ni se inmuta. Simplemente se queda quieta, y ni se molesta en atacar a las urracas amenazadoras.

Es un ave con carácter. Su llamada tan característica, que suena como una risa, a veces esperpéntica, a veces aterradora, pero muchas veces simplemente una risa contagiosa que te hace al menos sonreir.

Ay, la cuca cucaburra. Hace un par de años una cucaburra se tomó el hábito de comer a expensas de los estudiantes del campus de Macquarie University, el lugar donde trabajo. Se quedaba esperando en lo alto de una sombrilla en la terraza del comedor, esperando, quieta, como solamente la cucaburra sabe hacer. Pero si algún estudiante despistado se dejaba el plato desprotegido, la cuca cucaburra, en un segundo se lanzaba sobre la mesa y se tomaba el filete de carne que el sorprendido estudiante estaba comiendo. Era la atracción del dia y el tema de tertulia a la hora de los postres. A todos nos entusiasmaba el atrevimiento de la cuca. A todos menos al pobre estudiante.

domingo, octubre 22, 2006

La venganza del posum



Vaya. O bien el posum que dejamos en otro lugar ha encontrado la forma de volver, o bien otro ha venido a tomar la venganza por su parte. El caso es que anoche tuvimos visita y se nos comió lo que más nos estimábamos. Hace unas semanas nuestra viña empezó a sacar flores en cantidad. Cada mañana mirábamos con alegría las flores que empezaban a aparecer, y mirábamos con ansia el día en que las flores se tornaran en uvas.

Todas las noches cubríamos la viña con una bolsa de plástico. Pero la viña empezaba a ser demasiado grande para la bolsa, y dejábamos parte fuera. Precisamente la parte que tenía las flores.

Pues ya no queda nada de las flores. Ahora igual tenemos que esperar al año que viene para tener uvas. Y el posum, el muy marrano, encima nos ha dejado un recuerdo oloroso.

domingo, octubre 15, 2006

Dia japonés


Awa Odori
Foto subida por MollaAliod.
Ayer hicieron un festival japonés en Sidney. Bueno, más que un festival fue una colección de actuaciones populares, como las que hacen en los festivales japoneses.

Japón es un país especial en muchos aspectos, y uno de ellos es en sus festivales. Cada pueblo tiene su festival especial, y cada región tiene su forma de celebrarlo. Abundan los trajes llamativos, y los bailes populares son tan atractivos como distintos. Hay música, y tambores. En estos festivales lo que más se nota es el sentido estético, y sobre todo la energía de los participantes. Se ve una atmósfera de dedicación, disciplina, sensibilidad y pasión que raramente se ven en otras culturas.

Tuve la suerte de ver algunos de los bailes populares y grupos de tambores más conocidos, y verlos de cerca. De seguro que si los viera en Japón tendría que estar con otros muchos, todos cámara en mano, intentando capturar las imágenes.

Si quieres ver una selección de mis fotos, ve a mi página de flicker y busca con la etiqueta "matsuri", que es la palabra japonesa de fiesta.

domingo, octubre 08, 2006

Un visitante inesperado


Posum aterrado
Foto subida por MollaAliod.
Llevamos ya más de un año con problemas con los posums. El posum es un marsupial del tamaño de un gato, vegetariano y muy activo por las noches. Es muy ágil, vive en los árboles y se alimenta, me parece a mí, de cualquier planta que crezca en nuestra terraza. El verano pasado descubrimos en más de una ocasión que habíamos tenido visita. Unas veces se comía la mitad del perejil, otras veces la lechuga, y otras se comía los tomates. Y como postre, se daba un atracón de hojas de nuestro arce japonés.

Una vez que descubren que hay comida no hay manera de pararlos. En más de una noche he acabado persiguiéndoles con escoba en mano, pero no parece que les afecte en su conducta. Al final hemos tomado la costumbre de cubrir las plantas más apetecibles con bolsas todas las noches y descubrirlas por las mañanas.

Esta mañana Mineko ha descubierto un posum, ¡el muy pillo estaba durmiendo en el armario trastero de la terraza! El pobre estaba aterrado y soñoliento, ni se movía. Al final lo conseguimos poner en una caja y lo llevamos al parque más cercano.

Nada, a ver si aprende a buscarse la comida de una forma más natural. He de reconocer que su carita de pena daba lástima, espero que no le pase nada en su nuevo hogar...

Es de noche. Tengo que dejar de escribir, que tengo que proteger las plantas, no sea que tengamos otro visitante inesperado...

miércoles, octubre 04, 2006

El cielo y el infierno culinarios, versión Sidney

En junio hablaba de mis aventuras culinarias en Nueva York. Bues bien, Acabo de encontrar una versión del cielo y el infierno culinarios en Sidney. Ayer, martes, Mineko y yo fuimos a comer a un restaurante japonés que nos gusta. Es un restaurante barato, para comidas ("lunch"), y que se especializa en "ramen", que es como una sopa de fideos con caldo de carne. Pero cuando llegamos descubrimos que los martes cierran. ¡Qué fastidio!

La calle es una especie de oasis japonés, y hay otro restaurante al lado mismo al que nunca habíamos ido. Su especialidad es el sushi, pero en vez de sushi (que al fin y al cabo se puede comer en tantos otros lugares) decidimos comer pollo (yo) y pescado (Mineko) con salsa de teriyaki. Pero ¡qué horror! La comida era incluso peor que la que probé en aquel horrendo restaurante de Brooklyn. El té y la sopa miso eran insípidos, el pollo grasiento, la salsa demasiado sabrosa, y el arroz, ¡para qué decir! Más que arroz parecía caucho. Agradecimos el que no pidiéramos sushi, porque si el arroz era tan malo, siendo el sushi básicamente arroz, nos habríamos dejado todo allí. Incluso Mineko, que nunca se deja el arroz, esta vez no pudo comerlo.

Y ahora llega el cielo. Hoy hemos ido a comer a un restaurante nuevo para nosotros. Es japonés, y se especializa en pescados. Yo me atreví a pedir pescado con salsa de teriyaki, para desquitarme el martirio teriyakiano de ayer, y Mineko pidió otro distinto que tiene forma como de sardina pero es mucho más grande. ¡Y qué diferencia! El té y la sopa miso estaban muy bien, el pescado era una delicia, nada de graso, y la salsa se complementaba bien con el pescado. La decoración era muy auténtica, y la mayoría de los clientes eran japoneses. Había momentos en que me sentía como en los restaurantes de Asahikawa, la ciudad natal de Mineko. Ah, me siento mejor.

Ahora, para acabar el día, vamos a cenar en casa hirashi-sushi, un sushi sin pescado (¡porque el sushi no es pescado crudo!) que nos encanta.

Nada, a cenar. Buenas noches.

domingo, septiembre 24, 2006

Otra vez en Sidney

Vale, se acabó el viaje a Melbourne. Dicen que Melbourne ha ganado premios como la ciudad con mejor calidad de vida, y me lo creo. Tiene dos de las mejores universidades de Australia, una comunidad cosmopolita, parques por todas partes, cafés, teatros, y actividades para todos los gustos. El transporte público es "bueno, bonito y barato", y la gente parece mucho más alegre y dispuesta a sonreír que en Sidney.

Lo único que le falla es el tiempo. Dicen que en Melbourne te puedes encontrar las cuatro estaciones en un día. Hoy tocó el invierno, y nos pilló desprevenidos. Hacía frío, viento y lluvia y si no pillamos un resfriado es por suerte.

Bueno, ya estamos en Sidney. De vuelta al tráfico, los suburbios aburridos, y el calor. Las pobres plantas de nuestra terraza están sedientas, y los bonsais están los pobres que espero que salgan de esta. Ya veremos qué hacemos para irnos de vacaciones este verano, si ya hace tanto calor.

sábado, septiembre 23, 2006

Una de griegos y de romanos

Ayer viernes fuimos de cena al barrio italiano, en la calle de Lygon. Es una calle llena de heladerías italianas, restaurantes y pizzerías. Caminas por la calle y te acosan los trabajadores de los restaurantes, intentando convencerte de que entres en su restaurante. Al final nos decidimos por un restaurante en el que el dueño jura que el suyo es el más genuinamente italiano, con la comida más fresca y barata del barrio. Total, que allí entramos. La comida italiana no es mi fuerte y no puedo decir que me gustara mucho. Al contrario, acabamos comiendo demasiado y llegamos a casa medio enfermos. La cena fue tanto que hoy apenas hemos desayunado y no hemos comido. ¡Qué empacho que tuvimos!

Hoy decidimos probar la comida griega. Fuimos al restaurante Stalactites, decorado, pues sí, con estalactitas de yeso. No había gente intentando atraerte al restaurante, supongo que porque era tan conocido. Pero la comida era deliciosa, y eso es lo que vale. Por una fracción del precio de ayer comimos como reyes griegos. Aún me estoy relamiendo.

Pero los dos restaurantes tienen el mismo problema. ¡Demasiada comida! Ahora entiendo por qué hay tantos gordos en Melburne.

viernes, septiembre 22, 2006

Melbourne

Muchos países tienen sus dos ciudades rivales. En España, Madrid y Barcelona. En Japón, Tokio y Osaka. En Brasil, Rio y Sao Paulo. Pues bien, en Australia, las dos ciudades son Sidney y Melbourne. La rivalidad llegó a ser tal, que la capital de Australia la pusieron a medio camino entre las dos, para que ninguna tuviera preferencia.

Aprovechando una conferencia en Melbourne, Mineko y yo pasamos el fin de semana en la ciudad rival de Sidney. Y qué distinta que es de nuestra ciudad. Sidney tiene sus edificios archiconocidos, como la ópera y el puente sobre el puerto, y tiene sus playas y, sobre todo, su puerto. En cambio, Melbourne se precia de tener el edificio más alto del hemisferio sur, y la nave comercial más larga (también del hemisferio sur). Pero ni el uno ni la otra son realmente tan conocidos como la ópera de Sidney. Esto parece ser más bien cuestión de carácter. Sidney es la ciudad extrovertida, el centro turístico y comercial. Melbourne, en contra, es la ciudad de las artes, la cultura y el deporte. La ciudad misma tiene un aspecto más europeo que Sidney, que tiene un aspecto más americano. Mientras el transporte público en Sidney brilla por su ineficiencia, el transporte público de Melbourne parece una pieza de precisión traída de Suiza. ¡Tiene incluso tranvías!

Incluso la gente parece distinta. Melbourne fue en su tiempo la meca de la immigración a Australia. La consecuencia es que su comunidad griega es de las más grandes del mundo. También tiene su comunidad italiana y, cómo no, su barrio chino. Pero la gente parece más mezclada que en Sidney. Los immigrantes han tenido más tiempo de integrarse. Por ejemplo, da gusto oír a una persona entrada en años y de rasgos marcadamente chinos, y que hable un inglés con un acento australiano. En cambio, Sidney es el centro de immigración actual, es donde está el dinero, y los immigrantes son nuevos, frescos, con su cultura casi intacta de su país de origen.

Mientras que la impresión que Sidney me da es que es un pueblo grande, inmenso, pero un pueblo en sí, Melbourne tiene un aire de ciudad. Sidney, sí, tiene sus puntos turísticos, pero son eso, algo turístico. Melbourne, en cambio, parece ser una ciudad más, bien, más cívica. Vamos, que tiene su encanto.

Hubo un tiempo, durante la fiebre del oro, que Melbourne era una ciudad muy rica. Ahora el dinero está en Sidney. Pero la gente de Melbourne ha sabido sacar partido de su época dorada y conserva su alma de ciudad. A ver si Sidney aprende.

miércoles, septiembre 13, 2006

Un nuevo pasatiempo


Tigerbark Fig
Originally uploaded by MollaAliod.
Con la llegada de la primavera, como dicen, la sangre se altera. Y a mí se me ha alterado de una forma extraña. De repente me ha dado por cultivar bonsais. Hace unas semanas Mineko y yo fuimos a una exhibición de bonsais, y la semana pasada incluso fuimos a un cursillo de bonsais. Solamente dos horas, pero disfrutamos de lo lindo preparando un bonsai cada uno. Aquí está el resultado. Este es el bonsai de Mineko, que le salió mejor que a mí. Bueno, bonsai es un decir, que tenemos que esperar lo menos 10 años para poder decir que realmente lo es.

Ya veremos lo que nos dura. La verdad es que da mucha ilusión seguir de cerca el crecimiento de un árbol en miniatura, y tomar decisiones acerca de su diseño. Unos dicen que es torturar el árbol, otros que es como querer ser como un dios que modifica un ser vivo a su antojo. A los primeros les digo que el árbol se tortura tanto como en un jardín, y que un bonsai puede durar mucho más que un árbol de tamaño natural. A los segundos les digo que no es tanto el ser como un dios (y al fin y al cabo muchos padres quieren que sus hijos sean como los padres quieren, ¿no?), sino el ver cómo se desarrollan, y estar pendientes de si sufren o no...

Ya enviaré más fotos dentro de 10 años.

martes, septiembre 12, 2006

Pensamientos

Saludos a Marilyn y su blog pensamientos... ¡y a disfrutar de las vacaciones!

Cómo enviar comentarios (segunda parte)

Pues parece ser que Google ha hecho una pifiada y si cambias tu blog de blogger a su nuevo formato (Blogger beta) , la gente que no está inscrita a Blogger beta no puede poner comentarios. Y encima yo no puedo poner comentarios a blogs que no son beta. Esto lo he "solucionado" creándome una cuenta fantasma de blogger (para los curiosos, aquí está, pero no pongas comentarios allí que igual no los leo).

Total, que si quieres poner un comentario en este blog y tienes problemas tendrás que ponerlo de forma anonima... ¡qué fastidio! Si tienes que escribir un comentario anónimo pon tu nombre, o usa algún método de identificación.

He tenido que permitir comentarios anónimos, y para evitar espám (¿o spam? ¡como se diga!) tienes que repetir las palabras que aparecen en el gráfico.

Lo de la segunda parte del título viene porque ya escribí otra entrada acerca de cómo poner comentarios...

Y repito, ¡qué fastidio!

lunes, septiembre 04, 2006

Hasta luego, cocodrilo

Hoy ha ocurrido algo trágico. Steve Irwin, llamado como el cazador de cocodrilos, ha muerto en acción. Steve era un hombre de acción y de pasiones. Todo el mundo en Australia le conocía, y en los últimos años era como un embajador de Australia. Era conocido como el cazador de cocodrilos por los programas de naturaleza-aventura que ha realizado durante gran parte de su vida. Mucho se ha hablado de sus programas espectaculares donde se colocaba a tiro de mandíbula de cocodrilos y otros animales peligrosos. Su forma de hablar, tan exagerada, como un niño que cuenta su película favorita, le hizo un favorito entre los niños y entre gente de otros países como el "australiano aventurero", tomando el relevo de Paul Hogan, el famoso "Cocodrilo Dundee" de los años ochenta.

Nadie puede negar su pasión por la naturaleza y, aunque en apariencia no temiera los animales peligrosos, era muestra de su gran conocimiento de las reacciones de los animales salvajes. Esto le hizo uno de los principales personajes australianos en defensa de la naturaleza.

Adios, Steve. Tus acciones tal vez llegaron demasiado lejos y una raya acabó con tu vida. Tal vez así es como quisiste acabar, en acción, como mi gran héroe de la naturaleza, Felix Rodríguez de la Fuente. Adiós, Steve, o, tal vez, hasta luego, cocodrilo.

domingo, septiembre 03, 2006

La primavera y el arce japonés




Este año la primavera ha llegado antes de lo esperado. ¡Bienvenida! Casi de repente las plantas de nuestra terraza han empezado a mostrar signos de vida. Y la planta más espectacular de todas es el arce japonés, que estos últimos días ha empezado a sacar hojas. Y es una maravilla ver cómo se desarrollan. Parece que, indecisas y sin saber qué forma tomar, van tomando diferentes formas hasta, después de una semana o así, la forma completa ya se puede distinguir. En un principio la hoja es anaranjada, para pasar a tomar su color verde. Es una hoja con múltiples puntas, y rodeada de flores diminutas.

Nuestro arce es un árbol pequeñito, o tal vez se podría decir que es un bonsai gigante, no sé. Pero el tamaño, de unos dos metros de altura, es ideal para nuestra terraza. ¡Qué agradecimos que estamos Mineko y yo de los vecinos, que se mudaron de casa hace un año y nos regalaron este árbol porque no se lo podían llevar!

Con un árbol así se pueden apreciar las cuatro estaciones sin moverse de casa.

jueves, agosto 17, 2006

10 canoas

"Os voy a contar una historia. Es una historia muy diferente de las que tú conoces. Esta no es tu historia. Es mi historia. Una historia de mi gente".

Así empieza la narración en la película "10 canoas". Esta es una película diferente. Es una película hecha por australianos (de los de antes de que llegaran los europeos) acerca de algo que ocurrió hace muchos, muchos años. Algo que se pasó de boca en boca a través de incontables generaciones. Pero, mientras ves la película, te das cuenta de que la historia, en el fondo, trata de temas universales y que siguen siendo relevantes ahora. La historia exacta, tal y como la cuentan en la película, puede que no haya ocurrido nunca. No importa. La historia en sí y el mensaje que lleva es lo que importa. Se trata de cómo convivir, de cómo crecer y hacerse adulto, y de cómo respetar a los demás.

Añade a esto la fotografía, y sobre todo, la narración, y la película se hace inolvidable. El narrador es David Gulpilil, famoso actor australiano. Esta película, aun con su fotografía impresionante, se podría disfrutar sin verla, solamente con oirle hablar. Te hace tener ganas de escuchar más historias, sentado junto al fuego, acerca de los nativos australianos, sus costumbres y sus creencias.

Si tienes ganas de ver algo distinto, si quieres escaparte de las películas de Hollywood, tienes que ver esta película. Muestra una cultura y un modo de ver la vida que alguien podría clasificar de atrasado. Atrasado tal vez en lo material, pero no en lo humano. Y eso es lo que importa.

lunes, agosto 14, 2006

Una marea roja





El domingo pasado ha sido un día especial. Más de 63.000 personas se juntaron en el centro para correr desde la ciudad hasta la playa, una distancia de 14 kilómetros. Es el día del "city to surf". Según los organizadores de la carrera, se batió el récord de la carrera cronometrada con más participantes del mundo. Bueno, no sé si llamarlo carrera, la verdad, pues la mayoría de la gente no se esforzó en correr. Tal y como se supone que dijo Pierre de Coubertin, el fundador de los juegos olímpicos modernos, "lo importante es participar". A la gente no le interesaba tanto el ganar o ni siquiera el superarse. Más bien, de esa manera tan australiana, la gente se apuntó a la fiesta contínua y el espectáculo de ver a tanta gente participar, y estar en el medio de todo.

Esta es la cuarta vez que participo en esta carrera tan especial. Sí, hubo un ganador, que tardó poco más de 40 minutos en correr los 14 kilómetros. Mi "marca personal" es de poco más de dos horas, pero esta vez Mineko y yo fuimos más relajados y tardamos algo así como 2 horas y 40 minutos. La verdad es que no se podía correr, pues había tanta gente caminando que era difícil adelantar mucho.

Y es que este evento es algo que no me puedo perder. De los 63.000 participantes, algunos de ellos van disfrazados de supermán, de gorila, de señal de tráfico, ... de todo aparece. Y luego están los que animan a los participantes. Con música para deleitarnos (o hacernos sufrir), con agua de manguera para refrescarnos, con la barbacoa encendida para tentarnos,... Y este año, los organizadores pensaban hacer una foto desde el espacio, a ver si se puede ver la carrera. Repartieron gorras rojas, y esperaban que en la foto se viera una línea roja de 14 kilómetros de longitud. La foto no la han puesto en la red aún, a ver cuándo la ponen. Si realmente se ve la línea del espacio, los extraterrestres tal vez creerán que han descubierto un gusano gigante de 14 kilómetros de longitud...

sábado, julio 22, 2006

Sidney bajo la lluvia




Esta semana ha coincidido en ser una de las más lluviosas del invierno. Coincidía con una conferencia de lingüística computacional, la más importante de todas, que este año ocurría en Sidney. La imagen de Sidney bajo la lluvia no corresponde a la imagen de desiertos y playas a la que la gente de fuera está acostumbrada. Pero pese al frío y la lluvia, he de reconocer que esta imagen tan inusual tiene su encanto.

La organización de la conferencia incluye una excursión en barco por el puerto y una visita al zoo, con lo que he tenido la oportunidad de fotografiar Sidney bajo la lluvia. Aquí incluyo unas pocas fotos de Sidney y su zoo desde este punto de vista tan poco común. Si quieres ver más, he puesto más fotos en mi página de Flickr.

Mira en el grupo "Sydney COLING/ACL".

martes, julio 18, 2006

De vuelta en Sidney

Nada, ya estoy de vuelta en el invierno australiano. Hoy el día ha aparecido lluvioso. He tomado el autobús para atender a una conferencia en el centro, pero ya se sabe, cuando llueve el tráfico se hace más caótico que de costumbre, y el transporte público se satura. Total, que he llegado media hora tarde a la conferencia. Y a la vuelta, he perdido el autobús y he tenido que tomar otro distinto, lo que me ha hecho caminar en la lluvia un buen rato... hoy ha sido lo que se dice un dia de perros. Y encima con jet-lag. Hala, ahora me voy a descansar. Buenas noches.

sábado, julio 15, 2006

Despedida de Soria

Ya estoy en el avión, de vuelta a Australia. Atrás queda Soria. Soria, la románica. Soria, la romántica. Soria, la calurosa. Soria, la heroica. Por casualidad, la revista "Aventura de la historia" que me compré ayer para leer en el avión tiene dos artículos sobre Numancia. Uno de ellos dice que no se puede asegurar el que se hayan suicidado todos los numantinos ante el asedio romano, y que el mito del suicidio numantino ha sido fomentado incluso por Cervantes (cuya obra La Numancia leí en el vuelo de ida a España). Sea. Tal vez este mito se haya utilizado a veces para exaltar la visión del español guerrero e invencible. Aun así no quita el hecho de que un pueblo de unos pocos miles de guerreros numantinos necesitó de un ejército de decenas de miles de romanos para ser reducido.

Bueno. Adiós, Soria. O, tal vez, hasta luego?

Soria románica



Otro día hablaba de la Soria romántica, con el poema de Antonio Machado, ahora hablo de la Soria de la época románica. En la visita al Monasterio San Juan de Duero y su claustro románico, aprendo que Soria era una zona fronteriza entre los reinos castellano, aragonés y navarro, y en constante lucha durante la Reconquista, de tal modo que Soria era tierra de nadie donde a veces estaba ocupada por los moros, a veces por los cristianos.

Con el establecimiento de los cristianos llegó el movimiento arquitectónico románico, con sus arcos de medio punto, y sus imágenes que, no sé por qué, me recuerdan a la película del Señor de los Anillos, esas gigantes estatuas guardando el río.

viernes, julio 14, 2006

Soria - El tiempo

Hoy no ha ocurrido nada especial, pero supongo que tengo que escribir algo, con lo que esta vez toca hablar del tiempo, en los dos sentidos de la palabra.

Aquí el tiempo meteorológico está loco. Por el día hace un calor asfixiante, por lo menos para mí que vengo del invierno australiano. Ahora entiendo ese poema del Cid que aprendí cuando iba a primaria (y que acabo de descubrir que es de Manuel Machado):

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
- polvo, sudor y hierro - el Cid cabalga ...

Como el Cid me veía yo el domingo pasado cuando estaba buscando alojamiento.

Y de repente, cae una tormenta fenomenal como el granizo de ayer o el chaparrón de hoy. Así entiendo que hayan habido héroes tan importantes en épocas pasadas en esta zona. Este tiempo crea héroes.

El otro comentario es sobre el tiempo horario. Estas horas de comer y cenar me matan. Las dos horas de siesta me rompen el ritmo de trabajo, y eso de cenar a las 10, hace que, para evitar acostarme con el estómago lleno, me quedo levantado hasta más allá de la una de la mañana.

¡Ay qué ganas que tengo de volver a Australia, con su tiempo más fresquito, y con horas más cómodas!

jueves, julio 13, 2006

Por los alrededores de Soria




Esta tarde toca excursión. El curso que damos es parte de una serie de cursos de varias temáticas. Otro curso en paralelo era de un tema relacionado con el arte, y nos hemos juntado con el grupo del arte para visitar algunos lugares en las cercanías de Soria.

El primer lugar ha sido la ermita mozárabe de San Baudelio, del siglo XI. La ermita tiene unas formas curiosísimas, con un pilar central que parece una palmera, y restos de frescos. La mayoría de los frescos originales están ahora en museos repartidos por todo el mundo, pero aún queda la marca de dónde estaban. Mientras estábamos en la ermita una tormenta de lluvia y granizo arreció en el lugar, y después de la tormenta todos los aromas del campo salieron. Había olores de manzanilla mezclados con tomillo.

La segunda parada ha sido en Berlanga de Duero, donde hay una iglesia gótica tardía. La iglesia en sí es interesante de ver por su mezcla de arquitecturas de varias épocas, y los restos de un caimán que fue traido de América en el S.XVI por Fray Tomás de Berlanga. Pero lo mejor de esta iglesia (la Colegiata) fue la guía que tuvimos. Dado que estaba cerrada por restauración, una monja local vino con la llave y nos explicó la iglesia. La mujer era bastante mayor, y era como una enciclopedia local andante. Empezaba a hablar, y no paraba. Daba los detalles con la rapidez y la precisión de un guía profesional, o mejor, como una grabación. Añade a esto el que era un poco sorda y no hacía caso a las preguntas (a no ser que preguntaras con voz fuerte), y el efecto era total. Su cadencia rítmica hacía indicar que ha estado haciendo lo mismo durante décadas, y su conocimiento era tan personal y preciso que parecía que hablaba de cosas que habían ocurrido ayer mismo. La guía, y no tanto la colegiata, fue lo más interesante de todo el viaje.

La zona es tierra del Cid, y acabamos la excursión en Andalucía, un pueblo que, según uno de los lugareños, tiene solamente cinco habitantes en invierno. Casi todas las casas eran de adobe, y muchas se habían rehabilitado como casas de verano. La iglesia románica era también una joya. Y es que España en general, y Castilla-León en particular, está llena de joyas de patrimonio de la humanidad. Espero que estas joyas sigan aguantando siglos y peligros de especulación o abandono para disfrute de futuras generaciones.

miércoles, julio 12, 2006

Un paseo en Soria



Soria, con 30.000 habitantes, es tal vez la capital de provincia más pequeña de España. Pero aun así no es tan fácil descubrir el mejor modo de ir de un punto a otro. Las calles del centro tienen una disposición errática. El hotel está en el centro, y el convento donde damos el curso está hacia la parte norte del pueblo. Se tardan unos diez minutos a pie, pero aún no he encontrado la mejor manera de ir entre el hotel y el convento. Cada día he tomado un camino distinto, y todos los días me ha dado la sensación de que estaba dando un rodeo. Bueno, tal vez el último día encontraré el camino más corto, o me daré por vencido y usaré un plano.

Hoy, de vuelta al hotel, he tomado un camino más largo a propósito. He tomado el camino del río, el Duero, que pasa por un parque. El parque es precioso, con chopos gigantes y gente bañándose en el río. Siguiendo el río hay una ermita que parece una proturberancia de las escarpadas rocas junto al Duero. Cerca de la ermita está escrita esta poesía de Machado:

Estos chopos del río que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas

El río tiene la aparencia de tener más caudal del que le corresponde en verano, y eso es porque han hecho una presa para que el nivel esté constante a su paso por Soria. El resultado es decididamente efectivo, y el paseo por el río es algo que vale la pena hacer. He de reconocer que para hacer este paseo he usado un plano para no perderme, pero esta ocasión no cuenta. Mañana seguiré buscando el camino más corto entre hotel y convento.

lunes, julio 10, 2006

Soria - ¡Qué calor!

Estos dos días pasados el termómetro se ha disparado. Hay una ola de calor, y las temperaturas rondan por encima de los cuarenta grados. Es bastante duro el salir a la calle, o por lo menos lo es para mí, recién llegado del invierno australiano. Por suerte el hotel y el aula donde damos el curso tienen aire acondicionado, pero solamente el caminar del hotel al convento donde se hace el curso es toda una aventura.

Hoy, de camino a la sesión de la tarde, he pasado por delante de un termómetro con una temperatura récord. El termómetro indicaba 93 grados. ¡Estamos a punto de hervir! Me imagino que es un error, y el palito de la parte de arriba del número estaba encendido por error. Es decir, tal vez la temperatura era "sólo" de 43 grados. Qué alivio.

Por cierto, la maleta perdida ha llegado. Todos los del curso que sabían de mi aventura coincidían en que tenido suerte que sólo haya tenido que esperar un día. No sé, sigo pensando que he tenido mala suerte en que la maleta se haya quedado en Londres. Que no es normal, ¿o sí?

domingo, julio 09, 2006

Llegada a Soria

Pues sí que empezamos bien. Primero, la maleta se ha quedado en Heathrow, el aeropuerto de Londres. Es algo que desgraciadamente ocurre demasiado a menudo en Heathrow. Como voy a Soria, me tienen que enviar la maleta mañana lunes. Total, que no tengo nada que ponerme para mañana.

Pero lo peor fue que el número de teléfono de los organizadores no contesta porque es domingo. He ido al convento y está cerrado. Total, que después de recorrer Soria varias horas para ver si, por casualidad encuentro mi hotel (del que no sé ni el nombre), al final, cansado, con sueño atrasado y con mi reloj interno trastocado, he ido a parar en un hostal en el centro. Desde allí he encontrado el número de teléfono de la residencia de los alumnos, donde me han dicho que los organizadores no les han dado mi nombre, pero que a veces usan el hotel Alfonso VIII para invitados. El hotel, por casualidad, está casi enfrente de mi hostal y, por probar, he ido allí. Y sí, ¡hay una reserva a mi nombre! De vuelta al hostel me han dicho que, como he entrado en la habitación, tengo que pagar esa noche. Bueno, da igual, he pagado el hostal y me he mudado al hotel porque el hotel ya estaba pagado y a pensión completa. Además, el hotel es de cuatro estrellas. Total, que la ducha que me he tomado en el hostal me ha costado 26 euros.

Bueno, da igual. Ahora estoy en el hotel, muy cómodo y viendo la final del mundial desde la habitación. Dicen que también hay internet pero tengo que llamar a recepción. Bueno, lo haré después de ver la final y cenar.

Camino a Soria

Otra vez de viaje, esta vez a Soria. La ocasión es un curso de tecnologías lingüísticas de la red, y me han invitado para dar una presentación.

Pues bien. Soria es una de las capitales de provincia de las que se habla muy poco, y tengo curiosidad por saber cómo es realmente. Lo poco que creo saber es que está en una zona remota, al lado del Duero. La zona, Castilla la Vieja, me suena a batallas medievales durante las primeras etapas de la Reconquista. Soria tuvo su auge durante esa época, pero hizo historia mucho antes. Un poblado cercano, Numancia, es conocido como uno de los bastiones que más se resistió contra los romanos. Cuenta la historia que los numantinos fueron vencidos no por batalla, sino por un sitio por los romanos tan cerrado que no podían entrar ni salir personas ni mercancías. Al final, desesperados de hambre, los numantinos prefirieron sucidarse colectivamente antes de ser conquistados por los romanos. Es una historia que suena a leyenda y ha inspirado a guerreros españoles y a escritores, incluyendo Cervantes.

Ahora estoy en el avión, en el último vuelo. De Sidney el avión ha parado en Bangkok a repostar. De Bangkok el avión me ha llevado a Londres, y de Londres estoy volando a Madrid. Aun me queda viajar de Madrid a Soria en autobús, y luego encontrar alojamiento. Por un despiste mío, como los organizadores me reservaron el alojamiento, me olvidé de preguntarles dónde es tal alojamiento. Espero que pueda llamarlos desde Madrid o desde Soria. Si no, bueno, los coloquios son en un convento con lo que tal vez los frailes me dejen estar allí...

miércoles, junio 28, 2006

No queda nada que ver en el mundial

Este mundial de fútbol ha sido especial. Jugaban Japón, Australia, y España. Pero Japón perdió ante Australia y no pasó de la primera ronda. Australia logró llegar a octavos de final (quién se lo iba a esperar), pero Italia acabó con ella. Y España, bueno, esta mañana me he levantado a las 6 menos cuarto de la mañana porque no podía dormir pensando en el partido. Encendí la televisión, y era aún la primera parte: España 1, Francia 1. Pero en los últimos minutos se acabó el mundial para España y perdió por 1 a 3.

Nada, ya no quedan equipos interesantes en el mundial, sólo quedan "los grandes". El mundial ha sido emocionante hasta ahora. Sobre todo Australia. Es un país donde muchos no saben realmente qué es el fútbol, y aún así su equipo ha conseguido un puesto en el mundial. La preparación del partido ante Italia daba mucho que hablar aquí, principalmente por la gran comunidad de immigrantes italianos, que no sabían a quién animar. Bueno, por lo menos ellos aún tienen algo que ver en el mundial, sin remordimientos de si deben de animar a Italia o a Australia.

Y yo? Pues nada, a dormir tranquilo.

domingo, junio 18, 2006

¡Ballena a la vista!

Durante esta época del año las ballenas emigran de las aguas frías del antártico a las aguas más cálidas del norte de Australia, y Sidney está en mitad del camino de su ruta migratoria. Es bastante corriente ver a alguna ballena entrar en la bahía de Sidney, junto al famoso edificio de la ópera. Cuando eso ocurre, los barcos de viajeros navegan más lentamente para que los viajeros tenga la oportunidad de verlos. Sí que sería suerte que me ocurriera a mí, pero como no suelo viajar en barco la verdad es que no creo que tenga la oportunidad de que me ocurra.

Pero se puede ir a buscarlas. Hoy Mineko y yo hemos ido al cabo de Solander, un lugar popular para ver las ballenas desde tierra. Así que allí que fuimos, con nuestros prismáticos y el desayuno en una bolsa. Es ya como una tradición el ir al cabo de Solander y desayunar allí a la búsqueda de ballenas. En años pasados hemos visto alguna que otra ballena, pero siempre están muy lejos y no hay mucho que ver.

Hoy ha sido diferente. Solamente hemos visto tres ballenas, pero una de ellas era de las saltarinas y nos ha dado una demostración acrobática. Y hay que ver lo impresionante que es el ver a una mole tan grande saltar al aire y caer de espaldas al agua. Y lo hizo no una vez sino tantas que perdí la cuenta. Más que una ballena parecía un delfín. Fue todo un espectáculo. Me llevé la cámara para fotografiar las ballenas, pero con las prisas me dejé el teleobjetivo en casa con lo que no pude hacer ninguna foto. Aun así disfrutamos viéndolas a través de los prismáticos.

lunes, junio 12, 2006

El cumpleaños de la reina

Por si acaso hay gente que no lo sepa, la reina de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte también es reina de Australia... ¡qué fuerte! Hace unos pocos años hubo una votación para ver si los australianos querían seguir siendo súbditos de la reina y votaron que sí. Aunque la verdad lo que pasó es que no se pusieron de acuerdo en los detalles de cómo hacer Australia una república, con lo que sigue siendo una monarquía.

Pues bien, hoy lunes es el cumpleaños de la reina y es fiesta. Como dato curioso, realmente el cumpleaños no es hoy, y se celebra en distintos días en otros países, pero bueno, no importa. Lo que importa es que es fiesta, con lo que me puedo recuperar del viaje.

sábado, junio 10, 2006

Nueva York -- El último día


Hoy ha sido el último día en Nueva York. La conferencia ya ha terminado, y tengo todo el día para ver la ciudad. Bueno, hasta las cinco, cuando el taxi me lleva al aeropuerto. El día era precioso y no me apetecía ir de museos o exposiciones. Simplemente, fui de aquí para allá, a donde me llevaran los pies o el metro. El primer lugar donde fui fue a lo alto del edificio Rockefeller. La vista es fenomenal, mucho mejor que desde el Empire State Building... porque se desde allí se puede ver el Empire State en toda su gloria. El Empire State es un edificio soberbio, diría que está en el centro geográfico de Manhattan, y desde donde mejor se ve es desde el edilficio de Rockefeller... ¡y hay menos colas para subir arriba! Aunque tal vez es porque era aun por la mañana.

Después fui al Central Park, donde conseguí perderme a pesar de llevar brújula, y es que hace tanto tiempo que no uso la brújula que cuando la intenté usar confundí el norte con el sur... acabé en el lado contrario de donde quería ir. Era sábado, y el parque estaba lleno de neoyorquinos disfrutando de un día de verano en fin de semana. Descubrí que no juegan al beisbol sino al "softball", una versión del beisbol que es más fácil de jugar.

Fui a Washington Square otra vez, donde esta vez había una concentración de seguidores de Hara Krisna. Y es que de todo puede ocurrir en Nueva York.

Ahora estoy en el avión, de vuelta a Sidney. Ciertamente vale la pena visitar Nueva York al menos una vez en la vida. Aun no sé qué pensar de la ciudad. No es que haya visto mucho, pero lo que no se puede negar es que es una ciudad vibrante, donde si uno lo intenta, puede encontrar algo a su gusto.

Sobre los neoyorquinos, me da la impresión que dentro de su fachada de gente difícil (y es que hay que ver qué cara de pocos amigos que ponen cuando me acercaba a alguno preguntando una dirección), son gente sensible, que aman su vida privada y su forma de ser. Y, sobre todo, aman su ciudad. Es la capital del mundo, o eso dicen ellos. Y por cierto, yo que pensaba que todos los estadounidenses tienen un acento horrible, he descubierto que el acento neoyorquino es encantador. Suena muy sugerente y muy honesto, algo así como de alguien sensible o inseguro. Pero tal vez sea porque he visto demasiadas películas de Woody Allen, su acento es marcadamente neoyorquino.

El avión ha despegado y por fín he visto los rascacielos desde el aire. Parecen muy pequeños en la distancia (por motivos obvios los aviones no vuelan por encima de Nueva York), pero hay tanto que ver allí. A ver cuándo es la siguiente conferencia en Nueva York...

viernes, junio 09, 2006

Nueva York -- El nuevo hotel


El nuevo hotel es un hotel con carácter. Se llama Mayfair, y es un hotel bastante viejo. El ascensor es de los de los años de la maricastaña y las habitaciones son diminutas (o por lo menos la mía, que era la más barata que tenían). Me parece que mi habitación es como la cuarta parte de la que tenía en el hotel de la conferencia. Y las paredes están todas con papel pintado, muy recargado de imágenes. Pero está en el centro del centro de Manhattan, y eso es lo que cuenta. Estoy a tres minutos de Times Square, que es el centro de la zona de los musicales. All llegar al hotel eran las 7 de la tarde, y todo era ver colas de gente para entrar en los musicales de Broadway. Al lado del hotel hacen el musical "Chicago", más abajo "The Lion King" ("El rey león"), un poco más allá "The Phantom of the Opera" ("El fantasma de la ópera"), y luego están los musicales de segundo rango, y de tercero... Esto parece un festival permanente. Las calles están llenas de gente, y se va más rápido a pie que en coche. Se ven trajes de gala por todas partes, mezclados con la vestimenta informal típica de los turistas (como yo). Y en los semáforos hay gente que anuncia comedias y actuaciones diversas.

La avenida de Broadway está al lado mismo, y la seguí hasta llegar al Empire State Building. Llegar hasta arriba es toda una aventura. Cuando crees que ya has pasado una cola, aparece otra. Hay una cola para comprar el billete, otra para tomar el primer ascensor, y otra para tomar el segundo. Tenía la esperanza de llegar arriba en la "hora mágica" cuando empieza a anochecer, pero cuando llegué el sol ya se había puesto hace rato. Aun así el paisaje vale la pena y perdí la cuenta de las fotos que hice. Por suerte el tiempo era bueno y pude disfrutar del paisaje. Cuando estaba dispuesto a bajar empezó a llover. ¡Casi me pilla!

De vuelta al hotel encontré una pizzería y me compré una pizza y un Budweiser, que me hacía ilusión tomar las dos cosas juntas.

Nueva York -- Del infierno al cielo, culinariamente hablando


Esta mañana el tiempo seguía mal, y a la hora de comer salí a la lluvia sin paraguas. La lluvia era fina, pero aún así, como todo lo que es de agua, mojaba. Fui con unos colegas de la conferencia a un restaurante japonés. ¡Qué contraste con el que fui el otro día! La verdad es que no sabía que la comida japonesa pudiera llegar a ser mala. Pedí tempura con fideos gordos, pero los fideos estaban tan blandos que no se podían coger con los palillos. Y la sopa de los fideos era insípida. Me parece que, con la lluvia y la comida, casi caigo enfermo. Ha sido mi infierno culinario.

Por la tarde, al contrario, fui a cenar al otro restaurante japonés, al bueno, al que me gustó tanto la otra vez. La verdad es que no pensaba repetir, pero me daba el gusanillo saber si la otra vez simplemente había tenido suerte y había coincidido en pedir un plato bueno. Con lo que fui a probar otro plato. Esta vez el restaurante estaba completo y tuve que esperar hasta que hubiera sitio. Y es que, al fin y al cabo, el restaurante no era un secreto, ni mucho menos. Resulta que ha recibido varios premios y buenas críticas en las revistas de ocio de Nueva York. ¡Mi secreto arruinado! Así que, para que lo sepan todos, y como ya he dicho a Esther, el restaurante se llama "Iron Chef". Como el programa de cocina japonés. No sé si lo televisan en España, pero es un programa muy diferente de los otros programas de cocina... pero bueno, tal vez hablaré de esto en otra ocasión.

Esta vez pedí un plato de los recomendados en el menú. Entonces fue cuando me di cuenta que lo que pedí el otro día no era nada. ¡Lo de hoy sí que era bueno! Disfruté cada momento de la cena, cada bocado del plato, como si estuviera naciendo otra vez. No recuerdo comer nada mejor en varios años. La verdad es que no me pareció un plato muy japonés, más bien una fusión entre japonés y francés. El pescado tenía una salsa blanca, y el sabor del plato fue indescribible. Ha sido mi cielo culinario. Desde ahora este restaurante será mi meca cuando vuelva a Nueva York. La foto la hice desde mi mesa.

Bueno, mañana se acaba la conferencia y tengo que cambiar de hotel. El hotel al que voy no creo que tenga conexión de internet, con lo que tal vez esta sea la última vez que escriba desde Nueva York. Y encima, el blogger no funciona ahora, lo han desconectado por mantenimiento. Estoy escribiendo en mi portátil, y tal vez lo tenga que subir al blogger desde Sidney. Bueno, da igual. Algún día esto llegará al blog. Mientras tanto... buenas noches.

jueves, junio 08, 2006

Nueva York -- Día lluvioso

Esta vez no hay nada que contar. Tengo trabajo atrasado y, como ha estado todo el día lloviendo, me he encerrado en la habitación del hotel desde después de comer hasta ahora mismo (las 11 y media). Solamente he parado para ir a cenar en el bar del hotel. Y es que sigue lloviendo... El menú, una pizza neoyorkina, es decir, una pizza normal y corriente. Y es que las pizzas en EEUU más que pizzas parecen cocas. Vamos, como el Pizza Hut. Se ve que como los immigrantes italianos paraban primero en Nueva York la pizza de esta ciudad es la tradicional... pero una vez oí que la pizza la inventaron los italianos de EEUU, alguien sabe de esto? Nada, buenas noches, que mañana sigue la conferencia.

Corrijo lo dicho arriba, según Wikipedia la pizza es realmente italiana, aunque los estadounidenses fueron los que la comercializaron. Y sí, la primera pizzería de los EEUU se abrió en Nueva York. Buenas noches.

miércoles, junio 07, 2006

Nueva York -- En busca del restaurante perdido


Hoy, otra vez he ido al paseo a comer de bocadillo, pero la verdad es que esto empieza a repetir... supongo que si vivo aquí al final ni me fijaría de los rascacielos. Y dicen que así es como se distingue a un auténtico neoyorquino de un turista: el neoyorquino no mira hacia arriba.

Bueno, esta tarde me hacía ilusión cenar algo distinto, y decidí ir a un restaurante español-asiático. No sé, igual vale la pena, y era uno de los que recomendaban en la conferencia. Total, que fui allí, y nada, que no lo encontraba. Pero no fui en vano. La zona tenía otra vista impresionante del puente de Brooklyn y Manhattan al fondo (¿Y por qué se llama "la gran manzana"?, me pregunto). Casi todos los que estaban allí estaban disfrutando del paisaje comiendo un helado, y pronto encontré al culpable de la invasión heladeril. Había una tienda que se preciaba de tener los mejores helados del lugar. Como dice Esther, me gusta mezclarme con la gente del lugar con lo que yo también me compré el helado y disfruté del paisaje. La verdad es que empezaba a pensar que el helado sería mi única cena...

De vuelta al hotel encontré el restaurante, pero estaba cerrado. Nada, que no hay suerte... eso pensé. Pero la verdad es que, a mitad de camino de vuelta, encontré un restaurante japonés diminuto, en una zona con más restaurantes asiáticos. Creo que es uno de esos pequeños secretos que nunca aparecen en las guías de viaje y que sólo los lugareños conocen. La cena fue seguramente mejor que la del restaurante que pensaba ir, y seguro que a mitad de precio.

¿Y el nombre del restaurante? Ah, ése es mi secreto. Y como éste debe de haber un montón en cualquier ciudad del mundo.

martes, junio 06, 2006

Nueva York -- Brooklyn


El hotel donde estoy está en Brooklyn, al lado mismo del puente, y de la vista de Manhattan que ha aparecido en tantas películas y fotografías. Total, que hoy, a la hora de comer, he decidido hacerme una ensalada (muy fácil, no hay más que ir a un supermercado cercano especializado en este tipo de cosas y preparar la ensalada allí mismo), e ir a comer a "Brooklyn Heights", el paseo con la vista de Manhattan. Mi idea era, más o menos, sentarme en un banco y disfrutar de la comida viendo los rascacielos. Pero yo no fui el único de la conferencia que pensó lo mismo, y sin pensarlo aparecimos allí unas diez personas de la conferencia. Me da la impresión que, al final de la conferencia, la mitad de los participantes estará allí haciendo lo mismo... se come barato, no se pagan propinas, y se ve un paisaje de película... nunca mejor dicho.

La calle que conecta el hotel con el paseo está llena de tiendas, cafés, y restaurantes. Me van a faltar días para probarlos todos. Pero bueno, igual sigo comiendo en el banco del paseo, con la mitad de la gente de la conferencia. Y lo sorprendente es la gente que hay por las calles. No son del tipo de los que se pasan el día estresados yendo de casa a la oficina y viceversa. Tal vez porque era la hora de comer, no sé, pero todos parecían muy relajados. Y la verdad es que no parecían turistas. O tal vez eran brooklinos (o como se diga) que estaban de vacaciones? Al fin y al cabo es verano.

Hoy ha salido el sol, con lo que, cómo no, no he podido evitar ir al paseo al anochecer, aquí va mi foto (con alguna que otra manipulación digital, he de decirlo).

lunes, junio 05, 2006

Nueva York -- Primer Día



Con las prisas con preparar todo para la conferencia no me dí cuenta que tenía la tarde del primer día libre, con lo que he aprovechado para hacer mi primera excursión. El hotel donde estoy es el Marriot, en Brooklyn, al lado mismo del puente de dicho nombre. El puente mismo es una maravilla de ingeniería. Empieza a estar viejo, pero aguanta bien, teniendo en cuenta el tráfico que pasa, y los turistas que lo atraviesan. Del puente pasé al lugar donde estaba el World Trade Center. Me sorprendió que no hubiera casi ningún recuerdo del evento, aparte del obvio espacio vacío. Algo que quieren evitar los neoyorquinos es que el lugar se convierta en algo comercial, y está prohibido vender mercancía sobre el suceso 11-Septiembre, e incluso pedir limosnas. La verdad es que había un músico de calle tocando con el sombrero en espera de monedas, pero parece que, o la policía no se había dado cuenta, o no se molestaban en echarle.

De allí caminé la calle Broadway hacia el norte, atravesando el Soho, una zona con tiendas baratas y donde había mercadillos. Tal vez porque era domingo? Acabé mi caminata en Washington Square Park, un parque donde la gente se congrega para hacer varias actividades. Había un grupo que tocaba blues espontáneamenta, algo así como un jam session, pero de blues. Pero lo más espectacular del parque hoy ha sido el grupo de capoeira, esa actividad brasileña a medio camino entre baile y arte marcial. Y en este caso, me dió la impresión de que tenía toques de break dance, hay que ver qué saltos y qué giros hacían. No os lo podéis imaginar, pero igual lo podéis ver en esta grabación que hice... lástima que mi cámara no tiene micrófono.

Mañana estaré todo el día en el hotel lo más seguro, atendiendo a la conferencia, y preparando mi presentación, con lo que es posible que no salga. Pero bueno, aquí van unas cuantas fotos de hoy.

domingo, junio 04, 2006

Nueva York -- La Llegada

Estas últimas semanas he estado muy ocupado y no he podido hacer caso al blog. La razón es que tenía que adelantar trabajo porque tenía que ir a una conferencia en Nueva York. Bueno, por qué hablo en el pasado? Acabo de llegar a Nueva York y ahora estoy en el hotel.

El viaje desde Australia hasta Nueva York es todo un acontecimiento. El viaje ha durado unas 24 horas, pero lo curioso es que, con la diferencia horaria y porque el cambio internacional de fecha está en un meridiano del Océano Pacífico, mi primer avión despegaba el sábado a las 10:50 y mi último avión aterrizaba el mismo sábado a las 19:00. Parece como si el tiempo se hubiera alargado. El tiempo que he ganado lo perderé a la vuelta, a no ser que haga como Phileas Fox, el de la vuelta al mundo en 80 días...

Esta es la primera vez que vengo a Nueva York, pero es la tercera vez que vengo a los EEUU. Y siempre que vengo me sorprendo de ver la poca eficiencia que hay en los aeropuertos. Parece como si las cosas funcionaran de milagro... He hecho escala en Los Angeles, y por casualidad he descubierto de dónde salía el avión con destino a Nueva York. No lo anunciaron en los carteles electrónicos, y ninguno de los que preguntaba en el aeropuerto sabía con certeza de dónde salía el avión. Todos decían algo así como "me parece que es por esa zona". Fui a la zona que me indicaron y sí, tenían razón, pero aun así no había ningún anuncio por ninguna parte.

Llegando a Nueva York me hacía ilusión ver los rascacielos desde el avión, pero al final del viaje estaba tan cansado y con tanto sueño atrasado que me dormí la última hora del viaje, y me desperté cuando el avión tomó tierra. ¡Lástima! Espero no dormirme a la vuelta.

El hotel tiene una habitación enorme. Es el recomendado por la conferencia y nos ofrecían un descuento muy grande. Pedí habitación en un piso alto con la esperanza de que la habitación tuviera vistas, pero ná, las "vistas" son a la parte de atrás de la manzana donde está el hotel.

Vale, igual sigo contando más cosas mañana. Ahora tengo que descansar, que la conferencia empieza mañana por la mañana...

Buenas noches

sábado, mayo 20, 2006

El precio de los plátanos

Hasta hace unas pocas semanas el arroz a la cubana era uno de los platos más baratos de preparar. Ahora se han convertido casi en un lujo, sobre todo si te gusta poner muchos plátanos. El precio se ha quintuplicado, y ahora un kilo vale más de 10 dólares australianos, esto es más de 6 euros al cambio actual. En casa prácticamente hemos eliminado los plátanos de nuestra dieta. Y no sé por qué, la verdad es que el plátano no es mi fruta preferida, pero desde que se han convertido en fruta de lujo los plátanos se me han hecho más atractivos.

Y cuál es la culpa de la subida del precio de los plátanos? Hace unos meses un huracán devastó la plantación principal de plátanos de Australia, y ahora quedan muy pocos plátanos en el mercado. La verdad es que aún no sé cómo no han podido importar la fruta de otros países a tiempo. No es que me importe mucho el que haya plátanos o no, pero me parece que aquí falta algo de previsión y preparación ante posibles contratiempos.

Y lo peor de todo, me temo que los beneficiados de la subida de precios no sean los agricultores que han perdido casi toda su cosecha, sino los intermediarios que se aprovechan de las leyes de la oferta y la demanda.

Nada, estamos en fin de semana. Tal vez mañana me comeré un plátano para celebrar que es domingo.

miércoles, mayo 10, 2006

Rescatados de su tumba

Valgan estas palabras como apoyo a los dos mineros, Todd Russell y Brant Webb, que acaban de ser rescatados de su tumba. Han pasado 14 días sepultados a más de 900 metros bajo tierra cuando la mina en la que trabajaban se desplomó encima de ellos. Fue un milagro que las rocas no les aplastaran, y fue más que un milagro que sobrevivieran solos, sin luz, sin comida y sin poderse mover, durante cinco días hasta que los equipos de salvamento los encontraron. Aún así tuvieron que esperar casi diez días hasta lograran sacarlos de su encierro.

Cuando salieron de la mina lo hicieron por su propio pie, y lo primero que hicieron fue coger sus fichas del panel que registra quién está en la mina. Un gran coraje es lo que tienen.

No tuvo su suerte Larry Knight, que murió aplastado.

La mina en la que trabajaban es una mina de oro. La próxima vez que compres joyas, párate a pensar por qué manos han pasado, y qué desastres pueden haber causado en su camino desde la mina hasta la joyería. Australia es un país más o menos rico, pero hay minas de oro, y sobre todo de diamantes, que están en países pobres y con problemas de corrupción causados por las mismas joyas. Sí, un diamante es para siempre. Espero que los problemas que genera no lo sean.