miércoles, febrero 06, 2008

Montañas azules




Cansado de tanto ajetreo diario, el otro fin de semana decidí irme de acampada. Era un fin de semana largo, el lunes era fiesta, una fiesta especial en la que los australianos celebran el ser australianos a su manera más australiana, que es irse a la playa, o al parque, a encender su barbacoa, y pasar el día comiendo y bebiendo. El sábado me acerqué al centro de Sidney, a ver a la gente celebrar, pero el domingo y lunes, harto de tanto ruido y gente, decidí irme adonde no haya nadie.

Tras un vistazo a mi libro de campings encuentro algo que parece ideal. No hay duchas ni cocina, por no haber no hay ni agua. Con lo que los que vayan no serán familias ruidosas con críos y su radio a toda pastilla. Y decidí probar ese lugar.

Llego el sábado a mediodía. El lugar es ciertamente solitario, no hay ni un alma. Bien, no tengo que buscar sitio donde poner la tienda, lo puedo hacer después, que hay otro camping que tiene río donde nadar, a lo mejor no hay demasiada gente.

Llego al otro camping, y como me temía, estaba lleno de familias con sus críos, sus enormes tiendas familiares, y ruido por todas partes, con lo que huyo despavorido del lugar, y decido hacer un paseo por la montaña para recuperarme del susto.

Este lugar se llama las montañas azules, y se supone que son azules por el vapor de los eucaliptos que forman los bosques de la zona. Digo que se supone porque para mí todo era verde y más verde, pero el lugar era precioso. La flora australiana es tan especial, tan cautivadora. Los árboles no pierden las hojas en invierno, pero mudan la corteza en verano para desprenderse de parásitos.

De vuelta a mi primer camping descubro que hay gente, está casi lleno, pero en un rincón apartado hay espacio. Menuda sorpresa, yo que esperaba estar solo... Bueno, parece que son gente tranquila.

Llega la noche, y se presenta un espectáculo al que los que vivimos en la ciudad apenas nos llega. El cielo, que aparece negro en las ciudades, aquí aparece cubierto por un número incontable de estrellas. Es un cielo sin luna y sin nubes, mostrando su espectáculo de estrellas y planetas, y no puedo resistirme a salir del camping a un lugar más oscuro, a disfrutar de las estrellas. Un par de años atrás estuve a punto de comprarme un telescopio. Al final me compré unos prismáticos, pero vaya descuido, esta vez me he olvidado de ellos. Pero da igual, se verán menos estrellas a ojo descubierto, pero el espectáculo también vale la pena. Y lo mejor de todo es el silencio. Un silencio casi perfecto, solamente perforado a veces por el ruido de aviones lejanos que vuelan al aeropuerto de Sidney, a unas dos horas en coche. En este mundo donde hay tantos estímulos sensoriales, estar una hora bajo el cielo estrellado, sin otra luz que el de las estrellas, y apenas sin ruidos, es todo un goce.

El goce no fue perfecto pues llegaban sonidos de la civilización, y desde el lugar donde estaba se podía percibir el fulgor de las luces de los barrios de Sidney,lejos, casi en el horizonte, pero visibles. De esta experiencia decido que, en mi primera oportunidad, me acerco al club de astronomía de al lado de la universidad, que organizan acampadas para ver las estrellas lejos de las luces de la ciudad, lo que llaman observación a cielo oscuro, donde se pueden ver nebulosas y estrellas lejanas, y donde la vía láctea parece un rayo de luz atravesando el cielo.

De vuelta al camping descubro que uno de los grupos de gente son jóvenes ruidosos que se pasan la noche paseando y haciendo ruido. Vaya, por lo menos están en la otra punta del camping con lo que puedo dormir.

La razón principal por la que quería acampar era para poder escuchar el canto de los pájaros al amanecer. Las aves australianas son también especiales, y algunas de ellas tienen un canto melódico con tonos muy puros, como flautas y campanitas formando una melodía de otro mundo. Y lo que a Mineko y a mí nos gusta más es el despertarnos con esta melodía tan especial. Con lo que me duermo, anticipando el canto de los pájaros al amanecer....

... y me despierta el canto de los pájaros, pero no el que me esperaba, ¡sino el de los loros! Loros ruidosos, haciendo un coro de ruidos desgarradores, a los que se unen las urracas, que también hacen su ruido, a ver quién puede más.

Pero tras este principio de cacofonías tanto loros como urracas se calman, gritan menos a menudo, y entre arranques de cacofonías llega un canto más delicado, el de los pájaros de sonido de flautas y campanitas, a izquierda y derecha, por todas partes. Incluso me parece oír el revoloteo de algún pájaro pequeño que parece estar curioseando cerca de la tienda de campaña. Ah, por fin, ahora siento que estoy de acampada.

Concierto matutino

Me levanto y me lavo la cara con dos dedos de agua de la botella, y tras un desayuno reponedor desmonto la tienda y voy a las cascadas de Wentworth, un lugar especial. Es el primer lugar que visitamos Mineko y yo, aun uno de mis favoritos. Los senderos recorren un acantilado de varios cientos de metros de altura donde varias cascadas arrojan su agua hacia el valle, un valle que parece ser imposible de alcanzar, allá abajo, cubierto de árboles hasta el horizonte. Un valle donde uno se podría imaginar que todavían viven animales desconocidos (y es verdad, que aun quedan muchas especies por descubrir en Australia).

Es un lugar muy popular, y en el sendero me encuentro con gente de todas nacionalidades. Incluso hay un grupo haciendo barranquismo bajando una de las cascadas. Y es que el lugar es cautivador. Me paso el día entero recorriendo senderos arriba y abajo, descubriendo un par de geocaches, y disfrutando del paisaje desde los innumerables miradores. El mirador de los príncipes, el de la emperadora, el de la reina Victoria... vaya lugar con tanta realeza.

Dejo el lugar, cansado en el cuerpo pero recuperado en el alma, dispuesto a enfrentarme a los ruidos y ajetreos de la ciudad.

Pero volveré. Volveré a ver las estrellas, a escuchar el silencio, a despertarme con las flautas y campanitas celestiales de las aves del lugar.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Jo, Diego, así da gusto hacer acampadas, jejejeje. Con esos paisajes y toda esa flora y fauna realmente espectacular... Así me vas a provocar más ganas todavía de irme allí a vivir, ;-P

Por cierto, ¿Y Mineko?¿No fue contigo?

Ah, Diego, tengo página flickr, te paso mi dirección, todavía no tengo muchas fotos.. Agrégame si eso, jejeje..

Besitosssss

PD: No te agrego yo porque todavía no controlo mucho, sorrys enormes

Esther Hhhh dijo...

Vale, Te digo que te paso mi enlace y no te lo paso.. Menudo desastre, ainsssssss....

http://www.flickr.com/photos/estherhhhh/

besitossssss

Diego dijo...

Hola Esther, he dejado unos cuantos comentarios en tu página de flickr y ya estás en mi lista de "friends"