sábado, febrero 07, 2009

Barcelona



Barcelona suele ser la ciudad destino de mis vuelos a España. Siempre llego cansado y con las horas cambiadas por la diferencia horaria con Australia, y aprovecho la estancia para descansar, dejar mis hábitos australianos, y recuperar mis hábitos españoles. Y es que yo soy una persona que, vaya donde vaya, no puedo evitar el adaptarme al lugar y cambiar.

Barcelona también tiene percepciones distintas para turistas españoles y extranjeros. Para los turistas españoles, Barcelona es esa ciudad cosmopolita y europea, decididamente europea. Para los turistas extranjeros, Barcelona es esa ciudad que, estando en España, ofrece tanto ambiente, cerveza, vino y tapas. Y en cierto modo esas dos facetas se me aparecen a mí cuando la visito. La veo de una forma cuando llego desde Australia, y de otra distinta cuando la dejo tras visitar España.

En el viaje más reciente visité Barcelona tras una ausencia de España de dos o tres años. Fue un viaje largo, de Australia a Singapur, y de allí a Barcelona. La ocasión, visitar familiares durante las vacaciones de Navidad y Año nuevo. En Barcelona están Celia y Manolo, y muy cerca Alex y Mercedes. ¡Saludos a todos y gracias por acogerme! Tuvimos ocasión de hablar, jugar con Alejandro y Natalia a futbolines y tantas otras cosas. Pero bueno, el tema de esta entrada son mis impresiones de Barcelona como ciudad.

Durante los primeros días, y aún con mi prisma de australiano, Barcelona se me antoja ciudad fría, que es invierno y vengo del verano australiano. Me traje ropa de abrigo de todo tipo, pero el frío barcelonés no se combate con la ropa, sino acostumbrándose a él. Por mucha ropa que te pongas, el frío entra y no se puede evitar. No es tanto el frío como la humedad que cala. Pero no me quejo, que por humedad hay mucha más en Gandia, que ya hablaré en otra entrada de este blog.

Barcelona tiene muchas atracciones turísticas, pero no suelen cambiar mucho con el tiempo, con lo que en este viaje no hago el recorrido turístico. Tampoco hago el recorrido de bares y restaurantes, que como no viene Mineko esta vez no me apetece salir. Simplemente, paseo por la ciudad. Y es cuando te das cuenta que es una ciudad como todas las ciudades, ruidosa y con un tráfico imposible, tanto que realmente pasear por las calles es exponerse a agresiones acústicas y olfativas por el ruido del tráfico y la contaminación. Acostumbrado a la tranquilidad de los suburbios de Sidney, este ajetreo me pone nervioso. Para evadirme del ruido visito una galería de arte de entre tantas que hay, o entro en uno de sus tantos bares y restaurantes, que tienen su ruido pero es más agradable. Y la comida, como esperaba, muy barata y muy buena comparado con lo que se come en Sidney. Algo que me encanta de España es que prácticamente cualquier bar y restaurante sirve una comida sorprendentemente buena por el precio. Es cierto que no es tan barata como la de Singapur, y la verdad es que no sé qué decir si es más buena. La comida española es tan diferente de la asiática que no se pueden comparar, simplemente hay que disfrutarlas cada una por separado.



Varias semanas más tarde, ya de vuelta a Australia y tras visitar a los familiares de Gandia, paso por Barcelona otra vez. Tras varias semanas de vacaciones y felicidad, ¡que hace tanto tiempo que no nos vemos, familia!, Barcelona no es tan fría, ni tan ruidosa. Tal vez porque aún hay ambiente de vacaciones, o porque mi mente está más relajada, no sé, la ciudad se hace más hospitalaria. Aprovecho para hacer las últimas compras, cosas que quiero comprar en España como regalos para la gente de Australia, y para mí una cajita de azafrán, que es más barato que en Australia y no pesa nada. El azafrán lo encuentro en una tienda de especias del casco antiguo. Y es cuando vuelvo a descubrir el encanto del casco antiguo, con sus edificios antiguos y calles estrechas. Algo tan antiguo no existe en ninguna ciudad de Sidney, y el verlas me transporta a siglos pasados, intentando imaginarme cómo viviría la gente de estas calles entonces.

Barcelona se despide de mí con una imagen casi insólita de un Tibidabo helado.

Barcelona, punto de entrada y salida de España, antes, y ahora.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

La verdad, Diego, es que para nosotros, Barcelona tiene algo que nos la acerca especialmente: Es una ciudad mediterránea, con un pasado comerciante que se le ha quedado impregnado en las calles, la ciudad por la que entró la Revolución Industrial a nuestro país... Pero no hay que olvidar que en todo eso se parece a Valencia y alrededores. Quizá, la diferencia más grande entre Valencia y Barcelona, es que, mientras que Barcelona nunca le ha dado la espalda al mar, a su Mediterráneo querido, Valencia sí lo ha hecho, me refiero a Valencia ciudad. Lo ha hecho por mucho tiempo, aunque ahora vuelva a mirar hacia el mar, en cierto modo, siguiendo la estela de Barcelona...

La humedad en los huesos, ese frío que cala y que no nos quitan los abrigos, es el precio que pagamos por tener el privilegio de ser mediterráneos. A mí no me importa, como dijo Serrat "nací en el Mediterráneo" y no sé como se me daría vivir lejos de él... En cualquier caso, lo que sí sé es que necesito tener cerca el mar, esté donde esté.

España es un país ruidoso, y sus ciudades lo son. Supongo que pasar tanto tiempo en lugares donde se respeta más el silencio o se tiene más en cuenta la contaminación acústica, al final, se nota.

Mientras estudiaba Geografía, al "pasearme" por Australia, uno de los datos que destacaba era su juventud como país y la carencia, a causa de esto, de Monumentos, de cascos antiguos y, en general, de Patrimonio. Lo cual no quiere decir que no haya nada de interés, de hecho, la arquitectura y los planos de ciudades como Melbourne, son francamente interesantes. Y eso sin dejar de lado la herencia de los pioneros... Pero no hay cascos antiguos, verdaderamente antiguos. Para mí, como para cualquier europeo, eso es tan normal, me parece tan lógico pasearme por calles, rodeada de edificios con más de quinientos años, que al final, a veces, ni miramos hacia arriba... Esa es una de mis diversiones, de mis pequeños "vicios" cuando paseo por Valencia, ahora que he vuelto a ella... Sobretodo por el casco antiguo, claro. Voy mirando hacia arriba, miro los bajos de los balcones, que habitualmente tienen ese clásico mosaico de ceramica manisera. Miro los escudos, las vidrieras, la arquitectura de algunos edificios... Y a veces me sorprendo, y es que a veces te das cuenta que has pasado cientos de veces por ese lugar y no te has dado cuenta del edificio tan hermoso que hay justo ahí. Supongo que lo bueno de irse a vivir fuera de Europa, y sobretodo a países "jóvenes", como Australia, EEUU o Canadá, por citar algunos, es precisamente que, al volver, eres mucho más consciente de estos pequeños detalles...

Por cierto, ahora que nombras el azafrán, un día de estos tienes que contar sobre "la cesta de la compra" en Sidney. Esas frutas que para ti ahora son habituales, o esas verduras, los pescados, etc... Supongo que, al igual que ahora el azafrán se te ha convertido en un producto más "de lujo" de lo que ya lo era, habrá muchas otras cosas que te costará encontrar o que serán más caras, en cambio habrá productos que en su momento fueron nuevos para ti, o que conocías pero aquí son intocables... Estaría bien que lo contaras.

Barcelona es, sin duda, un punto interesante para convertirlo en la puerta, de entrada o de salida, igual da, de esta otra parte de tu mundo...

Besitos

Esther Hhhh dijo...

Holaaaaaa otra vez... Te he dejado un premio en mi blog, jejeje...

Diego dijo...

Hola Esther,

Gracias por el premio! Pues a mí la verdad es que me daba la impresión que Barcelona hace menos caso al mar que Valencia. Al fin y al cabo en Valencia está la playa de la Malvarrosa pero no hay ninguna playa que valga la pena en Barcelona. Eso sí, el puerto de Barcelona es precioso y su zona de entretenimiento es una maravilla.