viernes, enero 05, 2007

Vuelta a casa




Hoy hemos decidido terminar las vacaciones y volver a casa, que ya estamos cansados de tanto ir de aquí para allá. Además, estos últimos días están siendo agobiantes con tanta gente de vacaciones. Pero antes, toca la despedida de Batemans Bay. Volvimos a la bahía de la guerilla con la intención de subir al peñón, y descubrimos que el peñón es realmente una isla en la marea alta y no una península como pensaba. Pensamos que la profundidad en el paso que separa a la isla de la playa sería muy poca y podríamos pasar con pantalones cortos, pero no, el paso es más profundo de lo que esperábamos y tuvimos que ponernos el bañador. Queríamos hacer fotos, con lo que llevamos las cámaras con cuidado, y en más de una ocasión estuvimos a punto de caer en el agua y mojar las cámaras. Pero lo conseguimos y llegamos al peñón. Es un peñón muy escarpado con rocas cortantes. El peñón tendrá unos 20 metros de altura y escalarlo es fácil, pero hay que tener cuidado de no cortarse con las rocas. La vista desde lo alto es una buena recompensa al esfuerzo de cruzar el paso y escalar el peñón. A nuestra espalda está la playa, rodeada de rocas. A los lados hay otras rocas e islas, y al frente está el mar, un mar azul y levemente ondulado por las olas.

De vuelta a Batemans Bay compramos otras cuatro docenas de ostras para llevarnos a casa, y en un bar cercano compramos ostras abiertas para la comida, y nos pusimos en marcha de vuelta a casa. Paramos en una zona de picnic en la carretera, donde acabamos con las ostras abiertas al ritmo de Chicago Blues que sonaba en una furgona cercana, donde un grupo de turistas parecía haber acampado a lo gratis.

A medida que nos acercábamos a Sidney el tráfico aumentaba, y al llegar a Ulladula el tráfico era increíble. Parece que todo Sidney había decidido tomar la misma carretera para disfrutar del fin de semana. En un principio pensamos ir a Jervis Bay, una bahía donde nos encanta ir a bucear, pero visto el tráfico que había en la carretera de la costa cambiamos de opinión. Los australianos, y la gente de Sidney en particular, tienen una preferencia increíble por la playa, con lo que decidimos volver a Sidney por la carretera de la montaña. En vez de ir a Jervis Bay nos desviamos por Kangaroo Valley, el valle de los canguros donde por cierto aún no he conseguido ver un solo canguro. Hicimos una corta parada en el mirador del paso de montaña que lleva el valle, un mirador con una vista impresionante, y entramos en el valle. El tráfico, aunque más denso que en Tasmania y en nuestro recorrido en Victoria, era mucho mejor que en la carretera de la costa, y pudimos disfrutar de un paisaje rural idílico.

Paramos en Fitzroy Falls a descansar y ver la catarata. La senda del camino nos llevó a un mirador sobre un corte en la montaña que bien podría bien ser de cien metros, y al lado se podía ver la catarata, un salto de agua desde lo alto del corte. La senda nos llevó a un par de miradores más, todos ellos en el borde del corte de montaña. Y en todos los miradores la altura daba vértigo. Bien se podría practicar parapente desde ellos.

De vuelta al coche nos detuvimos cada diez metros a observar la flora y vegetación de la zona. En el museo que visitamos en Camberra aprendí que los primeros naturalistas que visitaron Australia desestimaron la fauna y flora como algo primitivo y en vías de extinción. No sé qué tipo de expertos eran, yo no paro de asombrarme de ver la cantidad y variedad de marsupiales y animales extraños que se pueden descubrir en Australia, y sobre todo de las plantas. Tal vez tengan razón de que las plantas sean más primitivas que en Europa, al fin y al cabo son restos de la vegetación de Gondwana, el supercontinente que se desgajó antes de la llegada de los dinosaurios. Pero son tan distintas y variadas que es un gozo el verlas, tan diferentes de las plantas de Europa. De vez en cuando se ven noticias en los periódicos de que acaban de identificar una nueva especie de planta, o incluso una especie de árbol.

Otra vez al coche, ya decididos a llegar a Sidney sin más paradas. El tráfico se hizo más denso a medida que nos acercábamos a la metrópolis. Y una vez dentro, qué confusión. Otra vez rodeados de coches y de ruido, y de conductores maleducados que se cruzan en tu camino sin avisar.

Llegamos a casa, ¡por fin!, a las nueve de la noche. Lo primero que fuimos fue ver las plantas. Todas estaban gozosas y llenas de salud. Se ve que este año el tiempo ha sido bueno, sin demasiado calor y con un par de lluvias que dieron de beber a las plantas. Y nuestras medidas de protección contra posums y pájaros parece que han dado resultado. La tomatera en especial está repleta de tomates maduros, no puedo esperar a probarlos.

Hogar, dulce hogar. No hay nada como un viaje para descubrir qué bueno que es volver a casa.

2 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Es curioso, habeis puesto punto final al viaje el mismo día que acaban las vacaciones en españa, bueno, ya sabes el 6 es festivo y al siguiente a trabajar a menos que, como este año, caiga en domingo.
Sin duda creo que la elección de la carretera de montaña mucho mejor, dado que habeis pasado prácticamente todo el viaje yendo cerca de la costa.
Por cierto, el peñoncito se las traia, desde luego mucho cuidado con no cortarse.
Y dale con las ostras y no os cansais, ains que envidia, con el tiempo que hace que no me compro ostras. Pues mira, el próximo día que vea, me compro, ala.
El paisaje en Fitzroy Falls tenía que ser expléndido, sin duda. Lástima no poder disfrutarlo con vosotros.
Tienes mucha razón en lo que dices con respecto a la flora y fauna de Oceanía en general. De hecho por allí está esa isla donde hace poco han descubierto un montón de especies nuevas de plantas y animales, que además no tienen miedo a los humanos porque jamás han visto uno. Increíble.
¿Sabes? Yo siempre que me voy de viaje, y en especial este verano, cuando volví de Marruecos, vuelvo triste por dejar esos parajes donde tan bien lo he pasado. Marruecos en especial me dejo una huella inborrable. Pero cuando vuelves a casa y ves tus cosas, allí donde las dejaste, sabes que ese es tu sitio... no sé, especial. Tu hogar.
Por cierto hace tiempo que no me escribes, eh?? ¿me tas leyendo últimamente u que?
En fin, que sepas que me ha encantado tu viaje y sólo me has llenado de mil razones más para querer irme a Australia y tal vez, siguiendo tu ejemplo, no volver...

Besitos para Mineko y para ti.

Diego dijo...

Hola Esther, Esto de poner las entradas en el blog y sobre todo las fotos me ha costado más de lo que pensaba y no he tenido tiempo de ver el tuyo, pero ahora tengo más tiempo. Muy interesante la historia que estás escribiendo, veré a ver cómo sigue.