sábado, septiembre 20, 2008

Viaje al corazón de Australia




De nuevo de viaje, esta vez al centro mismo de Australia. El motivo es, simplemente, que me han dicho en el trabajo que tengo que tomarme unas vacaciones, que he llegado al límite de horas acumuladas y voy a perderlas si no las convierto en vacaciones. Mineko está muy ocupada y no puede viajar, pero yo no quiero perderme estas horas de vacaciones. Dado que a Mineko no le llama el visitar el centro de Australia (mucho calor, sin agua, con mucho polvo y muy poco verde), aprovecho para viajar solo, que el lugar es otra de las partes de Australia que quiero visitar.

El centro de Australia tiene la roca más famosa del mundo, Uluru, cerca de otras maravillas naturales, y algunos restos de cultura aborígen. El viaje promete, y se me antoja pensar que viajando sólo puedo también descubrir algo nuevo, o al menos estaré más receptivo a descubrir cosas nuevas.

El viaje no empieza con buen pie, pues para el taxista que me lleva al aeropuerto es su primer día, soy casi su primer cliente, y él está muy nervioso, cometiendo errores terribles de dirección. Al final tengo que decirle, casi calle por calle, cómo llegar al aeropuerto. Me asombra que gente tan poco preparada para llevar gente pueda trabajar como taxista. Pero bueno, llego al aeropuerto con el tiempo justo pero sin problemas.

Ya en el avión, de vuelo al aeropuerto de Connellan, nuestro destino, empiezo a hacer planes, cuando oigo palabras en español. Descubro que los acompañantes de al lado son españoles, Celia y Javier, que están pasando unas semanas en Australia y su primera etapa es Uluru. Empezamos a hablar, y no paramos hasta llegar al destino, unas tres horas y media más tarde. Y yo que pensaba que me aburriría en el vuelo... con el tiempo que hace que no hablo español, esta oportunidad es de agradecer. Y la coincidencia hace que estemos alojados en el mismo lugar (la verdad es que no hay mucho donde elegir en la zona), con lo que quedamos para después. Por lo pronto nos despedimos en el aeropuerto, que yo tengo que coger el coche de alquiler y ellos van en el autobús. Su plan es apuntarse a viajes organizados en la zona, el mío es ir sin guía, sin que me diga nadie dónde ir, qué mirar, ni qué escuchar.

La zona está en uno de los desiertos australianos. Es invierno, pero el calor es muy fuerte, y seco. El suelo es rojo y polvoriento, pero lo asombroso es que hay vegetación. A pesar del calor y la poca humedad, el lugar tiene gran cantidad de arbustos altos y árboles. No hay colinas, es todo plano, y a lo lejos se ve el objetivo de nuestra visita, Uluru, la gran roca. Me falta tiempo para dejar las cosas en mi habitación, una habitación compartida con cuatro literas, pero que por lo pronto está vacía. Visito la oficina de turismo para ver si hay algo interesante a que apuntarse, y descubro la agencia Anangu, una agencia creada por aborígenes y que se especializa en contar las historias y costumbres de la gente de la zona. Tal vez me apunte a alguno de sus tours, pero hoy prefiero ir a visitar la roca con mis ojos y no con los de un guía. Así, compro algo de agua en la tienda cercana (que el calor abrasa), y salgo camino a la roca.

La roca está allí, enfrente, y poco a poco, a medida que me acerco, se hace más grande y empieza a mostrar algunos de sus detalles. Es algo imponente, una especie de imán que atrae a cualquiera que esté a menos de cincuenta kilómetros del lugar. Una roca roja, de varios cientos metros de altura, con estrías y cuevas en las laderas. La ciencia occidental dice que es un estrato sedimentario que se formó hace más de cien millones de años, cuando la zona era parte de un mar. Fuerzas de la naturaleza y el paso de los eones hicieron que el mar se tornara en desierto, y los estratos horizontales se tornaran verticales, creando la maravilla natural más impresionante que jamás haya visto. Es algo que anima a creer en Dios, o en fuerzas sobrenaturales. Y más tarde descubro que esta roca es verdaderamente el centro espiritual de las comunidades aborígenes de Australia, y casi cada detalle de la roca tiene sus orígenes mitológicos y leyendas.

Tras una corta visita al centro de visita de Uluru, al final llego a la base de la roca. Una senda lleva a la cima de la roca, y un reguero de pèrsonas, como hormigas, laboriosamente suben por la ladera, bajo un calor de justicia. Al principio de la senda hay un cartel que pide, por favor, no subir. Esto es algo que me he preguntado muchas veces. Los aborígenes ruegan a la gente que no suba, pero las agencias turísticas parecen no pasar esta petición a los turistas, y mucha gente que viene a este lugar con la ilusión de escalar la roca se encuentran con este cartel y el dilema, ¿subir o no subir?

El motivo por el que piden que no se escale la montaña, me dice un guía más tarde, no es porque la roca sea sagrada, que no lo es realmente (solamente partes de ella), sino porque es peligroso, ha habido accidentes y muertes por el calor y el fuerte viento, y cuando algo pasa los aborígenes sienten que es en parte su culpa por dejarles subir.

Mi destino no es esta parte de la roca, pero el mapa indica una carretera que no existe para llegar hasta allí. Al final, tras rodear la roca, llego a Kuniya, la parte que quiero visitar. Esta parte está en sombra, que es mucho más agradable. Hay menos gente, y veo a un grupo de turistas con dos guías aborígenes, dos mujeres de edad, con un intérprete jóven y raza indeterminada. El intérprete habla la lengua aborígen y el inglés con acento, pero sus rasgos son más bien asiáticos. Descubro que son de la agencia Anangu, la agencia aborígen. El grupo es muy pequeño, las mujeres guía disfrutan mostrando las costumbres e historias de sus antepasados, y los turistas disfrutan más oyéndolas. Si voy a apuntarme a un tour, decido que será con esta agencia, más íntima que las superagencias turísticas e impersonales que he visto con el poco tiempo que llevo en la zona.

Son ya las cinco de la tarde. El calor sigue pero la luz empieza a hacerse más cálida y suave. Nos acercamos a la hora mágica cuando la roca se convierte en el espectáculo de color que atrae a tantos fotógrafos. Pero ya estoy decidido en apuntarme al tour de Anangu para mañana por la tarde, con lo que veré la puesta de sol mañana. Hoy, en cambio, iré a Kata-Tjuta, otra de las maravillas de la zona.

Kata-Tjuta son unas colinas rocosas a unos 60 kilómetros. Si estuvieran en otro lugar del mundo estas colinas serían la atracción principal. Pero aquí son simplemente algo secundario a Uluru, algo que la gente ve de paso, tras visitar la gran roca. Aun así, a medida que me acerco, las colinas empiezan a imponerse, y una vez que llego al mirador, justo a tiempo para la puesta de sol, las colinas están bañadas de rojo con los últimos rayos de sol. Es algo verdaderamente espectaular.

De vuelta al hotel me apunto a una atracción turística especial. Es noche cerrada y sin luna, y encima de nosotros se nos presenta otro espectáculo de la naturaleza. Son las estrellas, algo que apenas se ve con las luces de las ciudades, pero aquí son protagonistas. La atracción turística consiste en recorrer las constelaciones, mostrándonos las estrellas más importantes, la vía láctea, las nubes de Magallanes que solamente se pueden ver desde el hemisferio sur, y por supuesto la cruz del sur. El hemisferio sur tiene muchas más estrellas que el norte, y cuando tuve la ocasión de ver el cielo estrellado en mi primer año en Australia me quedé prendado con su belleza y gran cantidad de estrellas. Pero este guía turístico es demasiado, pues eso, turístico. El guía rápidamente enseña estrellas y constelaciones, pero no tenemos tiempo de disfrutar de ellas, y enseguida nos pasa de una a otra attración estelar. Es como ir en un autobús turístico. "A la izquierda pueden ver la estrella Arturo, a la derecha la cruz del sur, a la izquierda ..." En el telescopio vemos cuatro cosas y para de contar, y siempre con poco tiempo para disfrutarlas. Toda una decepción, hay tantas maneras de mostrar las estrellas, y este guía escoge una fórmula tan poco atractiva. Menos mal que me he traído los prismáticos, mapa estelar y libro de astronomía. En cuanto pueda haré el recorrido estelar por mi cuenta y sin distracciones.

Bien, el viaje no ha hecho más que empezar. He visto ya muchas cosas, la gran roca me ha impresionado, pero ¿podrá mostrar más de sus encantos mañana? Pronto lo descubriré.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Aish, Diego, que el castellano se te está olvidando... Vamos a ver, alma de cántaro, "el trabajo que tengo the tomarme unas vacaciones" ¿desde cuando existe el pronombre "the" en tu lengua materna?¿No crees que sería más correcto un hispánico "que" en vez de un británico "the"? Sigo...
"El viaje promete, y se me hace pensar que viajando sólo" el "se" sobra un poco bastante. Más... "el lugar tiene gran cantidades de arbustos altos y árboles" o pones "gran cantidad de" o pones "grandes cantidades de". Ambas formas son correctas, pero la mezcla de ambas no. Aish ese condicional: "Tal vez me apunto a alguno de sus tours" más bien sería "tal vez ME APUNTE...". Tu siguiente error es bastante común para los valencianos, catalanes y mallorquines: "han habido accidentes" Mientras que en valenciano, catalán o mallorquín, el auxiliar "haber" si tiene plural, en castellano no, es decir que lo correcto es decir "ha habido bastantes". Esto es un poco incorrecto: "la roca se convierte en un espectáculo de color que atrae a tantos fotógrafos" Sería mejor "...en EL espectáculo que atrae a TANTOS" o "...en UN espectaculo que atrae a MUCHOS" por el contexto de la frase, yo creo que lo que quieres decir se corresponde más bien a la primera opción.

Bueno, pues eso, perdona pero es que en este texto has escrito muy... "australiano", jejeje... Así que como familia tuya y persona que te quiere, me he visto obligada a decírtelo.

En cuanto al relato, uff, Australia, desde tus ojos, cada vez me impresiona más. Los desiertos son lugares magníficos siempre, lo mires como lo mires. Es una conclusión a la que llegué hace tiempo, cuando visité el Sahara, y eso que apenas me adentré en él. Desde entonces veo con otra mirada los desiertos, incluso aunque no los pise y sólo vea fotografías de ellos.

Me han enternecido mucho las razones de los aborígenes para pedir por favor que no se suba a la montaña. Creo que, sabiendo sus razones, me resultaría muy complicado subir, pero no porque me diera miedo, si no porque me sentiría yo misma culpable de hacerles sentirse culpables si me pasara algo.

Siempre he pensado que hay menos estrellas en el hemisferio sur, quizá porque en los pocos mapas que he visto, las que señalan son pocas, (la cruz del sur y poco más) no lo sé. En cualquier caso me gustaría ver el cielo de la otra parte de la bóbeda celeste, porque este hemisferio ya lo tengo muy visto. Lástima que el guía fuera tan rápido.

En fin, a la espera estoy de la siguiente parte del relato, tengo ganas de saber que tal con los aborígenes, y si has vuelto a coincidir con Celia y Javier. Ah, por cierto, que sepas que he hecho una visita a tu flickr álbum y he visto todas las fotos y comentado algunas, jejeje...

Besitosssssssss

Diego dijo...

Hola Esther,

Pues resulta que me han pasado tantas cosas en este viaje y tengo tan poco tiempo para contarlas, que al final me salen cantidad de errores. Sobre todo al escribir rápido, que a veces los dedos van solos y escriben en inglés. Nada, gracias por tu ayuda, corregiré el relato, y a ver si me aplico mejor.

Esther Hhhh dijo...

Jajaja, Diego, no te apures, que sólo fue porque me sorprendió mucho encontrarme tanto error. El que más me chocó fue el de "the".

Pero sí, céntrate no vayas a perder el castellano, que entonces lo mismo tu padre te deshereda o algo, jejejeje...

Besitos