martes, enero 15, 2008

Breve visita a Tokio


El último día en este viaje a Japón lo he pasado en Tokio. El avión de Asahikawa llega a Tokio-Haneda, el aeropuerto para vuelos domésticos, y el vuelo a Sidney parte de Narita, el aeropuerto internacional. Entre un vuelo y otro hay unas cinco horas, con lo que decido dar un paseo por las calles de Tokio.

En un principio quería ir a Omiya, el barrio de los bonsais, pero el avión tiene previsto llegar a Tokio cerca de las tres, y cuando al fin llegue a Omiya puede que esten cerrando los parques, con lo que decido ir a Ueno y ver su parque, de paso buscar un par de tesoros, y acabar en Akihabara, el centro de compras de productos electrónicos.

Y así, el avión deja Asahikawa con su planicia nevada hasta el horizonte. Detrás quedan Mineko y sus parientes cercanos, las comidas fabulosas (creo que he ganado unos tres kilos, y es que las Navidades son iguales en todas partes), y la nieve.

Llego a Tokio, la gran ciudad, entre bruma y lluvia. Tras un poco de preguntar aquí y allá encuentro la manera de tomar el monoraíl primero y el tren después hasta Ueno, en pleno centro. Dejo las maletas en la estación (y es que aun se pueden dejar las maletas en consigna en Japón, pese a la amenaza terrorista global), y salgo a Ueno y su parque. Sigue lloviendo, y me decido buscar caches. El día empieza a oscurecer a pesar de ser apenas las cuatro de la tarde, y entre lluvias, cantidad de muggles y la oscuridad que me empieza a hacer difícil la búsqueda, decido abandonar y caminar a Akihabara.

Aun en el parque y de camino a Akihabara mi receptor GPS me dice que hay otro cache, y decido probar suerte. Esta vez encuentro el cache enseguida, pero no hay minuto que pasa sin muggles, y me cuesta esperar, para deprisa y corriendo quitar las piedras que ocultan el tesoro, un tesoro escondido en un muro justo al lado de un templo.

Sigue lloviendo, y el segundo problema es dónde encontrar un lugar apartado donde abrir mi tesoro. El lugar tiene pocos bancos, me es imposible sentarme en el suelo por la lluvia, y todos los lugares apartados del parque resultan tener habitantes. Mineko me dijo en una ocasión que Tokio tiene gran cantidad de gente sin hogar. Muchos de ellos son el resultado de desgracias personales o financieras, pero algunos de ellos, cuenta Mineko, son gente que decide abandonar el ajetreo diario de Tokio, lo dejan todo, incluso mujer e hijos, y se aislan de la sociedad, irónicamente para vivir en medio de las calles de una de las ciudades más populosas del mundo. Son gente que no tienen problemas de drogas, no son violentos y ni siquera mendigan. Son hermitaños urbanos. Y parece ser que muchos de ellos pasan la noche en Ueno, un parque que no tiene ni muros ni barreras que lo cierren por la noche.

Al final encuentro un lugar donde abrir mi tesoro, encuentro un monton de geo-monedas y "travel bugs", tomo algunos de ellos y los reemplazo con mis objetos australianos, bajo la mirada un tanto curiosa de un hermitaño urbano, y vuelvo al lugar donde debo de esconder el cache. Si era difícil coger el cache, más difícil era volver a esconderlo, poniendo las piedras en su lugar cual rompecabezas donde ninguna de las piezas encaja. y parando cada minuto por la presencia de muggles. Al final lo consigo, pero demasiado tarde, un muggle pasa por detrás de mi cuando estaba poniendo la última piedra. No me dice nada, y si me dijiera no le entendería, y pasa de largo.

Bueno, he conseguido el objetivo de dejar todos mis geo-productos australianos en Japón, ahora puedo disfrutar de Akihabara. El tiempo apremia, tengo que tomar el tren dentro de menos de una hora. Aprieto el paso, y paso por calles que parecen todas iguales, con grandes letreros anunciando karaoke, y tiendas de mangas, las revistas-tebeo japonesas que son tan populares en Japón y el extranjero. Y es que, descubro después, era el centro de mangas de Tokio.

Llego a una zona con más letreros luminosos, si cabe. He llegado a Akihabara. Entro en un par de tiendas con la idea de ver si tienen objetivos para mi cámara, pero descubro que lo que venden son productos más bien inútiles para mí, como teléfonos móbiles que no puedo usar, o iPods que puedo comprar más baratos en Australia y que de todos modos no uso. Con lo que, para acabar mi visita en Tokio, decido buscar otro tesoro, uno que está escondido en el corazón de Akihabara. Es un micro, un recipiente muy pequeño como de carrete de fotos (ya sabes, de esos donde las fotos hay que revelarlas con procesos químicos, nada de ordenadores e impresoras), escondido en un puente. Para disimular un poco tomo un par de fotos, una de ellas es la de esta entrada.

Y el tiempo se acaba, he de tomar el tren. Corro a la estación de tren, tomo el cercanías que me lleva a Ueno donde cojo las maletas, tomo otro cercanías hasta la estación Rippongi (si me acuerdo del nombre bien), y allí tomo el tren que me lleva al aeropuerto.  El tren está lleno de gente que acaban el trabajo y vuelven a casa pero no está tan lleno como en el metro, con lo que encuentro asiento.

Casi en el aeropuerto, en Narita, descubro que durante las dos semanas y media que he estado fuera alguien ha creado dos o tres caches, o eso dice mi receptor GPS. Estupendo, ya tengo algo que hacer la próxima vez que haga escala en Narita.

Y por fin, en el avión, de vuelta a casa. Se acabó mi invierno de dos semanas y media, vuelvo al verano, al calor, a las playas, a las carreras de natación en mar abierto, a los bonsais... ¿habrán sobrevivido al calor? Dejé mis más preciados bonsais al cuidado de mi instructor, pero ¿y los otros?

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3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Vaya, yo creí que Mineko volvía contigo, pues ella si que se está tirando un montón de tiempo en Japón ¿no le gusta el verano? jejeje... Supongo que tenía ganas de estar con su familia.
Tokio la verdad parece una ciudad enorme y ruidosa. Si fuera a Japón, supongo que la visitaría por curiosidad, ya que estoy, pero poco tiempo, no creo que más de un día, aunque eso es hablar por hablar.

Veo que le has pillado vicio a lo de los caches ¿eh? A ver si cuando estés por aquí me llevas contigo alguna vez a buscar uno, jejeje, así me instruyes.

Ahora tienes que contar que tal sobrevivieron tus bonsais. ¿Y cómo llevas tanto cambio de temperatura? uff, ese jetlag tiene que ser peor, jajajaja...

Besossssss

Esther Hhhh dijo...

Oye, un poco de marujeo, jejeje, que estaba visitando tu cuenta flickr y hay una foto de una boda ¿la tomaste porque te gustó o son conocidos?, en otras palabras ¿y esos quienes son? jajajaja

Besos

Diego dijo...

Hola Esther,

Mineko siempre se queda unas semanas más, para aprovechar el viaje. Su trabajo no le impide viajar, siempre y cuando haya acceso por internet... suerte que tiene una.

¿Y los bonsais? Los mejores sobrevivieron porque los dejé al cuidado de mi maestro de bonsais. Los otros están muy mal excepto los olivos y los ficus, que parece que hasta disfrutan de la sequia y el calor. A ver si los otros sobreviven.

Los de la boda son gente conocida pero no por tí ;-)... Luiz y Joanne, de aquí en Sidney.