sábado, julio 19, 2008

Encuentros con Nemo



Atrás quedaron los problemas con el avión. Por fin hemos llegado a Cairns. La noche es agradable, acogedora, pero no hacemos más que ir al motel, el Balinese, que al día siguiente tenemos que levantarnos temprano.

Y el sábado llega, el barco nos espera. A prisas, como va a ser la costumbre en este viaje, recogemos las cosas. Al final decidimos dejar una de las maletas en el motel. Al fin y al cabo no vamos a necesitar las botas camperas (no hay montañas que subir, sino abismos que bajar en esta parte del viaje), ni la ropa de invierno que llevábamos puesta en Sidney.

Ya lejos del motel, en la oficina de Deep Sea Divers Den, la agencia que organiza la aventura, descubro que me he dejado los documentos que certifican mi condición de submarinista. ¡No tengo pruebas de mi título! Me he dejado incluso el librillo con las notas de las otras inmersiones. ¿Qué hago? Azorado, busco a uno de los agentes y le explico lo que me pasa. Me he dejado los documentos en la maleta del hotel. El agente busca mis datos en la base de datos de PADI, la agencia que me ha dado la certificación, pero como me saqué el título hace apenas unos meses los datos no han llegado aún. ¿Será que viajan con los peces y no han llegado de Sidney a Cairns?

"No worries", como dicen los Australianos. Si puedo demostrar que sé manejar el equipo me dejarán hacer una inmersión con un guía, y así puedo demostrar que puedo bucear. Como tenía previsto hacer la primera inmersión con guía, la solución me parece estupenda. ¡Menos mal!

Estamos por fin en el barco, camino a la barrera de coral. Durante el recorrido los guías empiezan a dar lecciones a los que van a aprender a bucear. Yo, mientras, disfruto del paisaje marino, y estudio los pósteres de peces. De repente el barco se para. ¡Han divisado ballenas! Me acuerdo que hace unas semanas las ballenas estaban pasando por Sidney camino a aguas tropicales, y ahora estamos en su lugar de destino. Vemos a las ballenas mucho más cerca que cuando estábamos en Sidney, y corro a coger mi cámara, cambiar el objetivo, salir a la borda... pero para entonces el barco ha vuelto a tomar el camino hacia el arrecife. Las ballenas se ven cada vez más lejos, y apenas puedo tomar un par de fotos.

Mi esperanza no flojea por este contratiempo, y sigo mirando a través del objetivo, a ver si aparece otra. Y he aquí que no aparecen ballenas, ¡sino delfines! Un par de delfines saltarines empiezan a jugar, es un placer ver a estos caracteres tan simpáticos, en su elemento, sin ir a buscarlos.

Un par de horas más tarde vemos más barcos en una zona de aguas más claras y tranquilas. Hemos llegado al arrecife. Por fin mi sueño se va a cumplir. Voy a ver a Nemo y compañeros bajo el agua. Corriendo me pongo el traje, el chaleco con la botella, las gafas, y lo más importante, la cámara de fotos. ¡Y al agua!

El agua está más fría de lo que esperaba, pero mucho mejor que en Sidney. El instructor me hace repetir una serie de ejercicios bajo el agua, como hacer que entre agua dentro de las gafas para después expulsarla soplando con la nariz, o quitarme el respirador, soltarlo, y volver a cogerlo sin mirar. Y ya satisfecho, empieza el recorrido guiado.

La primera impresión del arrecife es que no es tan colorido como lo sacan el las películas. Tal vez porque el cielo está un poco nublado, o tal vez porque no usamos luz artificial, el tono azul lo domina todo. La zona no está llena de corales por todas partes, y no hay peces de colores en todas las rocas, sino que hay que saber dónde mirar. Poco a poco el encanto submarino se empieza a mostrar, y encontramos almejas de casi medio metro, gusanos de más de un metro decorados con estrellitas, y pececillos escondiéndose entre el coral. El coral mismo tiene numerosas formas y colores: blanco, azul, rojo. Y protegido por los tentáculos de una anémona encontramos a Nemo, el pez payaso. Lo que más me gustó de todo fue los peces que estaban viviendo en una anémona púrpura, llamativa.

En este día hay planeadas cuatro inmersiones. Así, una hora después de salir de nuestro paseo submarino el barco se para en otra parte del mismo arrecife, y esta vez voy sin guía. Mi acompañante es Irene (que a pesar del nombre no es española ni parece tener relación con España no latinoamérica), que ha venido a este viaje para sacarse el título de submarinista avanzado. Y ya a punto de saltar al agua conozco a Marcos y Sonia, una pareja de Madrid que han venido a Australia sin saber inglés. ¡Qué coraje! Marcos, Sonia, si llegáis a leer esto poned un comentarito. Decidimos ir los cuatro juntos en esta nuestra primera inmersión sin guía.

Ya en el agua, al intentar sumergirnos, Marcos se da cuenta que se ha dejado los pesos y no se puede hundir. Tiene que volver al barco. No, si ya le parecía que iba ligero, nos cuenta. Irene y yo decidimos ir por nuestra cuenta, que ya podremos ir juntos en otra ocasión. Pero Irene también tiene problemas para sumergirse. Parece ser que no tiene bastante peso, y tengo que tirar de ella desde el fondo. Así llegamos a aguas más profundas, donde la presión hace que Irene no flote, y empezamos a disfrutar del paisaje. El plan es ir por la derecha, donde hay varias atracciones por ver, atravesar una especie de barranco sumergido y acabar en una zona donde hay tortugas marinas. Bueno, eso es el plan, pues bajo el agua y sin mapa ni brújula todo parece lo mismo. Seguimos una pared rocosa y pronto el camino se acaba. Damos vueltas bajo el agua pero ni rastro de ese barranco sumergido. Llegamos a aguas menos profundas, y entonces Irene tiene problemas para seguir bajo el agua, simplemente flota por la falta de peso. Tirando de ella la hago volver a aguas más profundas, pero cada vez es más difícil para que se quede bajo el agua, y pronto me dice que se le está a punto de acabar el aire. Y es que con el esfuerzo que estaba haciendo para mantenerse bajo el agua estaba respirando más de lo normal.

Salimos al aire, y descubro que habíamos estado siempre cerca del barco. Y de las tortugas, nada. Ya en el barco, Marcos y Sonia nos cuentan que ellos sí que han visto a una tortuga. No si al final tenía que haberlos esperado e ir todos juntos... la próxima vez iremos juntos.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Ha tenido que ser un viaje genial, jejeje. He estado viendo tus fotos, y me han encantado.

Besitosssss

Diego dijo...

Hola Esther,

Me alegra que the gusten las fotos. He de reconocer que he hecho truco y las he pasado por un editor de imágenes para sacarles color...

Esther Hhhh dijo...

Ala que tramposooooooooooooo