sábado, junio 30, 2007

Mineko en Praga


Hoy ha sido un día completo. Toda la mañana la he pasado en el congreso, atendiendo ponencias, hasta no poder más. A la hora de comer no tenía mucha hambre pues había comido en abundancia durante los descansos. Con lo que en vez de comer aproveché para ir al "wellness centre" que tiene su piscina, sala de maisajes, gimnasio de pesas, sauna y alguna que otra cosa más. Me fui a la piscina e hice un montón de largos, o más bien cortos, pues la piscina no tendría más de 20 metros, y luego fui a la sauna, a sudar y relajarme. Qué calor, y qué gusto al salir de la sauna.

Por la tarde atendí a un par de presentaciones más, y luego fui al centro con unos compañeros. Acabamos bebiendo cervezas y haciendo una cena pronta en lo alto de una terraza desde donde se veían los tejados de toda la ciudad en el centro histórico, al lado del reloj astronómico que tiene tanta fama. Era como ser los dueños de la ciudad (o los vigilantes?).

La cena pronta fue porque tenía que ir a recoger a Mineko al aeropuerto, que viene a Praga a pasar el fin de semana antes de irnos a Atenas. Stephen, un compañero de David también tenía que ir a recoger a su mujer al aeropuerto, qué casualidad, y fuimos los dos juntos con el plan de compartir taxi de vuelta al hotel.

Mineko al fin llegó, tras una hora de espera por las maletas, pero la mujer de Stephen tuvo peor suerte y su vuelo se retrasó varias horas, con lo que Mineko y yo volvimos al hotel por nuestra cuenta. Tomamos un minibús, qué decisión más errónea. Tuvimos que esperar a que el minibús se llenara, y después el minibús hizo un recorrido no solicitado por la ciudad mientras dejaba a los otros pasajeros, en grupos. Nosotros fuimos los últimos en dejar el minibús después de como una hora de recorrido. Y creeréis que el precio sería a compartir entre los viajeros? De eso nada. Cada grupo pagó el equivalente de un viaje en taxi. La compañía sacó el equivalente de tres tarifas de taxi en un solo viaje, y nosotros tardamos mucho más de lo que habría sido si hubiéramos tomado un taxi. El viaje en sí no fue demasiado caro si se compara con otros países, pero daba la sensación de que nos estaban tomando el pelo. No da gusto viajar así.

3 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Ains, Diego, que chulo ese restaurante, si voy a Praga, ya me dirás donde está, porque esa terraza es genial...
Y por fin Mineko contigo. Ahora me imagino que debeis estar de camino a Atenas, osea que ¿será la próxima entrada con foto del barrio de Placa? Ojala, ¿me harás el favor de comprobar si todavía existe el Café Placa? Que bonitos recuerdos tengo de Atenas.. Y el hombre de cristal, esa enorme escultura de vidrio que es un discóbolo, creo recordar y que está por el centro de la ciudad, en una plaza-rotonda por la que pasas para ir casi a cualquier parte.

Uys perdón, me fui yo a Grecia y esta entrada todavía está en Praga. Pues eso, la ciudad genial, y lo del minibus... La verdad que a veces vale la pena no intentar ahorrar, porque ya ves tú. Al menos ya lo sabes para la próxima.

Besitossss

Esther Hhhh dijo...

Ah, por cierto, recordarte dos cositas de los taxis atenienses: A) son bastante baratos y valen la pena.

B) Se comparten, es decir, cada taxi tiene tres plazas o incluso cuatro si el taxista no tiene inconveniente de llevar a alguien delante. Si en el taxi que vas queda plaza para alguien más y durante el trayecto alguien le para, se parará y recogerá al nuevo pasajero. Primero os dejará a vosotros y luego llevará a su destino al pasajero en cuestión. Tú pagarás tu trayecto y él el suyo.

Los autobuses Atenienses son todavía más baratos que los taxis y están bastante bien.

Bueno, eso es lo que recuerdo de mi estancia por la ciudad helénica, ya hace años, pero imagino que, dado el caracter de los griegos, seguirán las cosas más o menos igual, jejeje...

Besitosssss

Diego dijo...

Hola Esther,

Pues los taxis de Atenas por ahora ganan a los de Praga. El taxi del aeropuerto al hotel, un recorrid más largo que el de Praga, resultó mucho más barato... y pagamos lo que decía el contador, no como en Praga que el contador brillaba por su ausencia...

Ahora que estoy an Atenas miraré lo que cuentas, a ver si lo encuentro. Por ahora me gusta porque el ambiente es más bien como el de Alicante.

Diego