viernes, diciembre 22, 2006

Bicheno




Hoy ha sido un día tranquilo. Ya tenemos alojamiento asegurado para esta noche, podemos disfrutar del día. Si el tiempo es bueno podemos ir a la playa. Si no... bueno, algo habrá. Por lo pronto el día es bastante malo. El mar está peor que ayer, y el cielo está muy nublado. Se supone que hará calor, pero por ahora no se nota. Por lo pronto, por la mañana mejor no ir a la playa. En vez de eso tomamos el coche y viajamos a la península de Freycenet, donde nos han dicho que se alquilan piraguas.

Llegamos a la península, pero el día se ha tornado ventoso, y la verdad es que tampoco apetece ir en piragua. Decidimos caminar por la bahía de las ostras, y nos damos cuenta que el nombre tiene mucho sentido. La playa está llena de conchas de ostras, todas abiertas por supuesto. Pero con tanto ver ostras nos entran ganas de comerlas, y decidimos ir al criadero cercano. Allí compramos una docena de ostras y una ración de mejillones al vapor. Las ostras estaban deliciosas, mucho mejor que las que comimos hace un par de días, y casi como las ostras que comí en el Japón hace un par de años. Y los mejillones, casi casi son como las clotxinas que solía coger en Gandía con los tíos, primos y hermanos. ¡Eso si que eran mejillones! No habrá nada que supere a los mejillones de Gandía, sobre todo porque se han grabado en mi memoria y su sabor ha ido mejorando en mis recuerdos con los años, como un buen vino. Pero estos que he comido hoy se acercan bastante.

Después del banquete fuimos a pasear a la playa de las nueve millas. A mí me parece que es más larga de lo que dice el nombre, pero como fuimos en coche, sin problemas. Al final de la playa paramos a dar un paseo. Este lugar, tan cercano del criadero de ostras (uno o dos kilómetros en línea recta) pero tan remoto a la vez (para llegar por tierra hay que recorrer unos treinta kilómetros), es un trozo de paz, calma y tranquilidad. Aquí estamos, Mineko y yo y casi nadie más, rodeados de playa, arena y agua, y animales. Por lo pronto, la playa está a rebosar de cangrejos pequeñitos y esquivos. Se ven en la distancia, pero en cuanto te acercas los cangrejos se esconden en la arena. Los pájaros parece que ni se molestan en tratar de cazarlos, pues las gaviotas pasan de largo. En este lugar pasamos varias horas, perdí la cuenta, viendo el espectáculo formado por los cangrejos, el mar que lentamente se reduce por la marea, los bancos de arena que poco a poco aparecen, creando puentes de tierra que podemos atravesar sin mojarnos más que hasta la rodilla, las nubes formando dibujos y formas que animan a buscar interpretación... y el tiempo, que pasa pero que no se nota pasar. Esto son las vacaciones.

De vuelta a Bicheno, y tras cenar bocadillos de salmón de Tasmania ahumado (lo que se supone que sería la comida hasta que decidimos ir al criadero de ostras), vamos otra vez a ver a los pingüinos. Esta vez el tiempo es mejor y se ven más pingüinos, pero desgraciadamente varios de los que observan usan linternas potentes que asustan a los pobres pingüinos. Mineko se anima a avisar a un grupo cercano, pero ellos, impertinentes, dicen que son lugareños y "saben" que no molestan a los pingüinos. Nosotros vemos que, cuando se les alumbra con la luz, los pingüinos corren despavoridos en todas direcciones, sin ver bien, deslumbrados por la luz. Al final, no sé quién tiene más estrés, si los pingüinos o si nosotros por ver lo que está pasando.

Pienso que en este pueblo falta más información para los turistas y los lugareños. La verdad es que no vi ninguna señal diciendo que se evite enfocar a los pingüinos con la linterna, aunque en otros lugares, como en Nueva Zelanda o en otras partes de Tasmania, la gente está más concienciada por el bienestar de estos pobres animalitos que, por desgracia para ellos, comparten vivienda con los humanos.

2 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Hola Diego:
ummmmmm ostras y mejillones, eso es un banquete y lo demás tonterías.
Que bonita la playa, que tranquila y grande, según te leía casi sentía la tranquilidad, el rumor de las olas...
Son curiosos esos cangrejos, tan diferentes a los de aquí. Y no tienen pinzas ¿No? o tal vez es la perspectiva desde la que has fotografiado a este.
Pobres pingüinos, lo que tienen que sufrir... Tu hermana ya estaría montandoles una buena a los de las linternas, seguro, jejeje. Y razón no le faltaría.
En fin, se acabó lo que has publicado, así que tendré que esperar a la siguiente dosis.
Besitos, Feliz año y no tardesssssss

Diego dijo...

Hola Esther, A ver si publico algo más mañana, que ahora se me ha hecho tarde. Los cangrejos sí que eran curiosos, sí. Como una mezcla entre araña y cangrejo.