viernes, diciembre 29, 2006

En barco rumbo al continente


Con prisas y corriendo, como de costumbre con nosotros, salimos hacia el barco, que está a punto de zarpar. Somos casi los últimos en abordar, pero lo conseguimos. El barco zarpa con nosotros dentro, rumbo al continente.

El barco en sí es bastante aburrido. Ni comparación con la emoción que tuve la primera vez que fui en barco de Valencia a Mallorca, cuando apenas tenía diez años. Aquel barco era enorme, con varios pisos de camarotes, y amplios espacios abiertos. El barco en el que fuimos Mineko y yo esta vez, el "Espíritu de Tasmania", me parece que es más pequeño (¿o es que cuando yo era pequeño todo parece más grande?), y de espacios abiertos, casi nada. Eso sí, dentro hay una tienda, una zona con máquinas de premio, otra con máquinas recreativas, una oficina de turismo, restaurante y varios bares. Pero no sé, no sé, el barco de Mallorca parecía más interesante...

El trayecto transcurrió sin incidentes. A pesar de atravesar uno de los estrechos más peligrosos de los siete mares, el barco apenas se mecía con las olas. Lo único de destacar es que, a mitad de camino, nos cruzamos con el barco que hacía el otro trayecto, y que, un poco más tarde, entramos en zona de cobertura del teléfono móbil y pudimos reservar alojamiento para esta noche.

El barco llegó con una hora de adelanto, con lo que aprovechamos para pasar noche un poco más lejos que en el plan original. Acabamos en el pueblecito de Nagambie, más que nada porque teníamos la dirección de un motel más o menos barato. El pueblo en sí resultó ser una monada, en medio de una zona vitícola y a las orillas de un lago. ¡El encargado del motel incluso nos cuenta que se puede encontrar oro por estos lugares! Igual intentamos buscar oro para que nos cubra los gastos del alojamiento.

Cenamos en el club del pueblo. El club era una delicia. La comida era de mejor calidad de lo que se suele comer en un club australiano, y las mesas estaban al lado del lago. Mientras cenamos el cielo tornó de rojo a índigo, y finalmente la negra noche llegó, iluminada por la luna.

4 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Me acabas de recordar un viaje que hicimos juntos a Mallorca, no sé si fue precisamente del que hablas o ya era tu segundo viaje en barco. Para mí creo que si fue el primero. Al parecer tenías que acabar el curso en Gandia, o algo así, creo que fue por Navidad. La cosa es que tu padre quedó con el mío en que vinieras con nosotros, y allá que fuimos los cuatro. Teníamos camarote y todo ¿te acuerdas? Yo me acuerdo de las literas, pero lo cierto es que debí dormir muy bien porque no me acuerdo de nada más del camarote, salvo que era muy pequeño y blanco. Se que te revolucionaste un poco, tal vez por la emoción y mi padre o mi madre te llamaron la atención, y nos reíamos. Que recuerdos...
Suena bien ese pueblito del que hablas, a ver si hay fotos en tu siguiente entrada, voy a seguir leyendo.
Besitos

Diego dijo...

Hola Esther, también viniste tú en el barco a Mallorca? Pues no me acordaba de eso, ni de mis travesuras... no sería otro? je, je

Esther Hhhh dijo...

no no, eras tu... Y las travesuras, supongo que eran más bien fruto de tu excitación, no recuerdo mucho, pero básicamente creo que ibas corriendo de un lado a otro explorando. Eso para un niño y en un barco puede ser peligroso, pero probablemente ni tu ni yo nos percatábamos.
Besosss

Diego dijo...

Qué peligro puede haber en un barco que no haya en otros lugares? Y lo bien que me lo pasé explorando el barco, no me lo quita nadie.