martes, diciembre 19, 2006

A través del estrecho




Ayer no pude escribir en el diario, con lo que hoy toca escribir por dos días.

Ayer por la mañana amaneció con niebla, una niebla especial. El humo de los incendios cubría todo el lugar, y el aire olía a quemado. La mujer al cargo del motel nos contó que eso está ocurriendo muy a menudo estos días, y teme que estas navidades no hayan muchos turistas por esa razón.

Salimos camino a Melbourne, a través de un paisaje fogoso. Tenemos que estar en Melbourne a las 6, y hay más de trescientos kilómetros por delante. Decidimos tomar el camino más largo, bordeando la costa, en parte para evitar los humos de los incendios. Descubrimos que la carretera es sorprendentemente buena, con unas rectas largas, interminables, y sin tráfico. La carretera es otra vez para nosotros. Es una zona solitaria, apenas sin casas, a través de un paraje rural.

Paramos a comer en lo que pensamos que era un puerto pesquero cuando miramos el mapa, pero realmente era un muelle abandonado en medio de una bahía casi despoblada. Un lugar precioso, lástima que no tuviéramos tiempo para disfrutarlo más. Por suerte teníamos algo de comer (las sobras que aún nos quedaban de Sidney), y disfrutamos del lugar, comentando que un sitio como éste, si estuviera más cerca de Sidney o Melbourne, estaría lleno de barcos de recreo y motos acuáticas. Mejor así. Solamente es una lástima que el muelle lo hayan cerrado por falta de mantenimiento, y es posible que al final lo tengan que derribar.

De vuelta al coche, cada vez más cerca de Melbourne. Rápidamente el tráfico aumenta, hasta llegar a la zona metropolitana a las cinco y media, hora punta de un lunes. Tenemos que llegar antes de las siete, una hora y media a través de un tráfico que puede ser densísimo si tomamos la calle errónea, en una ciudad que no conocemos.

Descubrimos que conducir por los suburbios de Melbourne es más fácil que en Sidney. La estructura de Sidney es caótica, pero aquí en Melbourne es muy clara, las calles se entrecruzan regularmente como en Barcelona, y no hay pérdida. Llegamos a las 7 menos cuarto, un poco justos pero con tiempo. ¡Qué descanso!

El barco tiene unas 10 plantas, con camarotes, restaurante, etc. Nosotros vamos a lo barato pero no a lo más barato. En vez de camarote dormiremos en un sillón, pero el sillon es "business class". Descubrimos que la diferencia no es tan marcada como en el "business class" de los aviones (no sirven cena, para empezar) pero bueno, el lugar está menos lleno que en los sillones "turista" y, mientras que los "turistas" no tienen acceso a ninguna ventana, nosotros estamos en la popa, con amplias vistas al mar.

Y por supuesto todo el mundo puede usar el restaurante, sala de juegos, y demás. Descubrimos que el restaurante está lleno y tenemos que esperar hasta las 9 y cuarto, que ya es tarde para las horas normales de cenar en estos lares. Accedimos a pedir reserva, y bien que hicimos. La cena fue fenomenal, y no demasiado cara teniendo en cuenta que estamos en un barco con un único restaurante.

Pero los sillones de dormir no son realmente cómodos, yo diría que menos cómodos que un asiento de avión (que ya es decir), y apenas dormimos. Encima, uno de los viajeros tuvo un mareo y oíamosle vomitar no demasiado lejos de nosotros... ¡puaj!

Vamos, que la aventura del barco no fue verdaderamente agradable. Y teniendo en cuenta lo caro que es, nos lo pensaremos más de dos veces antes de repetir. Por lo menos, la vuelta será durante el día y no tenemos que dormir.

Llegamos a Tasmania soñolientos y con hambre. Empezamos a conducir, apenas sin dirección otra que ir camino a la costa este, nuestro destino en este viaje. Encontramos una atracción, un jardín laberinto que sirve comidas, y ¡por fin! desayunamos. Luego seguimos hacia el este. En el camino encontramos una criatura especial, ¡un equidna! Este animal se parece a un erizo con pico, y descubrimos que es muuuy lento y torpe. Parece ser que los equidnas no pueden correr, y tenemos tiempo de sobra para acercarnos y tomar fotos. En una ocasión el equidna pretende esconderse entre los arbustos, pero aun así se puede ver claramente. Un animal monísimo, qué encuentro más divertido.

Llegamos a Georgetown, donde no pudimos resistir tomar una siesta y recuperar algo del sueño. Total, que se nos hace la una y media y aun sin comer.

Georgetown es un pueblo histórico. Es el tercer pueblo más antiguo de Australia, y hay una casa histórica con restaurante. Entramos en el restaurante y la camarera se nos acerca vistiendo un traje del siglo pasado, toda sonriente y habladora. ¡Ah, sí, la hospitalidad de Tasmania! ¡Qué recuerdos tan buenos que tenemos de la otra vez que vinimos aquí!

Dormidos y comidos, ya podemos empezar a disfrutar de la isla. Paramos en Bridport, un pueblecito en la costa norte, que se supone que estará lleno de turistas la semana que viene, cuando llega la temporada ala, pero esta semana sigue siendo un pueblo dormido y tranquilo. Acabamos en el albergue juvenil, donde cuando llegamos había un cartel que decía "he salido a dar un paseo a las tiendas. Escoja su habitación mientras tanto". Eso hicimos, el lugar estaba casi vacío, solamente una habitación estaba ocupada. Cuando llega el encargado descubrimos que la habitación cuesta 50 dólares. No tan barato como en Lakes Entrance, teniendo en cuenta que esto es un albergue juvenil y no sirven desayuno, pero la verdad es que no será fácil encontrar algo que bata ese precio en cuestión de habitaciones dobles...

2 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Grrrr Odio los incendios...
Estaba todo el rato preguntándome "¿y por qué tanta prisa por llegar antes de las siete?" hasta que he caído en el barco, no me acordaba que teníais que pillar el barco.
Lástima lo del tio vomitón, que por cierto, ya podría haberse ido al baño o algo, ya le vale.
Me encanta el bichito este que parece un erizo, que mono...
Ains voy a seguir que quiero ver más cosas de Tasmania

Diego dijo...

Hola Esther, Los incendios aquí no son tan malos como en España, que la vegetación se recupera enseguida. Pero a las casas les cuesta más...